Opinión
Joan Manuel Serrat
Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat es un magnífico cantautor pero a veces las circunstancias le hacen cometer errores, qué digo errores, baladronadas. Demuestra tener escaso criterio cuando manifestó públicamente su oposición al independentismo. Y ayer, en posición descanso, enfiló marcha hacia la prisión de Estremera para visitar a los golpistas Romeva y Oriol Junqueras. ¿En qué quedamos? Nene, deja de joder con la pelota... Aprende de Albert Boadella, presidente de la república de Tabarnia fusionada con Ikea.

Coincidí con Serrat telefónicamente en un previo del Real Madrid-Barça. Excuso decir con cuál iba yo. El coloquio lo presentaba (Cadena SER) Javier Sardá, que prefirió abandonar el personaje de Casamajor por el de Puigdemont, ni obrero ni español, para se un hooligan incondicional del PSOE, marca de la casa a escala familiar, o sea, sectarismo en estado puro. Nuestros parlamentos ante la audiencia fueron exquisitos según los colores. Sólo me jodió que Joan Manuel dijera ante las ondas que yo era mayor que él.

- ... y una mierdaaa...

De modo que, transcurridos unos largos años, él sigue subido en el paripé de la comedia. Y si se le prohibió concurrir a Eurovisión cantando en catalán (1968) es porque nuestro idioma común es el español, so paletos. A ello hay que agregar, para ser precisos, que este festival cancionero no es nacional en su sentido estricto sino representativo de las emisoras de televisión. Claro que en el desvarío -con la aquiescencia de la RAE, cada vez más oxidada y sin una gota de esplendor- los participantes españoles mal cantan en inglés y próximamente lo harán en jíbaro o en zulú.

En este repaso de voces sonoras, me viene a las mientes otro desertor de España.
Es el tal Dyango, un pollo que cacareaba bien español, y se le conocía por ello, pero el so memo se abraza a la estelada, sòc una nació, y tiro porque me toca.

Qué no decir, finalmente, de este iluminado ser que para mejor ver el universo se pone gafas de sol en el avión que le lleva al infinito. Va de incógnito y sin saberlo.
Vanidoso ser: le vendo soles para gafas. Y le invito a que se vaya a tomar por culo, donde se agolpan los pepinos y se pudren los melones.