Opinión
Pedro Sánchez.

Ha llegado el comunismo. Solo falta desfilar. La chaqueta y la corbata desaparecen, se va al Parlamento en camiseta y el pais se llena de controles de estancia en los puestos de trabajo, como si fueran los aeropuertos.

Mientras los gobiernos europeos se preocupan de "la productividad" y el trabajo efectivo, el gobierno de España coloca un cuco en las oficinas y confina a los trabajadores en sus puestos de trabajo. Y el Tribunal de Justicia de la Unión europea de Luxemburgo insiste. Orwell y su rebelión en la granja.

El control de las horas extraordinarias sí, pero no a través de un Gulag, que en España ha implantado Sanchez con un Cuco, lo que no sólo es una medida comunista sino que es matar pulgas a cañonazos. Todo el coñazo de la revolución tecnológica para venir ahora otra vez con el "estar", en lugar de "ser" las empresas las que pongan el acento en el "trabajo efectivo". El Gobierno quiere recaudar y le dice a los trabajadores que si tienen un desayuno de trabajo se encierren en el baño. ¿Era ésto la libertad?

Ha llegado el comunismo. Basta ver la utilización de muertes antiguas y muertes recientes, las colas a los funerales, la bandera de partido en el Congreso de la Nación y un funeral de Estado-partido, tipo Plaza roja, que ha retransmitido incluso el agradecimiento de la familia. O sea, como una esquela grande del ABC pero con repetición de las imágenes en las teles de Sanchez e Iglesias, -con cuya alianza Rubalcaba no estaba en absoluto de acuerdo-, y algo que al difunto, un hombre discreto, no le pegaba.

Ha sido un funeral "de campaña". Un funeral "de partido", que patrimonializa el Estado y las instituciones con independencia de los afectos de sus compañeros y el juicio que nos merezca a cada uno la carrera de Alfredo Perez Rubalcaba como servidor público, con muchos aciertos, entre ellos su colaboración en la sucesión del Jefe del Estado y, como todo político, circunstancias que ya llegará el momento de analizar. La utilización de su muerte por quienes controlan hoy el PSOE y el Cuco de Sanchez es lo que es urgente denunciar.

Mientras tanto, el macroproceso celebró su última sesión antes de volver el día 20. Y, aún con controles, en un país donde tuvo lugar el mayor atentado terrorista de Europa, algunos testigos de la defensa entran en la Sala II de lo Penal del Tribunal Supremo y se sientan a tres metros del Tribunal con una mochila.

Pero déjenme reseñar un episodio memorable del juez Marchena con las generales de la ley y un Testigo de la CUP en camiseta, quien a la pregunta de si era amigo de alguno de los acusados responde:

-Bueno debido a la represión soy amigo de alguno de ellos.

-Y contesta brillante Marchena, o sea que son ustedes "amigos de represión".

A continuación, vinieron los letrados y miembros de la Mesa del Parlamento catalán, "simbiontes" del separatismo, o sea que viven juntos rehenes de sus señoritos, con su lenguaje administrativo-oscurantista para esconder la verdad.

Mientras las empresas buscan por los grandes almacenes el Cuco de Sanchez y confirmamos episodios recientes de comunismo, llega al aeropuerto de Gerona el mantenedor de Puigdemont en Waterloo, "Matamala", qué nombre tan malo para el encubridor/cooperador necesario/ financiador de los viajes "todo incluído" del golpista, a cambio, un suponer, de concesiones administrativas presentes, pasadas o futuras. Justo después de las elecciones del 28 de Abril, "el pirata Matamala" viene por supuesto a continuar el golpe y poner firmes a los antaño partidarios de Puigdemont, no crean que van por libre. Eso, o que Puigdemont se ha quedado sin detergente, una de dos.