A Gistau lo mandamos desde La Razón a la guerra de Afganistán como intrépido reportero, y el muy capullo se dedicó a enamorarse, escribe José Antonio Vera en el capítulo titulado "Los periodistas". {sumario}Una vez que no escribió, como acostumbraba en los días de mucha pasión, me cabreé un poco y dije que si se trataba de enviarle a follar, D´Angelo pilla más cerca y es mucho más barato{/sumario}Daba igual, porque lo del frente ya te lo contaban los cuatrocientos aguerridos reporteros que se peleaban por entrevistar a un talibán o a un americano, mientras Gistau escribía sobre Teresa [Boo] y lo mal que olían las alcantarillas de Peshawar.
Sí, fue una gran guerra aquella. Me quedé con las ganas de contar las crónicas de Gistau en Irak, pero al hombre le dio un flus en un avión y se tuvo que ir a Punta del Este a recuperarse. Y allí escribió su novela sobre la guerra. En ella descubre uno al mejor Gistau. Al Gistau guarro que se regodeaba en contar "como cada vez que me tiro un pedo en el ascensor, abajo hay alguien esperándolo", o la historia de aquellas operadoras de cámara alemanas y australianas, "enormes, con vozarrones de haber fumado mucho tabaco negro, que parecen tener el coño de velcro", o aquellas conversaciones de los periodistas de la "tribu", los corresponsales de guerra, "que después de la segunda cerveza se comparan las cicatrices y las historias vividas como si fueran pollas, a ver quién la tiene más larga".
En fin, un guarro importante que se enamoró de una de las de la tribu y que escribió en Paquistán los mejores artículos de aquella guerra, criticados por muchos, pero leídos por todos. (Pág. 63){ladillo}Teresa Boo, una periodista con los huevos bien puestos{/ladillo}
"Hablando de huevos, allí descubrimos que hay mujeres que los tienen bien puestos. Y Teresa Boo, corresponsal de La Razón en la guerra de Irak, es una de ellas. Estuvo más tiempo en el frente que ningún otro colega, aunque las medallas se las dieron a los recomendados. O a algún periodista de esos que van el fin de semana para dar ánimos a los que llevan allí ocho meses malviviendo. (Pág. 64){ladillo}Periodistas "domingueros" que van a la guerra a hacerse la foto{/ladillo}
Les llaman "domingueros", y también "japoneses", porque llegan, se hacen la foto con el casco de Kevlar y el chaleco antibalas, y salen pitando de regreso a casa, después de haber hecho shopping en algún tenderete para llevarse de recuerdo algún trapito para la señora pepis. Lo digo porque lo he vivido. Porque yo mismo he ejercido de periodista dominguero en Irak, y sé bien lo que es salir corriendo mientras dejas allí a otros que se tienen que quedar por huevos.
{pag}En el argot de los corresponsales de guerra, los domingueros son los periodistas que van a la guerra a pasar el fin de semana y a hacerse unas fotos vestidos de coronel Tapioca. Pues bien, eso es lo que hizo un servidor durante varios días, por dos ocasiones consecutivas, en Irak. Después de ver lo que había allí, a los compañeros periodistas que se jugaban el pellejo a diario allí, a los soldados que llevaban meses y meses allí, decir que habías estado 72 horas en Irak resultaba de una presunción imperdonable. Pero había que ir y verlo en cualquier caso. (Pág. 64 y 68){ladillo}Colegas periodistas puestísimas en el último grito de moda sahariana{/ladillo}
Recuerdo que en medio del entusiasmo aventurero general, lo más revoltoso del viaje resultaron, con diferencia, las chicas, las compañeras periodistas que iban en la expedición. Mis admiradas colegas iban puestísimas en el último grito de moda sahariana y eran siempre las primeras en apuntarse a cualquier bombardeo, o en su defecto, en pedir que se improvisase alguno, de manera que nuestra hazaña bélica fuese más real. (...)
Una noche se les ocurrió a ellas salir con los blindados por el centro de Diwaniya para comprobar cómo eran eran de fieros los iraquíes de madrugada o, en su defecto, para hacer shopping o flirtear con la tropa. Coquetear con los legionarios fue imposible, pues estaban muy ocupados haciendo guardia. Pero comprar, vaya si compraron. (Pág. 76){ladillo}"Si fuera soldado, mataría periodistas"{/ladillo}
Hubo grandes periodistas en esta guerra, y eso tuvimos ocasión de verlo a diario. Pero también es cierto que hubo mucho propagandista disfrazado de periodista, mucho manipulador al servicio de la mentira, mucho intoxicador al que no le interesaba para nada la verdad. (...)
Se supone que en Europa y en América la Prensa debe estar siempre al servicio de la verdad, nunca de los poderes. Se supone que aquí se da lo que le he oído tanta veces a Ansón: un periodismo que ejerce de contrapoder que debe ser el contrapeso que evite los abusos del podero lo los poderes con las únicas aramas de la información y la opinión libremente ejercidas. (...)
Ahora me explico por qué dijo Pérez-Reverte aquello de que si él fuera hoy soldado, mataría periodistas. Porque algunos son más propagandistas que periodistas. Yo no mataría a nadie, desde luego. Y supongo que Arturo tampoco. (Pág. 60)