Ocio y Cultura
'Caffè Vaticano' y sus palos en la factura. EP

Candidatos firmes a hacerse con la secretaría general de 'Caraduras sin Fronteras' (Indonesia cierra la isla de Komodo porque los turistas están robando sus dragones).

Hablamos de un numeroso sector de los hosteleros italianos (Tailandia castigará con pena de muerte a los turistas que hagan selfies en esta paradisíaca playa).

No es la primera vez que ocurre: un ticket de un restaurante muestra un precio desorbitado y se viraliza en menos de 24 horas. En esta ocasión ha sucedido en el Caffè Vaticano, situado junto a la ciudad del Vaticano.

Dos turistas han pagado dos hamburguesas y tres cafés (dos capuchinos y un americano doble) a 81 euros.

La pareja afectada, enfadada y horrorizada ante semejante factura, no dudó en publicar la imagen en Facebook el pasado 9 de mayo para denunciar estos precios abusivos.

Dos platos principales por 50 euros y tres cafés por 16 euros, a lo que se sumó el servicio en la mesa, por el que les pidieronotros 8 euros. La indignación no tardó en extenderse a través de las redes sociales.

La imagen se ha viralizado y ha provocado un aluvión de críticas negativas en algunas webs especializadas en turismo. Numerosos usuarios que lo han visto y/o que lo han vivido, también han alzado la voz para señalar una situación que consideran injusta y abusiva por parte del establecimiento.

Esta no es la primera vez que Caffè Vaticano se encuentra en el epicentro de la polémica.

El restaurante ya fue objeto de numerosas críticas en Tripadvisor, sitio online que proporciona reseñas de diversos contenidos relacionados con viajes, debido a los increíbles precios que han establecido para los alimentos más simples.

No hace tanto, el pasado mes de enero, un turista de Taiwán fue obligado a pagar 25 euros por un cono con una bola de helado de un solo gusto. Ante la cara de sorpresa del turista, el camarero del bar justificó el «asalto» señalando que el «helado cuesta caro porque es bueno».

El taiwanés pagó religiosamente pero le advirtió a su guía italiano que había pagado un precio astronómico por un simple helado, el más pequeño de los que vendía el establecimiento.

El guía quiso mirar los precios, pero el bar no los tenía a la vista del público. Recurrió a la policía municipal, que se presentó en el local, descubriendo que el cartel de precios estaba escondido detrás de la barra, aunque es obligatorio tenerlo bien visible para el público. En consecuencia, sancionaron al bar con una multa de 2.000 euros.

La practica de no mostrar claramente la lista de precios está muy extendida en Italia, sobre todo en las ciudades con gran afluencia turística.

No es inusual que el turista sea clavado cuando se sienta tranquilamente en una terraza y pide una consumición, sin haber tenido la precaución de mirar antes la lista de precios.