Opinión
Gabriel Rufián (ERC), Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (PODEMOS). EP

Son como en el 36, que falsificaron las elecciones ganadas por las derechas pero ellos son el Frente Popular, que no se olvide. Los rojos. Quienes dieron el golpe de Estado -no Franco, merluzos e iletrados de la contienda civil- y abonaron la tierra de sangre y odio. Desde la transición, han estado falsificando la historia convirtiendo su derrota en victoria. Se apoyan en las lenguas vernáculas, santo y seña de fechorías, crímenes incluidos. Lo último, sabido es, ha sido la hecatombe socialista en Andalucía, Cuarenta años de engaños, de golfeos, putas y cabrones rebrincando por los rincones con el tuli, tulipán.

Es el tren de Arganda. Pues tras la derrota andalusí, siguen ansiando el poder. Viven de él y por él. Saben cuál es el salvo-conducto. Los degenerados proclaman la alianza con el diablo para no descansar y hozar siempre en el machito. Es el sistema. Un régimen dictatorial que, pese a perder dígitos para gobernar, se hace anatema universal. Es la burla. El descrédito. El pedo del lobo que hace humo y huele a podrido nada más reventar. Lo curioso es que la hecatombe de Sánchez y los suyos, Susanita ya no tiene un ratón, niega unos comicios legales que los contabiliza como anti-fascistas. Mentira podrida.

El fascismo periférico es el de izquierdas, el que venimos padeciendo desde décadas con asalto continuo a las calles para instaurar la dictadura bananera venezolana. Ahí tenemos al okupa de la Moncloa, encantado de haber derrocado a Rajoy por la puerta falsa, amenazando con el anti europeísmo, la guerra por capítulos, el capitán Tan, Franco redivivo, Zerolo presente en Chueca y en la LGBT, movimiento de gays y lesbianas y transexuales. Los chaperos verán a Dios para que el socialismo permanezca en el poder por los siglos de los siglos. Y para ello, mienten como bellacos. Se contradicen, son petimetres obsesionados, nunca por los intereses generales sino los particulares.

De ahí que, ahora en adelante, la resistencia en el poder de Sánchez será numantina. La reforzará con la inviolabilidad del Rey, joder qué tío, y España será republicana. En esas estamos. Alcanzar unas elecciones generales se me antojan una mera utopía. En tanto en cuanto no cabe un bostezo más. El decálogo de Lenin (1913) era bien explícito: "Hable siempre de democracia pero a la menor oportunidad asuma el poder sin ningún escrúpulo".