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¿Es el spanglish una lengua?

La Vanguardia, Lunes, 28 de marzo 2005

Responda, rápido: ¿qué término emplean los cubano-norteamericanos de Miami en lugar de traitor (traidor)? Kennedito.¿Y cómo llaman los mexicanos del este de Los Ángeles al Tío Tom? Burrito.

Como cualquier lexicógrafo puede atestiguar, ninguna de estas palabras -al menos en los sentidos arriba reseñados- figura en el léxico español normativo.

Ni tampoco se encontrarán en el Oxford English Dictionary. Dan fe -en cambio- del rápido incremento de vocabulario del spanglish, ese idioma híbrido y colorista -en parte inglés, en parte español- que puede oírse actualmente en casi todo Estados Unidos.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es el spanglish realmente una lengua? Tal vez constituye únicamente un estadio en el proceso de integración de los hispanos en la cazuela (el melting pot, o crisol étnico y cultural estadounidense).

Al fin y al cabo, una lengua posee sus academias, sus concordancias y otros instrumentos de referencia, como es el caso del español y del inglés. Y una lengua es capaz de expresar emociones y sentimientos complejos y de ser comprendida por una amplia variedad de hablantes.

Ahora bien, ¿es realmente el spanglish una lengua? Al definir el yiddish, el lingüista Max Weinreich dijo en una ocasión –en una célebre afirmación– que la diferencia entre una lengua y un dialecto es que la primera tiene un ejército y una armada.

El yiddish, a este respecto, nunca ha sido una lengua: nunca alentó ni persiguió la composición de un himno nacional, ni ningún presidente ni primer ministro empleó el yiddish en el ejercicio de sus funciones oficiales.

Y, sin embargo, en todo el mundo se leen y aprecian sus obras maestras, desde Tvye el lechero, de Scholem Aleichem, hasta la obra del galardonado con el premio Nobel, Isaac Bashevis Singer. En un momento dado –no excesivamente distante en el tiempo– cuatro quintas partes de la población judía del planeta hablaba yiddish.

El spanglish carece también de fuerzas armadas y dirigentes políticos. Tampoco ha alcanzado el nivel de normatividad que alcanzó el yiddish a finales del siglo XIX. No obstante, probablemente su consideración no hará más que aumentar.

Los lingüistas distinguen un creole (lengua criolla formada por combinación de lenguas) –entendido como combinación de dos o más lenguas dotadas de sintaxis y vocabulario enteramente desarrollados– de un pidgin entendido como una lingua franca formada por la mezcla de dos o más lenguas carente de una sintaxis claramente estructurada.

A lo largo del tiempo, el spanglish se ha conceptuado según esta última noción; sin embargo, se advierten indicios interesantes del crecimiento y desarrollo de normas propias de una lengua más estructurada y articulada.

De hecho, una numerosísima población hispana al norte de Río Grande es trilingüe: habla español e inglés, y asimismo spanglish, sobre todo la generación urbana más joven.

Los hispanos -que superan la cifra de 40 millones según la Oficina del Censo de Estados Unidos- constituyen actualmente la principal minoría del país; su número aumenta en áreas apartadas donde su población antes era escasa y, por supuesto, en los núcleos urbanos del país.

Para sus detractores, el spanglish representa un término medio inadmisible; una trampa, en el fondo. Repárese, en este sentido, en la escasa soltura de muchos hispanos en la lengua inglesa.

Parece evidente que, en este caso, la educación bilingüe no ha cumplido su misión. Sin embargo, esta perspectiva no es totalmente correcta.

En las presentes circunstancias, el aprendizaje y la asimilación del inglés en el seno de la comunidad hispana no es sólo rápido y sólido, sino que es comparable al de otros grupos y comunidades que emigraron a Estados Unidos.

Pero, pese a este fenómeno, lo cierto es que el spanglish no desaparece a medida que aumenta la soltura en el inglés. Al contrario, crece en importancia.

¿Cómo cabe explicar este fenómeno? En primer lugar, es menester recordar que el spanglish no es patrimonio exclusivo de los hispanos: basta detenerse un instante en la tienda habitual de música y curiosear en las secciones de rap y hip-hop para asombrarse del elevado número de conjuntos o grupos no hispanos que lo utilizan.

En el mundo de los personajes populares basta recordar a Arnold Schwarzenegger actuando en cualquiera de su versiones de Terminator, o el anuncio publicitario de la marca Chihuahua, “Yo quiero Taco Bell”. Al propio tiempo, y debido a la gran difusión del cine, la moda y el deporte, el spanglish se halla presente en todo el hemisferio, desde Buenos Aires hasta Medellín.

Como era de esperar, los puristas odian el spanglish. Echan pestes de la jerga loca, como la gente la llama. A decir verdad, a los españoles nunca les ha convencido del todo la forma en que los hispanos trataban su lengua.

Y ahora que los hispanos en Estados Unidos se han convertido en una fuerza política y económica, el problema se ha agravado. ¡Cuántas veces me ha espetado un purista: muy bien, si cualquier léxico español registra el término techo para describir un roof (techo), ¿por qué demonios los hispanos han de emplear el término roofa?

!Los puristas están convencidos de que el spanglish es la consecuencia de la pereza: laziness (pereza). Pero olvidan que la mayoría de los hogares hispanos en Gringolandia no posee un diccionario. Y, en cualquier caso, no son los diccionarios lo que dice a la gente cómo ha de hablar. Más bien es al contrario...

Naturalmente, los puristas expresan un punto de vista correcto sobre una cuestión: no hay un spanglish, sino muchos. Una clase de dominicanish es hablada por dominicano-norteamericanos en el barrio de Washington Heights al norte de Manhattan, y es distinto del pachuco hablado por los mexicanos en El Paso y el cubonics hablado por los cubanos en Union City. Y no cabe olvidar el omnipresente cyber-spanglish, empleado principalmente por los webones o grandes aficionados a internet.

De todas formas, se advierte una tendencia a una cierta normatividad en el seno de esta gran pluralidad de spanglish. Debido a la amplia difusión de la radio, la televisión, los periódicos y en especial internet –nada viaja tan rápidamente en la web como el spanglish– algunas palabras se entienden perfectamente de costa a costa en Estados Unidos y allende nuestras fronteras.

Este fenómeno ha impulsado a empresas y anunciantes a extraer tanto beneficio como sea posible de la amalgama lingüística. No hace mucho, el fabricante de tarjetas de felicitación Hallmark creó una nueva línea de tarjetas: “Feeling sick?, ¿No se encuentra bien?”, reza el texto de una que compré en Boston.

He aquí otros textos: “Watch (Ve) un poco de televisión”, “Drink your (Bebe tu) té con miel y limón”, “Habla on the telephone (por teléfono)”, “Before you know it (y de repente) you’ll be be feeling (te sentirás) ¡excelente!”.

Teniendo en cuenta lo antedicho, ¿es el spanglish una lengua o un dialecto? Un creole (lengua criolla formada por combinación de lenguas) o un pidgin (lingua franca)?

Depende del diccionario que tengan a su disposición y de las personas de que ustedes suelan rodearse. ¿Qué futuro le espera? Es difícil decirlo. Lo que cuenta, no obstante, es el presente. Y en los dominios del presente se halla sólidamente rooteado (arraigado).

I. STAVANS, profesor Lewis-Sebring de cultura latinoamericana e hispana del Amherst College. Autor de ‘Spanglish: The making of a new american language’ (HarperCollins), que incluye su traducción del primer capítulo del ‘Quijote’ en spanglish
Traducción: José María Puig de la Bellacasa