Opinión
Manuel Morillo, el tirador que dijo querer asesinar a Sánchez, asegura que era "una fantasía estúpida". EP

Aunque ya le he echado varias paladas de ironía a este intento de magnicidio, que ha dado la vuelta al mundo (es coña, claro), conviene detenerse un ratito más en este hombre falsario, iluso, ególatra al cuadrado, que no aporta más que fotos de su baboso ego en multiplicación. Él no podía ser menos que JFK. Lo malo es que es un cobarde y se caga. Pero se monta una de caperucita y el lobo. "Un francotirador intentaba abatir al presidente del Gobierno". Casi nadie al aparato.

- ¿Era un Oswald, un tirador olímpico o un cazatalentos...?

Luego veremos. Obnubila mucho la Moncloa sobre todo cuando no sabes tirar de la cadena del water. Porque este pollo -iba decir polla según su lenguaje sexista- no llega a la fabulación, en la que Cela era genio y maestro. Un pobre guardia de seguridad dijo por la red que le gustaría... Táte, exclamaron en el palacio presidencial. Ya tenemos thriller.

- ¿Y por qué han guardado en secreto el hipotético crimen?

Muy sencillo. Hasta a este pobre escritor le levantan las faldas en la Moncloa para ver si critica al emperador del socialismo. El que niega todo lo procedente del exterior pero no se niega a si mismo. Al más leve resquicio, como así ha sido, el salvador de la patria, aparece en tono cuaresmal, sorpresa, sorpresa. Todo lo controla: a golpe de efecto. El PSOE tiene agarradas por los cojones las instituciones, especialmente el poder judicial, de ahí que un juez catalán colabore en el secreto de este pobre paria que quería apretar el gatillo por la licencia de "Twitter", una locura conejil de la cibernaútica.

Señor Sánchez, loado sea el señor: quienes padecemos de sus ínsulas baratarias somos nosotros. Con una nación destrozada, separada, llena de golpistas, sigue fiel al libro de ruta: monarquía, no; república, sí. A la tercera, la vencida. ¿Quién es el francotirador?

El juez catalán que ha tenido guardado al pobre paria que le iba a asesinar, ¡horror!, es de la misma condición que el magistrado del Tribunal Superior de Cataluña que ha censurado de forma inquisitorial a la Guardia Civil que trató de evitar el 1-O por orden de un juez en base a la Constitución. Y luego el valiente presidente saca pecho y se enfrenta a todos los demás. Decía Oscar Wilde que la fuerza bruta aún puede tolerarse, pero la razón bruta en modo alguno.

¡Váyase, señor Sánchez, y no nos toque más los huevos!