Opinión
Pedro Sánchez (PSOE) en manos de Podemos. EP

PESE a los augurios electorales del CIS, sesgados por Tezanos y tan inverosímiles para la opinión pública como para el propio PSOE, el Gobierno de Sánchez se conjura para aguantar en La Moncloa, al precio que sea y con una incertidumbre que alcanza de lleno a los presupuestos generales (El FMI baja su previsión de PIB en 2018 para la eurozona en general y España en particular).

Presentada este 7 de diciembre de 2018, la nueva oferta contable del Ejecutivo pasa por mantenella y no enmendalla, por darle en enero otra oportunidad a su objetivo del 1,8 por ciento de déficit para 2019 y, en caso de fracasar -como ya sucedió el pasado julio-, dejarlo en el 1,3 por ciento, la cifra que se marcó el Ejecutivo de Rajoy ('Gobierno S.A.': Ni España ni los españoles se merecen a Sánchez y toda esta mierda).

A través del Ministerio de Hacienda y contra el criterio de Bruselas, el Gobierno socialista vuelve a hacer malabares, y no puramente económicos, sino políticos, para apuntalar su permanencia en el poder, marcada por el instinto de supervivencia, sin tener en cuenta el coste que para el conjunto de España tiene su gestión (La ministra Calviño miente sobre su patrimonio y la Agencia Tributaria debe meterle mano ya ).

Cualquier rectificación económica hubiera sido deseable en un Ejecutivo que no dudó en entregar a Podemos la calculadora de los presupuestos del Estado, moneda de cambio de su política de cesiones al separatismo. No hay, sin embargo, nada que enderezar (Metepatas e inepta: así es la atolondrada y propagandista ministra Celaá ).

Tras esta penúltima maniobra se esconden unos presupuestos cuya versión definitiva tendrá que sacrificar buena parte de la inversión pública para mantener el gasto social apalabrado con Podemos y satisfacer a la «gente», a la que este mismo viernes se refirió Isabel Celaá tras el Consejo de Ministros.

En un ciclo de contracción de la economía internacional, cuya duración nadie se atreve a prever, disparar el gasto, recortar inversión y subir los impuestos, única fórmula para la cuadratura del círculo que pretende el Gobierno, representa una irresponsabilidad cuyo único objetivo es prorrogar, con el esfuerzo de todos, presente y futuro, la inestabilidad del Ejecutivo del parche y la cesión.