Opinión
El presidente socialista Pedro Sánchez y todos los ministros de su Gobierno. EF

No es que la nostalgia sea un error sino que la memoria recreada sabe mejor que el presente.

Pero no hay más remedio que afrontarlo, aunque sea más dificil de captar, porque el pasado nos viene dado y el futuro siempre es incierto.

Y puestos a echarle un vistazo a la actualidad, vemos a sus héroes ocupados en el Valle de los caidos, encajando un gol por la escuadra, pinchando globos sonda o caminando el "ministro-juez-estrella" por Barcelona al lado del golpista querellante contra su compañero de carrera para invitarle a tomar el té en el Congreso, en lugar de poner a prueba su jurispericia sobre los instrumentos del Estado para contrarrestar el golpe.

Los antiguos buscaban el prestigio social en la milicia, en las letras o en el clero. Sin embargo, nuestros telediarios muestran que hoy puedes llegar al Gobierno o al Parlamento en cuanto acabes la Secundaria sin necesidad de elaborar un sólo pensamiento complejo o viviendo dentro de "la Tinaja" como Ali Babá y los 40 ladrones y si usted domina las tecnologías puede incluso juntar una milicia de cretinos y alcanzar el poder.

Las empresas buscan asociar a los héroes con la mitologia de sus productos. Los que dominan los medios deciden a qué caballo apostar o a quien se otorga el triunfo, el que mayor beneficios les pueda reportar. Sucede también con los medios y la política.

Y así vemos a los héroes de nuestro tiempo, deportistas, artistas o simplemente famosos, comer galletas, vender seguros, anunciar agua con gas o proclamar la República. Por eso me temo que si el fantasma de Puigdemont no acaba vagando por el mundo o en la cárcel, terminará anunciando cualquier detergente. Así funciona la cosa.

Nunca antes tuvimos al mando a gente tan poco dotada para el servicio público y los intereses generales. Los políticos actuales se acomodarían incluso si llegaran a las instituciones los marcianos, -lo que dicho sea de paso, ya ha sucedido,- . Por eso, si echamos un vistazo al gobierno, empezando por su presidente, no sentimos miedo, ni respeto, ni admiración, sino únicamente asombro y perplejidad.

Conseguida la nómina y la pensión sólo buscan ganar tiempo, mientras los demás lo pagamos y lo perdemos.