Opinión
Pedro Sánchez con Carmen Montón (PSOE). EP

Puede que la ministra de Sanidad, Carmen Montón, tenga razón cuando afirma que hizo lo que le dijeron los responsables del máster de la Universidad Rey Juan Carlos (La bromita sexista de Wyoming con los cutis de Montón y Cifuentes que volverá a quedar impune).

Es posible que se esté magnificando la polémica sobre las concesiones a políticos en este tipo de cursos de posgrado (¡Pufo!: Las notas de la ministra Montón fueron manipuladas tras terminar el master).

Sin embargo, la ministra debe aceptar las reglas que su partido ha impuesto a la opinión pública para valorar este tipo de irregularidades (Arcadi se burla de Montón: "Un máster de esa naturaleza solo sirve para trabajar en El País o para ser ministro").

Una presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, fue puesta en el disparadero de la dimisión y está investigada por un juzgado de instrucción de Madrid (Así era el trato de favor de la directora del máster a la socialista Montón: “Nos vemos por el Congreso”).

Pablo Casado, presidente del PP, espera que la Sala Segunda del TS se pronuncie sobre la relevancia penal de las notas que recibió en cuatro asignaturas de otro máster de la Rey Juan Carlos.

Así, la ministra Montón no puede aspirar a ser la excepción de inmunidad en esta dinámica de responsabilidades políticas e investigaciones penales. Es más, tendría que haber dimitido para no dejar en evidencia a su partido.

La rueda de prensa que ofreció este 10 de septiembre de 2018 apunta en la mala dirección del enrocamiento. Sus explicaciones sonaron contradictorias y se parecían mucho a las mismas que el PSOE criticó cuando fueron hechas por Casado en un asunto menos enturbiado que el de la ministra de Sanidad.

Así que es mejor que Pedro Sánchez tome nota de que otro miembro de su gabinete -el primero fue Màxim Huerta- tiene el techo de cristal y le están cayendo las mismas piedras que los socialistas tiraron contra Cifuentes y Casado. La política no imparte justicia, menos aún cuando depende de la opinión pública, que se mueve más por sentimientos que por juicios objetivos.

A Montón le ha tocado un turno que los socialistas creían que era sólo para los del PP. Lo que tarde Sánchez en hacer lo que tiene que hacer es aumentar la exposición de la ministra a un juicio público que ya tiene perdido.