Pedro Miguel Lamet, autor de “El místico Juan de la Cruz”

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«Roma está a la izquierda de Rouco»

RD, Martes, 4 de agosto 2009

Maestro de la información religiosa, de la saga de los Martín Descalzo, Javierre o Unciti, el jesuita Pedro Miguel Lamet, tras su paso por Vida Nueva y Diario 16, tuvo que colgar los trastos periodísticos presionado por Roma en la época del Papa Wojtyla. No se perdió del todo al periodista y se ganó al poeta y al escritor de biografía y de novela histórica. Su última obra, ‘El místico Juan de la Cruz’ (La Esfera) novela la figura del “más sublime poeta español” y, quizás también, nuestro mayor místico. Asegura que a la “cúpula eclesial le falta gracia” y acusa a los obispos de ser “pepitos grillo”, a Rouco de “apostar por el PP” y a Zapatero de caer en un “laicismo militante”.


P.- ¿Lo periodístico olvidado o relegado?

R.- No. Yo siempre he vivido la literatura como una realidad multifacética. Incluso consideraba que, en el periodismo, se podía meter algo de calderilla poética. Nunca he olvidado el periodismo. Tuve algunos problemas con la jerarquía en tiempos de Juan Pablo II en una época difícil para la información religiosa, como tú sabes muy bien. Como consecuencia de ello, me dediqué a escribir artículos de opinión. Luego desapareció Diario 16 y, como cualquier ocasión es buena para reciclarse, me adentré en la novela histórica. Un campo sobre el que suelo decir que la ventaja de escribir sobre los hombres del pasado es que los muertos no se cabrean.

P.- A diferencia de los vivos.

R.- Claro. La novela histórica me ha permitido ser muy crítico en las biografías. Y, en las novelas, recrear cosas que ya se conocen, pero que, desde el punto de vista de la puesta en escena, son mucho más creíbles cuando se recrean al estilo de Galdós y otros.

P.-Entre los poemas de Juan de la Cruz y tu prosa poética, tu última novela histórica rezuma poesía por todas partes

R.- Es un intermedio. Así como “El mudejarillo” de José Jiménez es un poema prácticamente entero, mi libro es una novela que tiene empaque lírico (como no podía ser de otra forma al tratarse de Juan de la Cruz), pero, al mismo tiempo, tiene mucho dato. La persona que quiera conocer la biografía de Juan de la Cruz con rigor histórico, a pesar de ser una novela, la puede encontrar en ella.

P.- ¿Quién era el hombre Juan de la Cruz?

R.- Pues medio fraile, como le decía Santa Teresa. Pequeño, sencillo, muy inteligente y muy profundo, con una prodigiosa memoria y muy brillante. Además, después de ese crecimiento interior que va teniendo a través de su vida mística, tenía un magnetismo especial. Pero no por su belleza física, sin por su aura, por la fuerza magnética de su personalidad y su espiritualidad.

P.- ¿Era un gran predicador, se expresaba bien?

R.- Sí, hablaba bien y, además, se sabía la Biblia de memoria. Estudió mucho y bien en Salamanca, profundizó muchísimo en la teología. Aunque no le gustaba el ambiente de Salamanca, donde prácticamente todo el mundo quería llegar a obispo o al menos a canónigo o irse a América a medrar en el universo clerical. A él, todo esto le repugnaba, de tal forma que, en aquel momento, casi llegó a optar por hacerse cartujo. Pero decidió seguir siendo carmelita, porque Teresa lo embaucó para su reforma, la reforma de los descalzos.

P.- ¿Qué relación hay entre estos dos grandes personajes?

R.- Hay una relación muy estrecha. Teresa lo adoraba. Decía que realmente era un santo y se lo escribía así a sus monjas, lo recomendaba ardientemente y le consiguió puestos de importancia. Pero, al mismo tiempo, lo que la gente no sabe es que había entre ellos una cierta distancia provocada por la aparición de un personaje muy brillante, pero un poco siniestro: Jerónimo Gracián. Se trata de un carmelita con muchas cualidades que obnubiló a Teresa. De tal forma que muchos biógrafos dicen que se enamoró platónicamente de él. Eso produce un cierto distanciamiento entre ambos y él se queja un poco de que Teresa no vaya a fundar a Andalucía donde él estaba. Y, de hecho, al final Juan se queda absolutamente sólo.

P.- ¿Quién de los dos alcanzó mayor altura mística?

