Opinión
Comercio, deficit, ahorro, deuda. PD

"Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación. Una es la espada. La otra la deuda" John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos

"La deuda global - pública, empresarial y de las familias - alcanza un nuevo récord histórico tras crecer un 60% en los últimos diez años, alcanzando la cifra de 182 billones de dólares" Fondo Monetario Internacional

"La deuda pública de España alcanza los 1,18 billones de euros, el 98% del PIB. Los hogares españoles están endeudados en 800.000 millones de euros" Instituto de la Familia.

Leyendo a Willian Butler Yeats premio Nobel de Literatura 1923, encuentro lo siguiente: "En Irlanda en aquel tiempo - finales siglo XVIII principios de XIX - el acreedor podía embargar el cadáver de quien hubiera muerto sin haber pagado su deuda, no permitiendo que fuera enterrado hasta el pago de la misma". ¿Se imaginan que esta ley estuviera vigente en el mundo en nuestros días? ¿Se imaginan que estuviera vigente en esta España del siglo XXI? Los cadáveres sin enterrar se esparcirían por toda la geografía de esta piel de toro. Desde el humilde jornalero hasta el director general de una gran compañía sus cadáveres permanecerían sin enterrar. Los cadáveres de alcaldes y presidentes de Comunidades Autónomas cuyas ayuntamientos y gobiernos estaban endeudados hasta el epidídimo, se pudrirían a la intemperie. El cadáver de la humilde mecanógrafa de la gran compañía endeudada con El Corte Inglés y el de su presidente director general endeudado con los bancos, serían pasto de las alimañas. Cadáveres de todas las clases sociales desde la proletaria hasta la nobleza permanecerían sin enterrar por sus deudas inundando tanatorios, hospitales, residencias que, incapaces de acoger semejante cantidad de cadáveres, se verían obligados a sacarlos fuera esparciéndolos, desparramándolos por calles, plazas y jardines. Los bancos, financieras y prestamistas, agotadas todas las posibilidades de cobro, levantarían verdaderos campos de refugiados, de cadáveres refugiados cuyos pabellones, repletos de cadáveres hasta el techo, hacinados en una amalgama pestífera de muerte; reventarían por los cuatro costados. Cadáveres de hombres y mujeres de toda clase y condición junto a cadáveres de empresas, de bancos imposibles de recuperar lo prestado, de ayuntamientos, Comunidades, Estados en bancarrota serían pasto de los buitres, de los carroñeros. España sería un inmenso osario, un elefantiásico y acromegálico tanatorio que, día a día, iría sumando cadáveres por haber sido embargados por sus acreedores, acreedores a los que le serían imposible cobrar a los familiares del finado porque ellos también estarían endeudados hasta la raíz del cabello. Las hojas y folios de las reclamaciones judiciales serían los sudarios que envolverían los cuerpos, mientras esperan inútilmente que alguien pague las deudas contraídas en vida para poder ser enterrados. España olería a putrefacción, a formal, a peste. Las moscas revolotearían por encima de los cadáveres mientras los gusanos harían de ellos su pienso. España sería una letrina, un albañal, un estercolero, un muladar, un cementerio reventado manando sangre y cieno.

Afortunadamente esta ley no existe en España. Sin embargo, puede que si las gentes del común, los empresarios, los bancos y - sobre todos - los políticos no ponen freno a sus gastos desmesurados, España se convierta en un cadáver, cadáver embargado y sin poderse enterrar por estar en bancarrota.