Opinión
Manifestación de Podemos en las calles de Granada. EP

A Podemos sólo le vale la democracia cuando le otorga el protagonismo de un buen recuento (VOX: "No caeremos en los insultos zafios del PSOE").

Como eso hace tiempo que no ocurre y la formación comunista está en caída libre comicio tras comicio, sus componentes se dedican a tratar de criminalizar a los oponentes políticos que sí obtienen el respaldo de los ciudadanos (Los secretos de la elegante y discreta esposa del 'bien armado' líder de VOX ).

Antes les pasaba con el Partido Popular. Ahora, el objetivo de sus descalificaciones es Vox, que ha entrado con tanta fuerza en el Parlamento andaluz que se ha convertido en un invitado incómodo en el reparto del pastel que los émulos de Maduro tratan de acaparar con las prácticas que hagan falta, así estén desprovistas de la más mínima catadura ética y moral (Griso hace un comentario asqueroso para atacar a VOX y se lleva un palo soberbio de un tertuliano ).

Prácticas como las que exhibió Pablo Iglesias durante la noche electoral del pasado domingo, cuando se refirió al partido de Santiago Abascal con una violencia implícita en su discurso guerracivilista que debería estar desterrada del día a día de nuestros representantes públicos (Espectacular bronca de Centeno a Elisa Beni por hablar del fascismo de VOX: "¡Deja de decir tonterías, eres una ignorante y una sectaria!").

No obstante, y lejos de amainar, Podemos ha convertido algunas calles de Sevilla en la Caracas bolivariana de Nicolás Maduro y, en una acción inaudita, han protestado contra los ciudadanos que libremente, y actuando bajo los principios esenciales de la democracia, han votado a Vox hasta otorgarle 12 diputados en la Junta de Andalucía.

Tras cánticos como "sin piernas, sin brazos, los fachas a pedazos" subyacen pulsiones represivas y coercitivas que parecían ya olvidadas en nuestro país. Amenazas veladas propias de países bananeros o de aquella España de los años 30 del siglo pasado que nos abocó a la página más negra de nuestra historia reciente: la Guerra Civil. El civismo de Podemos brilla por su ausencia.

El respeto por las normas establecidas, igual. No es extraño, por tanto, que se sientan tan cómodos con los independentistas catalanes y los proetarras vascos. De ahí que sea sumamente importante que el bloque constitucionalista permanezca unido. Hoy es Vox, pero mañana el blanco de las amenazas puede ser el Partido Popular o Ciudadanos. La cuestión es no respetar la decisión libre de los votantes.