R.- Los dos son enormemente místicos. Lo que pasa es que Teresa es una mística de andar por casa. Lo cuenta todo. Es una mujer abierta, con muchas dotes de mando. Una mezcla de mística y de líder. En cambio, Juan es un místico hacia adentro. No cuenta sus cosas. Lo que hace es escribir poesía y unos tratados místicos de una profundidad y de una palabra enriquecedora y maravillosa. Hay que buscarle para encontrarle. Esa, creo yo, es la gran diferencia que hay entre los dos.

P.- ¿Se le conocen éxtasis como a Santa Teresa?

R.- Sí. Pero él no le da importancia. Por ejemplo, en Segovia, cuando tenía algún arrobo místico lo iban a llamar y no se despertaba. Celebrando misa se quedaba absorto y alguien tenía que terminarla por él. Pero le quitaba importancia y siempre decía: con la fe basta. Sus libros no se publicaron hasta muy tarde, porque hablaban de una relación casi erótica con Dios. Porque llegaba a decir en ellos que Dios y él tienen la misma sustancia.

P.- ¿Nadie describe mejor esa unión mística?

R.- Yo creo que desde el punto de vista literario, no. Hay grandes místicos en la historia de España. San Ignacio, por ejemplo. Pero él era un vasco de pocas palabras y lo decía todo sintéticamente. En cambio, San Juan de la Cruz es un gran literato. Incluso los laicos o agnósticos le veneran como el mayor poeta de la lengua castellana.

P.- Y hasta los budistas

R.- En el epilogo de mi libro abarco todos estos temas. Por ejemplo, la fascinación que tienen los monjes zen y los tratadistas del yoga por san Juan de la cruz. Porque resulta que hay conceptos que se parecen mucho, como la Nada de san Juan y el Vacío que busca ese tipo de meditadores. Y es que al fin y al cabo, quien estudia la mística en profundidad, se da cuenta de que todas las religiones coinciden en ese fondo.

P.- También has encontrado relación con los sufíes y con los judíos.

R.- Sí, eso no se suele contar, pero es que hay que tener en cuenta que entonces en Toledo convivían las tres religiones. Y místicos de las tres religiones coinciden a veces en la visión del Amor Divino y del Amor Humano como un mismo Amor. Cuando san Juan de la cruz estaba muriendo y le estaban haciendo la recomendación del alma, dijo: “No, por favor. Leedme El Cantar de los Cantares”. Un libro bíblico que es de una sensualidad fortísima, llena de luz y de trascendencia.

P.- De todos sus poemas, ¿cuál es el que más te llega?

R.- Me llegan todos, pero me quedaría con el Cántico Espiritual.

P.- ¿Qué hay de su enfrentamiento con Doria?

R.- Se trata de un personaje un tanto siniestro. Para su estudio me he asesorado y he acudido a historiadores, como Teófanes Egido. Algunos lo alaban, pero otros (yo creo que los más rigurosos y sensatos), dicen que era un personaje duro, conservador… que tiranizo a Juan de la cruz, que le torturaba y que le calumniaba.

La Iglesia española

P.- ¿Le falta mística a la Iglesia actual?

R.- Rahner decía que si el siglo XX ha sido el siglo del hombre, el siglo XXI sera el siglo de Dios y de la mística. Yo creo que la resurrección de la mística se esta dando en la gente. Hay búsqueda de caminos de oración y meditación. La jerarquía, sin embargo, esta encorsetada, condenando demasiado. No tanto el Papa como la jerarquía española. El Papa en su última encíclica ha estado muy positivo, y yo creo que tiene una vena mística importante. Pero la jerarquía española –y esto me duele- da poca mística, alimenta poco espiritualmente a la gente. No la mima, no la hace crecer, no le alegra la vida. Y esa es una de las dimensiones claras del evangelio.

P.- Siempre defendiste mucho al papa Ratzinger, desde su nombramiento. Sin embargo, a algunos nos ha defraudado un poco. Esperábamos que al menos hiciese las soñadas reformas de la Curia. Pero de reformas, nada. ¿Por qué va a pasar a la historia este Papa?

R.- A mi no me ha defraudado, porque no esperaba mas de lo que está dando. Solo esperaba respirar un poco después de Juan Pablo II desde el punto de vista informativo, de censura. Al mismo Jon Sobrino le hubieran machacado en el pontificado de Juan Pablo II, pero Benedicto no llegó a hacer una condena formal. Creo que la situación general se ha abierto un poco desde el punto de vista de la opinión. Me parece un dato muy significativo que cuando escribió su libro sobre Jesús dijese que no era doctrina pontificia. Juan pablo II hacía lo contrario con cada cosa que decía. Hasta llegó a asegurar que Polonia había sido elegida por Dios para cristianizar Europa.

