Opinión
Los independentistas Junqueras y Puigdemont y el socialista Sánchez. EP

A nadie le puede sorprender la respuesta del mundo que camina en paralelo al independentismo, y mucho menos la de sus aliados los "palanganeros" antisistema de diversos tonos morados o, del socialismo anclado en su eterno complejo regado del necesario, e espurio interés partidista y personal de Pedro Sánchez.

Poco a más bien nada les interesa cumplir y aplicar de la ley, dentro del marco del estado de derecho y de la separación de poderes.

A meses de iniciarse el juicio tras el golpe de Estado en Cataluña están más preocupados de cómo aplicar el indulto a los presuntos golpistas sin que se note demasiado.

Hay que pagar las cuentas a los independentistas socios del presidente socialista en la moción de censura al gobierno de Rajoy, poco importa si se les condena por rebelión, o por sedición, malversación y desobediencia grave.

Si el gobierno anterior peco de flojo durante los dos años que duró la vice-todo Soraya Saénz de Santamaria al frente de la operación "dialogo" ante el desafío soberanista, el socialismo se ha erigido en cómplice del soberanismo.

El relato épico victimista que ha alimentado el nacionalismo en Cataluña durante años, y a cuya masa crítica a inoculado en dosis ingentes de vergonzante sentimentalismo, es el veneno que aplicado paradójicamente desde una practicidad sistemática a través de las herramientas que les proporcionó el mismo poder institucional del Estado y, del cual hicieron uso desleal, para dinamitar desde dentro el mismo.

Así, una parte de la población catalana se alistó ingenua a la legión de seguidores hacia el paraíso prometido, hacia un admirado y envidiado mundo feliz, un estado mental y social digno de la novela de Huxley.

El problema llega ahora, llegó el momento de despertar del sueño inducido, hay que volver a la cruda realidad. La mariposa de colores bellos que volaba sin esfuerzo por el mero hecho de pertenecer a una supuesta tenía, de haber sido elegidos y dotados por un ser divino, que no puede ya más sostener la mentira.

El sueño muta en pesadilla, el día prometido se vuelve en noche bañada por la luz de la realidad, eran simples promesas de unos pocos enajenado, hacia una masa bobalicona que se resiste a despertar y, desplomarse en la frustración, y en la vergüenza ajena ante tan pintoresca aventura.

Nada era cierto, con los ojos cerrados y con los dientes rechinando no quieren percibir que, ni las empresas han hecho cola para entrar en la nueva nación, ni las que había se han quedado, y el resto de países no sólo no han reconocido a la república golpista de Cataluña, si no que se preguntan ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? (A buenas horas mangas verdes)

Ante la tímida y comedida acción del Estado de Derecho, que venía avisando por todos los medios de las ilegalidades cometidas, de los requerimientos y sentencias incumplidas. Los dirigentes al tiempo que se hacían selfis con los requerimientos y autos, y seguían envueltos en la estelada del odio etnicista, la división social y la ruina económica y, muy lejos de volver al sentido común, empujando y empujados por el rebaño ya sin frenos, alimentado de falsas esperanzas se tiraron al monte definitivamente.

Pero la justicia, está sí que implacable les hizo llorar, lágrimas que ahora empañan los flashes de los smartphone de sus señorías, por las esquinas de la audiencia nacional y el tribunal supremos sollozan tal Scarlett O ‘Hará empuñando la tierra, prometían larga vida a la "República", pero la misma nació muerta en el parto, de hecho llevaba muerta desde que se engendró, y después de un largo embarazo, y un doloroso parto, y buscando al padre, que no viene, que dice que el hijo no es suyo, que en realidad no nació, que a él sólo le gustaba los intentos para preñar, pero no concebir, el muy cobarde anda fugado muy lejos del hospital, y no se le espera a él, y a su consejeros mamporreros en Ítaca en menos de diez años.

Con la decisión de prisión cautelar para una parte del exgobierno catalán, se demuestra más que nunca la realidad de la separación de poderes en la ya madura democracia española que, alejada de complejos pasados, aplica la ley sin pensar qué afectación política puede acarrear su decisión, de hecho, los partidos constitucionalistas fueron los peor parados en los comicios autonómicos del 21 de diciembre pasado.

Por tanto, en democracia un supuesto mandato del "pueblo" no legitima saltarse la ley y pisotear los derechos del conjunto de la población.

Más si cabe cuando se instrumentaliza a una parte de la sociedad y se le utiliza para retener comisiones judiciales, se les arenga megáfono en mano desde lo alto de vehículos policiales previamente destrozados por la "pacifica" revolución de las sonrisas.

Ahora se quejan porque les acusan del uso de violencia, negando el uso de ella, no recuerdan el uso consciente que hicieron de inconscientes escudos humanos en los colegios el día 1 de octubre de 2017 durante la ridícula pantomima electoral.

En días previos aseguraron las autoridades autonómicas que los Mossos D´Equadra cumplirían las órdenes judiciales de cierre de los colegios a partir del viernes a las cinco de la tarde, ya sea por ingenuidad o por negligencia los responsables del estado mordieron el anzuelo maquiavélico. El primer síntoma de que algo no iba bien fue alargar el cierre hasta la madrugada del domingo, dejando así a las familias instalarse tranquilamente en los centros tras la llamada a la defensa de los colegios por parte de los mismos que tenían que ordenar su desalojo.

Inteligentemente los supuestos delincuentes saben que es posible evitar que la gente entre en un recinto, pero es casi imposible desalojarlos una vez dentro, así el siguiente acto de la farsa fue enviar a la policía autonómica para constatar que no podían hacer nada, y empujar al estado a cometer un segundo error enviando a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional usaron proporcionalmente el legítimo uso de la fuerza, pero no se pudo evitar las imágenes que el golpismo buscaba.

Sacrificaron a los corderos como escudos humanos, un rebaño que actúa ciegamente acatando sin reflexión alguna las ordenes de los mesías que los guían a la tierra prometida, que en realidad es un barranco de rancio totalitarismo.

Jordi Rosiñol Lorenzo.