El Ejecutivo espera que la emisora se disculpe con Morales

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La Cope engaña a Evo suplantando a ZP

Periodista Digital, Miércoles, 21 de diciembre 2005

Cuando el humor y las bromas radiofónicas pueden degenerar en conflictos diplomáticos quizás debería considerarse su conveniencia. El grupo Risa, espacio de humor de La Mañana de Cope, se superó este martes cuando un miembro del equipo, haciéndose pasar por José Luis Rodríguez Zapatero, contactó con el presidente electo de Bolivia, Evo Morales y gracias a una imitación digna de premio le hizo creer, sin informarle en ningún momento de que se trataba de una "broma", que hablaba realmente con el presidente del Gobierno de España.

La Cope engaña a Evo suplantando a Zapatero
Evo Morales y el equipo del grupo Risa.
Sin embargo, la broma ha tomado una trascendencia más allá del humor, ya que este miércoles numerosos medios de comunicación daban como noticia que "el recién elegido presidente de Bolivia declaró en rueda de prensa que le había llamado Zapatero par felicitarle por su triunfo electoral y para invitarle a viajar a España «lo más antes posible»". La noticia estaba en la confusión que eso había generado, ya que desde Presidencia del Gobierno español se desmentía contundentemente esta llamada.

Y con razón. ¿Quién mentía? Ninguno de los dos. Morales recibió, de hecho, esa felicitación, y tenía todo su derecho a hacerlo público. Pero Zapatero, en efecto, no había llamado al presidente electo boliviano. Fueron los "graciosos" del Grupo Risa de la Cope, que quizás no sepan que el humor tiene un límite, cuando éste puede hacer que algo falso -y de trascendencia nacional- pueda ser tomado en serio no sólo por dos gobiernos y todos sus ciudadanos, sino por todo el panorama internacional.{ladillo}La COPE se lava las manos{/ladillo}
Haciendo oídos sordos a las críticas, que consideran que el hecho puede tener una grave trascendencia diplomática entre España y Bolivia, desde la Cope insisten en que "es una broma más del Grupo Risa, que hace este tipo de cosas". Insisten, además, en que "es una cuestión más de la inocencia de la persona a la que se llama -el presidente de Bolivia, Evo Morales-, a la que se dan datos con los que puede interpretar que se trata de una broma". No obstante, en ningún momento de la conversación que Evo Morales mantiene con el falso Zapatero de la Cope se le dice que se trata de una "broma".

La emisora de la Conferencia Episcopal no se conforma con sacar pecho por su inestimable sentido del humor, sino que se aprovecha de la información obtenida con estas "malas artes" para denunciar que el Gobierno hubiera podido tomar partido por Evo Morales cuando aún era candidato, tal y como él mismo cuenta al falso Zapatero durante su conversación, que estaba siendo emitida por la Cope.

De esta forma el Partido Popular criticó en el Congreso el "acto de irresponsabilidad que el Gobierno español hubiera tomado partido por un candidato antes de las elecciones".

El secretario de Estado para Asuntos Exteriores y para Iberoamérica, Bernardino León, es con quien Evo Morales dice que habló antes de resultar elegido y quien, supuestamente, le prometió que España doblaría las ayudas a Bolivia si él ganaba. {ladillo}Los dos gobiernos implicados no le ven la gracia{/ladillo}
Desde Moncloa, por el momento, se remiten a las declaraciones de Bernardino León en respuesta a las críticas del Partido Popular y como reacción a la "broma" que implica al presidente del Gobierno: "Es una supuesta broma inaceptable que contiene una suplantación de personalidad del Presidente del Gobierno español y un intento de ridiculizar al presidente electo de un país amigo latinoamericano. Espero que la cadena Cope pida disculpas al presidente electo de Bolivia".

Puestos en contacto con la embajada de Bolivia en España, no dudan en considerar "un exceso" lo hecho por este grupo de humoristas de la Cope, que su juicio "han faltado enormemente al respeto tanto a Evo Morales como a José Luis Rodríguez Zapatero, haciéndose pasar por él".

