Pablo Iglesias (PODEMOS).

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Capítulo I: La primavera de los indignados

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La conspiración de Podemos

¿Qué misterio se esconde detrás del sorprendente apoyo con el que los poderes mediáticos del sistema han promocionado escandalosamente a Podemos, un partido antisistema radical?

Laureano Benítez Grande-Caballero, 29 de noviembre de 2015 a las 08:39

Desde que la maldición podemita cayó arrasadoramente sobre España, me he hecho muchas veces una pregunta inquietante: partiendo del hecho incontestable de que Podemos es una creación conjunta de la «telecracia» y la «cibercracia», ¿por qué los poderes mediáticos, -en especial las televisiones- férreamente controlados por las oligarquías financieras paniaguadas por el Club Bilderberg y la plutocracia mundial, han promocionado de manera tan descarada un partido antisistema en cuyo ideario figuran unas propuestas que aparentemente pretenden atacar a los poseedores de esos medios, a los ricos, a «los de arriba», además de ser un riesgo para la supervivencia de nuestro país?

¿Por qué el sistema -«la casta»-publicita exageradamente a un partido que en teoría pretende acabar con él, o al menos cambiarlo drásticamente atacando sus privilegios?

Un hecho tan escandaloso y tan extraño merece, desde luego, una investigación, pues el misterio que encierra es sospechoso de apuntar a conspiraciones, a intrigas, a tramas encubiertas, ya que no es lógico que el sistema atente contra sí mismo. Para descubrirlas, emprendí una indagación, que expondré en una serie de artículos en los que intentaré descifrar este enigma, recomponer las piezas de un enmarañado rompecabezas hasta que el conjunto final tenga un significado coherente.

Y como todo empezó con el 15M, comenzaremos intentando penetrar los entresijos de lo que se llamó «primavera española».

Para comenzar, resulta sumamente sospechoso que en una sociedad tan aborregada y adormecida como la española surja de la nada un alzamiento popular tan sorprendente como el 15M. También da motivos para la sospecha la coincidencia de este movimiento insurreccional con los que conformaron la «primavera árabe», comenzados en Túnez en enero de ese mismo año, y más si tenemos en cuenta que el 15M utilizó sus mismas tácticas insurgentes, basadas en el uso del ciberespacio para hacer los llamamientos a la protesta. ¿Casualidad?

Hay que ser muy ingenuo como para no ver la mano de la mafia financiera internacional que controla el mundo tras las insurrecciones de la «Primavera árabe», ocurridas en países ricos en hidrocarburos cuyo control es vital para las élites plutocráticas que conspiran en el Club Bildelberg.

En un mundo globalizado donde no cae una hoja al suelo sin que se enteren los jerarcas del dinero, donde nos controlan hasta el último de nuestros cabellos -como un maléfico «Gran Hermano que todo lo vigila-, ¿podemos pensar seriamente que todo fue un movimiento popular surgido de unas sociedades férreamente gobernadas por sátrapas desde tiempos inmemoriales, movimientos que, por añadidura, podían desviar los negocios petrolíferos hacia la zona de dominación rusa, y que podían poner en peligro las tres vías de tránsito petrolero vitales para Occidente: el canal de Suez, el estrecho de Ormuz y el de Bab el Mandeb?

Frente a la postura aparentemente más distanciada de la UE, EEUU conspiró claramente para provocar estos movimientos subversivos, a través de una miríada de organismos más o menos oficiales cuya misión es «exportar la democracia americana» a los países que quieren controlar para mantener sus intereses económicos y geopolíticos. Gran parte de estas agencias y organismos están implantados en los países islámicos desde hace años, y entre ellas destacan la USAID («Agencia de EEUU para el desarrollo internacional»), la NED («Dotación nacional de fondos para la democracia», creada por Reagan en 1983 para promover el derrocamiento de gobiernos extranjeros, que recibe 100 millones de dólares cada año), y el NDI («Instituto nacional democrático para asuntos internacionales»). Entre las fundaciones privadas tenemos -¡cómo no!- a la «Open Society» del inevitable George Soros.