P.- ¿O sea que el Papa Ratzinger ha centrado un poco el péndulo eclesial?

R.- Yo creo que sí. Evidentemente, es un conservador. Incluso esta encíclica es muy abierta y tolerante, pero es deductiva. Va de los principios a los hechos. Le falta un poco esta dimensión de un hombre abierto y progresista como Martín. Aún así, creo que cambió el chip de aquel Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y se hizo un hombre bastante más cercano y un Papa de todos. Luego, en los nombramientos también ha cambiado poco la situación y se están nombrando menos gente de movimientos y del Opus en Roma, por ejemplo.

P.- ¿La Compañía ha recuperado con el Papa Ratzinger el sitio que siempre tuvo, excepto en el período del Papa Wojtyla, donde se vio un poco relegada?

R.- Sí por algunos cargos que ha dado. Pero tampoco como en tiempos de Pío XII, por ejemplo. Sino de una forma discreta. Como unos más dentro de la Iglesia. Esto es lo que yo creo que se había perdido por completo en tiempos de Juan Pablo II.

P.- ¿Dolido con el Papa al que muchos llaman Magno?

R.- A Juan Pablo II no le puedo perdonar lo que hizo con el Padre Arrupe. Esa fue una de las cosas por las que sentí la necesidad de escribir otra biografía de Juan Pablo II. UN Papa al que venero como hombre de Dios, como hombre santo y entregado. Posiblemente se merezca la canonización. Pero, una cosa es eso y otra, la política eclesial y pastoral.

P.- ¿Martini hubiese cambiado el rostro de la Iglesia?

R.- Yo creo que sí. Y no por el hecho de que sea jesuita, sino porque es Martín, un hombre iluminado, profundo conocedor de la Biblia, muy abierto, muy humano. De todas formas, él fue con bastón al cónclave, como una manera de decir ‘que no me elijan’.

El cardenal Rouco Varela

P.- ¿La Iglesia española está enrocada?

R.- Creo que está enroucada (risas). La Iglesia española ha hecho una propuesta unilateral y excesiva en la línea del PP. Y esto le hace daño. No se puede optar, como hizo la COPE, por una postura concreta, con la consiguiente marginación de los cristianos progresistas o de izquierdas, por ejemplo. Eso atenta contra el pluralismo eclesial. Los partidos de la derecha fomentan la familia y los de la izquierda, la doctrina social. Además, a la cúpula eclesial de la Conferencia episcopal le falta gracia, le falta alegría, le falta sensación de estar evangelizando. Parecen pepitos grillos que están continuamente dándole palos a la gente. Y claro, la gente joven eso no lo acepta y se siente lejos. Por eso, los que estamos un poco en la frontera tenemos que hacer un esfuerzo para decir que no, que la Iglesia es algo más, que hay aspectos positivos, que la Iglesia también bendice el amor, que ama el cuerpo, que ama la lucha por los derechos humanos y por las cuestiones sociales.

P.- Dejar de ser únicamente la Iglesia del no.

R.- Esa es la imagen que se da. A lo mejor, no es justo generalizar tanto. Además, no se puede meter a todos los obispos en el mismo saco. Porque los hay excelentes. Don Ricardo, por ejemplo, es un gran obispo. Y lo que hicieron los prelados vascos de recuperar la memoria histórica de los mártires o, al menos, de los sacerdotes que murieron por su entrega a Dios es un aspecto positivo.

P.- ¿Hay dos sensibilidades claramente definidas en nuestro episcopado?

R.- Creo que hay una sensibilidad dominante.

P.- ¿Por qué? ¿Por miedo...?

R.- Una parte es miedo y otra, pasotismo. Roma está a la izquierda de Rouco. La elección a la presidencia de la conferencia episcopal cayo por pocos votos en Rouco, y eso es reflejo del ambiente que hay. Pero yo creo que hay que juzgar también a la Iglesia por las diócesis concretas. Hay obispos muy humanos y párrocos totalmente entregados, que siguen dando una buena imagen eclesial.

La imagen pública de la Iglesia

P.- ¿Por qué no llega esa imagen positiva de la Iglesia de base o de Caritas, por ejemplo?

R.- Porque no saben venderla.

P.- ¿Siguen sin saber venderla después de tantos años?

