Opinión
Oriol Junqueras (ERC) y Pedro Sánchez (PSOE). EP

PARA entender lo que pasa en Cataluña es útil detenerse en la noticia que este 13 de abril de 2019 publica ABC sobre la inclusión del libro escrito por Oriol Junqueras («Cuentos desde prisión») como material de lectura recomendada en las escuelas (La independentista TV3 pagó 140.000 euros a la productora de Roures por una trilogía sobre el 'procés').

La intención laudatoria hacia el autor, en este caso un procesado por graves delitos contra el Estado, es evidente toda vez que su selección no tiene que ver con su trayectoria como cuentista infantil (inexistente hasta su condición de preso preventivo) ni en la calidad de los textos (¿A quién quieres engañar, Rufián? El bufón del procés pretende cambiar ahora y que se olviden sus imbecilidades).

Independientemente de los relatos, incluso de su contenido más o menos apolítico, se le selecciona solo por ser cabecilla del movimiento independentista.

Esta iniciativa supone un nuevo jalón en la toma de la escuela por parte de la facción separatista, consciente esta de que la extensión del movimiento se ha fraguado con un control exhaustivo del sistema educativo basado en el ideario nacionalista.

El bombardeo en las aulas a favor de las tesis soberanistas ha sido sistemático a lo largo de décadas y es fruto de uno de los principales errores del Estado: transferir a las comunidades el control casi absoluto sobre lo que estudian nuestros escolares.

Es evidente la dejación de funciones del mecanismo institucional que debía controlar la gestión eficiente y cabal de las autonomías en materia tan esencial y sensible -la Alta Inspección del Estado-, pues su intervención ha sido inversamente proporcional (y tendente al cero) al crecimiento exponencial de estas manipulaciones.

Lo ocurrido el jueves en la Autónoma de Barcelona, con centenares de jóvenes en un piquete violento contra políticos constitucionalistas, habla a gritos de esta situación intolerable y de la toma de la escuela catalana por parte del nacionalismo sectario para intentar sembrar un temprano odio a España. Y esto sí que no es un cuento.