Opinión
Bancadas vacías del Parlament de Catalunya

El bloque independentista mantiene el cierre del Parlament de Catalunya en un gesto que atropella la democracia y silencia a la oposición. El uso de las instituciones para su propio beneficio es una constante frente a un Gobierno central débil.

La democracia es la doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el Gobierno. Y el pueblo lo hace otorgando el Gobierno a la mayoría que salga en elecciones generales abiertas con voto secreto depositado en urna, pero respetando luego a las minorías en la acción del Ejecutivo y acatando la separación de poderes formulada por Montesquieu: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

El president, @rogertorrent, convoca per dimarts vinent al matí les primeres reunions de la #Mesa i de la #JuntaDePortaveus del nou període de sessions

- Parlament de Catalunya (@parlamentcat) 12:15 - 30 ago. 2018

Los muy insignes independentistas catalanes, capitaneados por el prófugo de la Justicia y traidor de Flandes Carles Puigdemont, su correveidile y president digital de la Generalitat catalana, Quim Torra (érase una nariz pegada a un lazo amarillo), y el triste Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña y, como Petronius, árbitro de la elegancia pero no del Poder Legislativo, han inventado otra modalidad de democracia: la dictadura de la mayoría y la supresión del Legislativo. Por eso, decidieron en julio el cierre del Parlament y abrirlo cuando les venga en gana y para lo que les plazca. Parece ser que les vendrá en gana reiniciarlo en octubre y que lo que les placerá será parlamentar de todo lo que acontecerá entre el 11 de septiembre y el 1 de octubre, dos fechas totémicas para los golpistas y entre las cuales han preparado un completo programa de fiestas en las que no faltarán tropelías, ataques al Estado y burlas al Gobierno. Es su manera de excitar a la grey y ciscarse en el resto de catalanes y españoles. Esperemos que el muerto que buscan tampoco lo encuentren esta vez, por muy otoño caliente que anuncien.

Hasta ahora, el cierre del Parlament, decidido por Juntos por Cataluña (JxCat) y Esquerra Republica de Cataluña (ERC), con el apoyo de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), ha merecido las descalificaciones de la oposición, con Ciudadanos a la cabeza. Inés Arrimadas, ganadora de las elecciones catalanas y jefa de la oposición, ha calificado el cerrojazo de "atropello a la democracia y a la oposición"; el Partido Socialista de Cataluña, de "despropósito y escándalo", y el Partido Popular, de "vergüenza que no inmutará a los abducidos". Triste derecho al pataleo de quienes, ante la pasividad del Gobierno central, son vejados por mossos d'esquadra independentistas, comités de defensa de la república, òmniums culturales y asambleas nacionales catalanas.

JxCat y ERC, los dos gallos del gallinero independentista, decidieron desconvocar el pleno del 18 de julio (¡qué fecha más apropiada para tan insignes golpistas!) y bloquear el Parlamento tras chocar frontalmente por la sustitución del prófugo Puigdemont. Mientras, JxCat se negó a que su intocable y venerado líder fuera reemplazado temporalmente en sus funciones de diputado, al haber sido procesado y suspendido de las mismas por el juez Pablo Llarena, ERC se negó a que Puigdemont tuviese un trato de favor y fuese el único de los seis diputados (Oriol Junqueras, Jordi Turull, Josep Rull, Raül Romeva y Carles Puigdemont) procesados y suspendidos por el Tribunal Supremo que no fuese suplido en su escaño vacío. Fue la excusa para el cierre del Parlament, tapar la boca a la oposición y disfrutar de unas largas e inmerecidas vacaciones bien pagadas y propicias para el dolce far niente o para hacer la revolución. Ambas cosas pueden seguir haciendo sus señorías porque la bossa sona. Y claro que suena, ¡estrepitosamente!, como lo recuerda diariamente el Ayuntamiento de Vic repitiendo machaconamente este mensaje independentista desde sus altavoces callejeros: "No normalicemos una situación de excepcionalidad y urgencia nacional. Recordemos cada día que aún hay presos políticos y exiliados. No nos desviemos de nuestro objetivo, la independencia de Cataluña". Kilómetros de butifarra y salchichón de Vic repartidos por las comarcas carlistas catalanas y total dejación de funciones del Gobierno central, que podría, si quisiera y con la ley en la mano, disolver el consistorio y mandar a casa a sus delincuentes concejales del PdCat, ERC y la CUP. Pero no hay redaños.