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Justo Serna y la crítica

Pío Moa, Jueves, 10 de noviembre 2005

Don Justo Serna ("Francisco y Pío Moa") ha criticado mi libro sobre Franco, afortunadamente después de haberlo leído, no como otros. “Hombre, me dije, menos mal, a ver si alguno de estos señores autodeclarados progresistas lee lo que condena y acepta de una vez un debate serio y honesto”. Pero… la decepción, una vez más. El señor Serna me acusa de “parasitar” a Preston. Nunca he oído que demostrar concretamente el falseamiento de la verdad por un autor, en este caso por Preston, sea parasitarlo. Quizá para no “parasitarme” a mí, el señor Serna elude precisar, y me dedica una declamación nebulosa y algo pedante. El lector sólo sacará en claro que mi libro no le ha gustado, sin que quede muy claro por qué. El señor Serna, me parece, no sabe hacer una crítica historiográfica, fallo muy extendido y lamentable, pues dificulta la discusión o la lleva hacia la pura irracionalidad. Así me hace acusaciones por el estilo de la anterior, generales y gratuitas, a veces cómicas, como la de haber escrito un ensayo en vez de una biografía, o la de faltar a “las reglas del ensayo”.

Él se presenta como “un historiador académico, uno de tantos, uno de esos tan denostados por el escritor. De hecho, no una, sino varias y distintas veces habla de la actitud cerril, mendaz, de la historiografía española, refiriéndose a investigadores muy distintos, refiriéndose así, en plural, a colegas que querrían silenciar a Moa, refiriéndose, en fin, con una generalización inaceptable”. Yerra el señor Serna. Yo nunca denosté a los historiadores académicos, sino a aquellos que, usurpando la representación del gremio, me han atacado de modo inadmisible, pidiendo la censura para mis libros o tratando de silenciarlos de otros modos. Esos “académicos” son una minoría, aunque muy chillona y poderosa en la universidad y en los medios de masas. Y cuando yo los he acusado de mendaces me he molestado en demostrarlo, mientras que ellos me lanzan sus denuestos sin aducir prueba alguna..

Por sintetizar:

a) La historiografía prevaleciente en estos años ha pretendido que la democracia fue defendida, en la guerra, por una coalición de stalinistas, marxistas revolucionarios, anarquistas, racistas, y golpistas catalanes y republicanos, todos ellos bajo el protectorado de Stalin, otro gran demócrata. Sólo esa pretensión revela hasta qué punto se trata de una historiografía grotesca.

b) Esos mismos historiadores nos han presentado a Franco como un personajillo insignificante, cruel y básicamente estúpido, pese a que a lo largo de casi cuarenta años venció a todos sus enemigos, que no fueron pocos ni insignificantes. Al parecer, todo le salía bien, sin mérito alguno suyo. Sólo esa imagen, hoy tan generalizada, delata una historiografía de chiste, inadmisible en un país algo serio.

Y como no quiero seguir el ejemplo divagatorio del señor Serna, le aclararé las tesis del libro, que no parece haber entendido bien. Muy en resumen, son éstas:

1.- Franco no venció a la democracia, sino a la revolución. El proceso revolucionario había liquidado la democracia en España desde febrero del 36. La guerra no destruyó la democracia, sino que la destrucción de la democracia por la izquierda causó la guerra.

2.- Franco evitó la entrada de España en la guerra mundial, salvando al país de una devastación mucho mayor que la guerra civil. A sus enemigos, en cambio, les importaban poco los cientos de miles de muertos consiguientes, con tal de triunfar ellos. Sin embargo, cualquier intervención de España, en uno u otro bando, habría llevado a Inglaterra al borde del colapso.

3.- Aunque el franquismo fue una dictadura, no todas las dictaduras son iguales. Las comunistas, tan admiradas por la oposición a Franco, han dejado países en la ruina y con grandes dificultades para el asentamiento de las libertades. La franquista dejó un país próspero y políticamente moderado, gracias a lo cual la transición fue un proceso bastante fácil y exitoso.

4.- El franquismo nunca tuvo alternativa real. No hubo, o no hubo apenas, oposición democrática, y la que existió era mucho más antidemocrática que aquel régimen, por mucho que usara de modo espurio la consigna de las libertades. Por eso duró tanto la dictadura, muy suavizada ya en los años sesenta.

5.- La democracia actual procede del franquismo por reforma y sin ruptura. Los antifranquistas buscaban la ruptura para hacer tabla rasa de cuarenta años de historia y enlazar con la convulsa II República. Fracasaron, pero ahora se sienten otra vez fuertes, y vuelven a lo mismo, echando abajo la Constitución mediante hechos consumados, y llevando al país a una nueva crisis.

Pruebe el señor Serna a rebatir, de modo concreto y preciso, una sola de esas tesis. Conste que no lo juzgo imposible, porque no me siento poseedor de la verdad absoluta, pero en todo caso pruebe a hacerlo. Así adelantaríamos algo.

Pio Moa