Por cierto, muchas de estas agencias han estado implicadas también en las llamadas «revoluciones naranjas» que se desarrollaron en la Europa del Este y en los Balcanes
Entre el 3 y el 5 de diciembre de 2008 se celebró en Nueva York la cumbre de la «Alianza para los Movimientos de la Juventud» («Movements.org»), a la cual asistieron grupos de activistas de muchos países islámicos -por ejemplo, «el movimiento 6 de abril», de Egipto, que jugó un destacado papel en la revolución de 2011- y algunos sudamericanos. Estos grupos, además de financiación, también recibirán formación en el activismo, especialmente en cuanto se refiere al empleo de las redes sociales, hasta el punto de que a la reunión asistieron destacados representantes de Google y Facebook.

En abril de 2011, un informe de la Agence France-Press recogía unas declaraciones de Michael Posner -del Departamento de Estado de EEUU-, quien afirmaba que el gobierno americano había organizado «sesiones de formación para 5.000 activistas en diferentes partes del mundo. Una sesión que tuvo lugar en el Medio Oriente reunió a activistas de Túnez, Egipto, Siria y Líbano, que regresaron a sus países con el objetivo de la formación de sus colegas allí [...] Volvieron y hay un efecto dominó». Ese efecto dominó, por supuesto, es la «primavera árabe».
Con tales premisas, la primavera revolucionaria no puede considerarse un movimiento autóctono, sino un proyecto neocolonial.

Pero, ¿podemos extrapolar esta conspiración a nuestro 15M? En la primavera española vemos la actuación de algunos personajes y grupos cuya acción conjunta parece demostrar una conexión evidente.

Empecemos con el presunto «padre ideológico de la criatura», el recientemente fallecido Stéphane Hessel, el nonagenario autor del panfleto subversivo «¡Indignaos!», publicado en octubre de 2010 -meses antes de las primaveras-. ¿Quién era este personaje? De origen judío, emigró a Londres durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual no fue óbice para que presumiera de haber estado internado en el campo de exterminio de Buchenwald.

Fue uno de los redactores de la Declaración de los Derechos Humanos, espía de la CIA y el MOSAD, embajador de la ONU, miembro del CFR -Council of Foreign Relations, organismo plutócrata que conspira junto con el Club Bilderberg y la Comisión Trilateral por un Gobierno Mundial-.

Al inicio de la presentación en Madrid de su infumable panfleto pseudorevolucionario abogó por el establecimiento de un Gobierno Mundial, cosa que no decía en su libro, desde luego. Si este farsante es el ideólogo del 15 M, ya podemos empezar a sospechar su paisaje de fondo.

La movida insurreccional española fue promovida en el ciberespacio a través de una serie de plataformas que convocaban a las protestas a diversos movimientos, especialmente juveniles: por ejemplo, «Yo soy un joven español que quiere luchar por su Futuro», cuyo éxito llevó a crear el blog «www.juventudenaccion.info» en diciembre de 2010, a través del cual empezaron a planificarse acciones sencillas.

A partir de aquí, en pocos meses, comenzaron a interconectarse movimientos que estaban en esta órbita insurgente, como «Ponte en Pie», el blog «Manifiesto Juventud», «Estado del Malestar», «Juventud sin futuro», «No les votes», y otros afines.

Esta interconexión desembocó en la creación en Facebook el 20 de febrero de 2011 de la la «Plataforma de coordinación de grupos pro-movilización ciudadana», antecedente de «Democracia Real Ya», plataforma que activa una web donde se convoca una manifestación para el 15 de mayo de 2011. La suerte ya estaba echada.

¿Cómo no ver en todo este entramado de grupos y plataformas predominantemente juveniles que se organizan tentacularmente a través de las redes sociales del ciberespacio un eco de la «Alianza para los Movimientos de la Juventud» que formaron a los activistas de la «primavera árabe», utilizando las mismas tácticas de la ciberacción?

Empiezan las acampadas, y en este escenario empiezan a cobrar un extraño protagonismo misteriosos personajes...



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