Sin embargo, y aunque declaran que Bolivia está valorando el tema, por el momento no confirman que se vaya a tomar ningún tipo de medida. Preguntados por la posibilidad de un conflicto diplomático, desde la Embajada no consideran esta opción ya que,  como dicen, "me consta que las relaciones entre ambos gobiernos serán cordiales y amistosas y confiamos en que este suceso pasará como algo anecdótico, aunque se podría pensar en cómo tomar medidas de prevención para que no vuelva a suceder".

Por lo que respecta a los periodistas, hay algunos y muy relevantes, que consideran ese tipo de prácticas algo deleznable.{ladillo}La FAPE lo califica como mala práctica{/ladillo}
La Federación de Asociaciones de Prensa de España ha emitido una nota de prensa en la que afirma que, a pesar de que el espacio del grupo Risa es "un programa humorístico" que "no tiene que ver con el ejercicio del periodismo", "no se ajusta (la broma) a la buena práctica del periodismo, especialmente sí se atribuyen comentarios e intenciones a la persona a la que se usurpa su personalidad".

La FAPE, presidida por Fernado González Urbaneja, recuerda además que "las personas afectadas que consideren lesionados sus derechos por estas prácticas, siempre tienen abierto el recurso a los tribunales de justicia".
{ladillo}Pérez Reverte lo tiene muy claro{/ladillo}
Arturo Pérez Reverte
, quien durante treinta años fue uno de los reporteros españoles más notables y que en la actualidad, además de ser miembro de la Academia de la Lengua es novelista de éxito, ha escrito que nunca le gustó hacer el payaso, ni que los payasos ganen un jornal a su costa y que quizá por ello le irrita cierta clase de periodismo basura,  que se hace a base de reporteros provocadores que se plantan en actos oficiales o en situaciones más o menos serias y, bajo pretexto de una divertida y sana informalidad, impertinencia tras impertinencia, procuran dar un tono grotesco a la información.

Lo que sigue es un extracto del artículo titulado "Canutazos impertinentes", que publicó hace seis meses en El Semanal:

Eso, que en el mundo rosa tiene un pasar –quien vive de dar espectáculo, con su pan se lo coma–, se extiende también, sin escrúpulos, a asuntos más serios como la cultura, o la política. Rara es la tele que no dispone de un programa donde sus reporteros ponen la alcachofa, no para solicitar información, sino para el intercambio de supuestas ingeniosidades o tonterías a palo seco, siendo el objetivo real ridiculizar al entrevistado.

 Siempre que me toca estar en público eludo prestarme a ese tipo de canutazos, que rara vez favorecen a nadie, y sólo sirven para que el reportero se apunte haber logrado una chorrada más y que la gente pueda reírse a gusto. Ni siquiera en la etapa pionera de esa clase de programas, cuando Wyoming y su brillante equipo realizaban Caiga quien caiga con humor y extrema inteligencia, fulanos simpáticos como Pablo Carbonell o Sergio Pazos consiguieron arrancarme más que un saludo cortés. A veces, ni eso.

Comparados con algunos de sus epígonos en los tiempos que corren, aquellos caraduras eran exquisitos. Algunos hasta se cortaban un poco ante la gente respetable. Ahora, quienes practican el género entran a saco sin el menor escrúpulo; y lo que es peor, sin hacer distinciones entre lo respetable y lo otro.

Por supuesto, la culpa no es suya –a fin de cuentas hacen un trabajo con el que se ganan la vida–, sino de las cadenas que se lucran con esa clase de esperpentos, del público bajuno que los disfruta, y sobre todo de quienes se prestan indignamente, con tal de aparecer treinta segundos en la tele, a las más peregrinas idioteces.

 A uno se le cae el alma a los pies cuando ve a gente en principio respetable, políticos de fuste o personalidades de las ciencias, las artes o las letras, dar cuartel en ese tipo de emboscadas groseras, deteniéndose en mitad de un acto oficial a responder, con una sonrisilla forzada y buscando desesperadamente una palabra o frase ingeniosa, a las incongruencias que plantea un entrevistador irreverente que mira a la cámara de soslayo mientras guiña un ojo al teleespectador, como diciendo: a ver por dónde nos sale ahora este gilipollas.

Sobre todo tratándose de políticos, la cosa no tiene remedio. Ahí son todos iguales, sin distinción de sexo o ideología: ven una cámara y se les hace el culito gaseosa.