R.- Exacto, no han aprendido nada. El problema es que un obispo ante un micrófono y una cámara se siente fatal. Y por eso no salen, y se quedan en sus palacios episcopales. Yo les decía que aprendieran de los políticos, que, cuando los manipulan, salen de nuevo para replicar. Ellos no, se quedan acoquinados. Los obispos tienen que tener muy claro que para acercarse al mundo de hoy, hay que pasar por los medios. Los medios no son el mundo de la verdad, pero son necesarios para el hombre publico que quiere proclamar una noticia.

P.- ¿Y no será también que nadie pide cuentas a los obispos, que no se evalúan, que no hay nadie que se atreva a decirle a Rouco que la Iglesia española no puede estar totalmente afónica?

R.- Los obispos dicen que los medios de comunicación son malos, laicos, manipuladores y que hacen daño a la Iglesia. Y no se dan cuenta de que si no contestan brevemente, su discurso se convierte en un rollo. O que no se puede utilizar un lenguaje fuera de contexto.

P.- Y no digamos el miedo al titular.

R.- Por cierto, no pongas de titular ‘la Iglesia española está enroucada’ (risas)

P.- Pues es un excelente titular...

R.- Ya..(risas)

P.- ¿Añoras la época de Tarancón, que vivimos los dos informativamente a fondo?

R.- Sí, y no solamente a Tarancón, sino a la mayoría de obispos de la época de Pablo VI. El Papa Montini creó una serie de obispos inteligentes, bien preparados y que tenían una actitud de diálogo ante el mundo. Esa actitud de dialogo ante el mundo se ha perdido. Juan Pablo II, que parecía moderno, no lo era teológicamente. Buscaba obispos piadosos pero conservadores.

P.- Y grises

R.- Grises y poco preparados intelectualmente.

P.- ¿Ya no hay entre los obispos personalidades como Tarancón o González Martín?

R.- Y otros muchos, como Osés, Montero o Dorado, que eran personas preparadas.

La Iglesia y Zapatero

P.- ¿A Zapatero no le mola la Iglesia o la jerarquía de la Iglesia?

R.- A Zapatero, probablemente por educación, le falta la sensibilidad ante el tema Iglesia. Y se ha equivocado. Porque, en España, el tema religioso todavía está muy enraizado. Sobre todo, culturalmente: romerías, procesiones...Zapatero apostó por una postura radical, por ejemplo en el tema del aborto, pensando que iba a conectar con un sector amplio de votantes. Pero ha fracasado. Ya lo dije antes de las elecciones y no me he equivocado. En eso, Felipe González, que rea tan socialista o más que ZP, tenía la sensibilidad sevillana y, aunque fuera agnóstico, sabía que la religión es un elemento a tener en cuenta.

P.- Está claro que en el tema del aborto Zapatero está fracasando, pero aún así sigue adelante con la nueva ley.

R.- Sí, creo que sí. Porque, además, no creo que el PSOE tenga que tener una actitud de doblegarse ante la Iglesia, sino que, como cualquier otro legislador, debe legislar para todos, católicos o no. Pero sí se le nota (y eso no es inteligente por su parte) un cierto laicismo militante. Por ejemplo, ahora se va a aprobar una nueva Ley de libertad Religiosa, que se mete en el tema de la conciencia, lo cual sería un fallo notable.

P.- Nunca hubo química entre Zapatero y Rouco, al que incluso Moncloa quiso puentear, en un momento dado, con Cañizares.

R.- Pero yo creo que tampoco existe una verdadera química entre el PP y la Iglesia católica. El PP ha ido a lo suyo. Hay unos intereses que se han barajado como comunes, pero que no hacen ningún bien a la Iglesia.

P.- ¿Crees que Rouco apostó por Esperanza Aguirre y, de ahí, los palos continuos desde la COPE a Rajoy y eso llevó a Rajoy a distanciarse de Rouco y de la Iglesia?

R.- Creo que Rouco apostó claramente por el PP y el alineamiento político de la Iglesia, sobre todo en la COPE, no le ha hecho bien a la Iglesia ni a su pastoral. Y no estoy diciendo que se alinee con la izquierda, por favor, sino que sea una Iglesia de todos y que la COPE sea una radio de todos. Yo trabajé en la COPE y, entonces, entraban en nuestros programas, de forma especial, los temas sociales, los pobres, los marginados. Y eso, ahora, se ve menos.

P.- ¿En qué andas metido?

R.- Estoy en otra novela histórica, pero ya sabes que eso es un secreto profesional. Dicen que hablar del tema da mala suerte. No es que dé mala suertem es que te lo copian.