Opinión
Versatis

"Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud; he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos" Gustave Flaubert, escritor francés

Versatis es un medicamento cuyo principio activo es Lidocaína. Se presenta en forma de apósitos adhesivos que se adhieren a la piel. Hasta hoy podía ser prescrito por todos los médicos, especialistas o no, para aliviar los dolores musculoesqueléticos y reumatológicos. A pesar de su alto precio (envase de 20 sobres 84,72 euros) al estar incluido en el Sistema Nacional de Salud, el porcentaje de población que más lo necesitaba - personas de edad y jubilados - podían adquirirlo y aliviar sus dolores y mejorar su movilidad. Hoy, Versatis solo puede ser prescrito y bajo supervisión, para el dolor neuropático derivado del herpes zoster. Los más de un millón de ciudadanos que veían paliados sus dolores musculoesqueléticos y mejorada su movilidad, si quieren seguir aplicándose este medicamento tendrán que desembolsar 84,72 euros por el envase de 20 sobres.

Mientras Pedro Sánchez espumeaba por su boca la subida de las pensiones y medidas sociales para los más desfavorecidos, en su ministerio de Sanidad se estaba preparando la normativa que expulsaba a esos más desfavorecidos del acceso a una medicación para el alivio de sus dolores. Supongamos que la subida de la pensión de una persona jubilada necesitada de Versatis, le ha supuesto disponer de 100 euros más al año. Si quiere seguir usando Versatis - necesitarlo, lo necesita - tendrá que pagar por cada envase de 20 sobres 84,72 euros. Y los 100 euros se le habrán esfumado con la compra del primer envase. Podríamos decir que Versatis es un ejemplo de cómo un gobierno manipula a los ciudadanos con el oropel de las llamadas medidas sociales, mientras esconde normativas que se cocinan en los sótanos de los ministerios que, no solo sobrepasan en costos para el ciudadano los posibles beneficios de las medidas sociales, sino que, a poco de desmigar esas medidas, vemos como destilan toda la demagogia y manipulación a que los ciudadanos somos sometidos por los gobiernos sin escrúpulos. Saben los políticos que los ciudadanos somos en mayoría unos estúpidos e ingenuos que nos creemos sus promesas olvidando que tan solo buscan el poder y los privilegios. Si, además, esas promesas vienen con la vitola de la sacrosanta izquierda, en un aumento exponencial de nuestra estupidez, nos las creemos aún más. Eso sí, somos felices en esa felicidad arropada por la estupidez y la ingenuidad