clippingReligión y patriotismo instrumentos del poder
Alberto Moncada, Lunes, 25 de agosto 2008
Crear en la mente de los pobres, de los débiles la ilusión de que no lo son tanto ha sido siempre una estrategia de los ricos, de los poderosos. La principal herramienta de esa estrategia en el mundo cristiano fue, hasta hace muy poco tiempo, la religión. A los pobres se les aseguraba que en la otra vida iban a tener mejor suerte que los ricos, que éstos iban a tener más dificil que ellos el ir al cielo y que, por consiguiente, había que afrontar las calamidades, las frustraciones terrenales con la esperanza de la otra vida.
Pero la ilustración, la educación, el acceso a la cultura fue erosionando esa utilización de la religión como instrumento de control y discriminación. La gente pobre empezó a comprender la hipocresía del planteamiento y a acusar al clero de ser cómplice de los poderes.
De hecho, una parte del clero, sobre todo en países pobres, empezó a alinearse con la causa de los desposeídos y hasta a crear una teología basada en la liberación de la pobreza, incluyendo la lucha política.
Hoy, el argumento de que en la otra vida se producirá un cambio en las condiciones sociales no tiene seguimiento más que en mentes ignorantes o fanáticas.
Por ello, otra estrategia de dominación fue diseñada en el siglo dieciocho y fue el patriotismo, una especie de devoción insoslayable a tu país, cuyas autoridades podían imponer obligaciones a los súbditos en base a esa pertenencia emocional que llamaba al sacrificio individual frente al bien común. La interpretación de ese bien común quedaba, naturalmente, confiado a los líderes, los políticos y también los económicos, que interpretaban el patriotismo a su conveniencia. Ello tambien ha decaído bastante entre nosotros cuando por arriba, Unión Europea, y por abajo, competencias regionales y municipales, se produce una diversidad de patriotismos pero ya no definidos de modo aristocrático sino democrático. Cuanta más democracia menos patriotismo irracional. Hoy se entiende más patriótico pagar los impuestos que prestar servicio militar.
Pero existe una especie de patriotismo religioso, vigente, por ejemplo, en sectores del islamismo, sumamente peligroso para la convivencia pues las guerras patrióticas con connotación religiosa, propias de otros tiempos, persisten en alguno de los conflictos actuales y en alguna de las soflamas políticas al uso, de las que también abusan líderes occidentales, como el presidente Bush, con su particular y reiterada relación especial con el Dios cristiano.
La religiosidad y el patriotismo, en sus versiones tradicionales, no arrastran ya a las masas, no pueden imponerse desde arriba y, sobre todo, chocan con los conflictos de interés que una sociedad democrática, nacional e internacional, hace patentes.
Es un plus de la convivencia, algo en que vamos a mejor aunque ha costado siglos conseguirlo.