Opinión
El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, con el Rey Felipe

Al cumplirse el 15 aniversario de aquel fatídico, me ha parecido oportuno reproducir algunos fragmentos de dos de mis libros que tratan sobre el 11-M y me publicó La Esfera de los Libros.

Fui el relator de las conclusiones del Partido en la Comisión de Investigación del 11 M. Nunca sostuvimos que fuera ETA la autora del atentado. Sólo dijimos que había demasiadas preguntas sin respuesta.

Hay una verdad incontestable. El atentado tenía por objeto producir un vuelco electoral en España. Se consiguió y Zapatero dio comienzo a la tarea de demolición de los pilares constitucionales abogando por una reforma de la Constitución -sin rumbo definido y sin el previo consenso- para deslegitimar la Transición y demostrar su obsolescencia; o reivindicado una Memoria histórica excluyente y sectaria para imponer el pensamiento único sobre la guerra civil con el fin de resucitar las dos Españas que en 1978 creímos habían quedado enterradas para siempre; o alentando al secesionismo catalán con la promesa de aprobar el Estatuto que fuera aprobado por el Parlamento de Cataluña sin tener en cuenta que podría incluir pronunciamientos anticonstitucionales; o negociar políticamente con ETA -entre otras cosas sobre Navarra- y que no culminaron porque algún incontrolado de la banda terrorista perpetró el atentado de la T-4; o promover de la mano del dictador turco Erdogan una utópica Alianza de Civilizaciones, que implicaba reconocer regímenes totalitarios o teocráticos incompatibles con los derechos humanos cuyas Declaraciones Universales son la verdadera y única alianza de civilizaciones.

Debo aclarar que es falso que hubiéramos imputado la autoría del 11-M a ETA. Es una de las grandes patrañas que consiguió acuñar la prensa de izquierdas. Lo que dijimos, porque quedó demostrado en la Comisión de Investigación, es que no estaba nada clara la autoría intelectual de la masacre y había puntos oscuros en la actuación de algunos miembros de la seguridad del Estado. Lo cierto es que nadie ha querido o ha podido hasta ahora dar respuesta a una gran pregunta: ¿Cómo es posible que se hubiera cometido el atentado si la práctica totalidad de los miembros del comando ejecutor que murió "suicidado" en el piso de Leganés, pero no en los trenes, o eran confidentes de la Guardia Civil (UCO), o de la Policía (UDEF) o del CNI? Sin contar con que uno de los detenidos al que la fiscalía pidió 30.000 años de cárcel y sólo fue condenado a 10, el marroquí Zouhier, había informado en varias ocasiones a la UCO que Suárez Trashorras y su cuñado Toro estaban robando dinamita en grandes cantidades y que se proponían venderla a ETA, llegando a entregar una muestra de la dinamita robada. Hubo también otro confidente, que no tuvo problemas para huir de España, que transmitió esa misma información a la Policía y a la Guardia Civil de Asturias.

Durante el juicio en la Audiencia Nacional, el magistrado Gómez Bermúdez, presidente del Tribunal, se comprometió ante una representación de las víctimas que se llegaría hasta el final en la investigación de estos agujeros negros y se transmitió que llegó a asegurarles que alguno tomaría "el caminito de Jerez", es decir, iría a la cárcel. Pero su promesa se la llevó el viento.

Por último, se ha vuelto a decir hoy que el Gobierno engañó a la opinión pública, algo radicalmente falso pues después de las primeras hipótesis, el ministro Acebes transmitió casi al instante todas las informaciones que le proporcionaban los cuerpos de seguridad del Estado.

Se olvida que el primero que habló de la autoría de ETA fue el lendakari Ibarreche, aunque Otegui lo negara como no podía ser de otra forma porque todo el mundo estaba conmocionado. Pero a José María Aznar fue el CNI el que le informó de que con toda probabilidad había sido ETA, y justificaba el porqué de dicha conclusión. El Centro Nacional de Inteligencia mantuvo su informe inicial desde el día 11 hasta el 15 de marzo. Pero lo que provocó el vuelco de la opinión pública fue la noticia falsa que difundió Zapatero la misma tarde del atentado a diversos medios de comunicación diciendo que según sus informaciones -que el Gobierno ocultaba- había aparecido en los trenes el cadáver de un terrorista suicida. La cadena SER abrió el informativo de las 10 de la noche con esta noticia y daba más detalles. El terrorista llevaba capas de ropa interior y estaba muy afeitado. Prácticas muy habituales entre los comandos suicidas islamistas antes de inmolarse. Por otra parte, se dio total credibilidad a un comunicado de ETA rechazando que fuera la autora del atentado con el argumento de que la banda terrorista "no miente nunca".

Ya nadie se acuerda del terrorista suicida. Ni tampoco de que la cadena SER había informado a las 15,05 de la tarde del día 13 que el CNI trabajaba ya a un 99 por ciento sobre la hipótesis de un atentado islámico como castigo a España por haber enviado tropas a Iraq, de modo que el culpable del atentado era José María Aznar, aberrante y miserable acusación. De nada sirvió que el director del CNI, Jorge Dezcallar desmintiera tal información. Y la guinda fue la aparición en TVE de Pérez Rubalcaba en el telediario de máxima audiencia al anochecer del día 13, concretamente a las 21,30 horas, en plena jornada de reflexión, donde pronunció esta frase lapidaria con la que cerró ilegalmente la campaña socialista a pocas horas de abrirse los colegios electorales: "Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta, un gobierno que les diga siempre la verdad".

Un abrazo,