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Barroso pide a los Veinticinco "liderazgo" para convertir la crisis del "no" en una oportunidad para Europa

Europa Press, Sábado, 4 de junio 2005
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, pidió hoy a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco "liderazgo" para convertir la "crisis" del "no" en Francia y Países Bajos en una "oportunidad" para construir una Europa "mejor y más fuerte" capaz de adaptarse a los nuevos desafíos de la globalización.

Durao Barroso dio un discurso para conmemorar el 50 aniversario de la Conferencia de Mesina. El 1 y 2 de junio de 1955, los ministros de Asuntos Exteriores de los seis países de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero decidieron relanzar la integración europea tras el "no" de la Asamblea Nacional Francesa a la Comunidad Europea de Defensa, y crearon el mercado común y la unión en el terreno nuclear.

"Es en un momento como en el que nos encontramos cuando debemos aprender las lecciones de los acontecimientos que llevaron a la Conferencia de Mesina hace 50 años. Olvidamos demasiado fácilmente que en 1954, cuando la Asamblea Nacional francesa votó "no" a la Comunidad Europea de Defensa, la conmoción que sintieron los líderes europeos fue al menos tan fuerte que la que sentimos hoy frente al "no" francés y holandés", dijo.

No obstante, los líderes europeos no renunciaron a sus sueños sino que buscaron una respuesta "rápida y fuerte". "Una crisis condujo a un relanzamiento y un refuerzo de Europa. En lugar de resignarse a un parón brutal, los líderes europeos redoblaron sus esfuerzos para poner en marcha instituciones que fueran eficaces y capaces de responder a las preocupaciones de los ciudadanos: paz y, por supuesto, crecimiento económico".

"Si los actuales jefes de Estado y de Gobierno muestran la clase de liderazgo que vimos en Mesina en 1955, las posibilidades de futuro son prometedoras y podremos convertir una crisis en una oportunidad", recalcó Barroso, al tiempo que lanzaba un llamamiento para reunirse alrededor de los "valores europeos" y construir un nuevo consenso para "una Europa capaz de adaptarse a los nuevos desafíos de la globalización".

"Quizá cuando los líderes europeos del mañana se reúnan aquí para celebrar el 100 aniversario de la conferencia de Mesina, recordarán también que en 2005 hubo también una crisis que se transformó en una oportunidad y de la cual Europa emergió mejor y más fuerte", dijo.

RIESGOS El presidente de la Comisión advirtió no obstante de los "riesgos" que encierra la actual situación y que podrían agravar la crisis. El primero de ellos consistiría en "encerrarse en las divisiones ideológicas" entre mercado y Estado. "Lo que necesitamos ahora es una síntesis inteligente entre mercado y Estado que pueda ayudar a Europa a ganar y no a perder frente a la globalización", señaló.

La segunda "trampa" sería entrar "en un juego de culpas, en acusaciones inútiles y peligrosas", que llevaran a transformar las instituciones europeas "con la excusa de las dificultades que se encuentran a nivel nacional o para hacer frente a los desafíos globales".

"La tentación de imputar a "Bruselas" las decisiones impopulares ha provocado ya un perjuicio inmenso en el pasado y continúa haciéndolo. Es lo que ocurre cuando se describen las reuniones en Bruselas como batallas en las que se enfrentan todos los días ganadores y perdedores, en lugar de presentarlas como ocasiones para debatir, encontrar consensos y compromisos a problemas comunes", lamentó.

CHIVO EXPIATORIO Durao Barroso reconoció que la continuidad del proceso de ratificación del Tratado constitucional tras el "no" francés y holandés es una decisión que corresponde a los Estados. "Son ellos los que deben decidir cuándo y cómo ratifican, y si desean continuar con el compromiso que han asumido o modificar su posición". No obstante, insistió en que es necesaria una reacción "conjunta" que evite "acciones unilaterales y dispersas", y pidió de nuevo a los Veinticinco que esperen a la cumbre del 16 y 17 de junio para decidir.

Asimismo, a pesar de las "implicaciones" del rechazo de Francia y Países Bajos, defendió el derecho de todos los Estados miembros que todavía no se han pronunciado sobre la Constitución a "expresar su opinión". En todo caso, se opuso a "reabrir las negociaciones para revisar la Constitución" porque el texto representa un "compromiso muy delicado" y el voto de rechazo no defiende un "proyecto alternativo" común.

El presidente del Ejecutivo comunitario reconoció que su primera reacción ante el resultado negativo en Francia y Países Bajos fue de "tristeza". "Un voto negativo es el signo de una inquietante falta de confianza entre los ciudadanos europeos. Hace pensar que algunos temen al futuro, se resisten al cambio y ya no creen que la Unión pueda aportar soluciones a los desafíos que compartimos".

Sin embargo, destacó que el debate sobre la Constitución se mezcló a menudo con las preocupaciones nacionales que no tenían nada que ver, de manera que el texto se convirtió en el "chivo expiatorio" de los miedos de los ciudadanos. "Miedo a perder el modelo social. Miedo de las deslocalizaciones. Miedo de que Europa vaya demasiado deprisa y se extienda demasiado lejos. Miedo del euro o miedo de la globalización".

ENCUENTRO CON FINI Barroso aprovechó su presencia en Messina para mantener un encuentro con el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Gianfranco Fini, con quien coincidió, según informó el Ministerio de Exteriores en un comunicado, en la necesidad de "alcanzar una posición compartida de todos los estados miembros para responder juntos a los problemas" provocados por el "no" francés y holandés.

"Sólo llegados a ese puntos será posible extraer conclusiones sobre el destino del Tratado Constitucional", según ambos dirigentes, que destacaron que ya hay diez países miembros que han ratificado el texto y abogaron porque los que no se han pronunciado lo hagan conforme estaba previsto.

Asimismo, expresaron su "determinación a asegurar el ordenado funcionamiento de la Unión Europea y de sus instituciones sobre la base de los compromisos alcanzados y según las disposiciones vigentes" hasta que la Constitución sea ratificada, con el fin de "evitar" que se produzca una "crisis" en el proceso de integración europea y "una parálisis en la actividad de la UE".

Por último, según el comunicado, Barroso y Fini coincidieron también en la necesidad de reflexionar sobre "las razones profundas del malestar manifestado por los electores en Francia y Países Bajos frente a la Unión y a sus instituciones". Así, opinaron que para "recuperar una relación de confianza entre la opinión pública y las instituciones europeas" hacen falta políticas destinadas a "promover el crecimiento económico y la competencia, reforzar la seguridad interna y mejorar el perfil internacional de la UE".