Opinión
Manuela Carmena. RS

LA alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunció este 10 de septiembre de 2018 de modo oficial que concurrirá a las próximas elecciones municipales para tratar de seguir gobernando la capital (Espinar saca pecho aferrándose al brazo de Carmena y Ana Rosa Quintana se lo parte: "¡No dices lo mismo que dice ella!").

Carmena lo hizo después de haber impuesto a Pablo Iglesias las condiciones de su candidatura, que supondrán la salida de las listas de numerosos concejales de Podemos por su conflictividad, su incompetencia gestora y su manifiesta incapacidad política. Y supondrá también la desaparición de la marca Ahora Madrid, de la que ayer habló en pasado (La podemita Carmena no ve ningún problema en que las calles de Madrid se llenen de manteros ).

Carmena ya no pretende ser identificada como una candidata podemita, sino encarnar un proyecto personalista y ególatra en el que ella decida quién la acompaña y quién no, algo que supone una absoluta desautorización de Iglesias y una merma de la influencia de Podemos.

Iglesias ha cedido, para indignación interna en sectores de su partido, con tal de consolidar la «marca Carmena» y tener opciones de no perder la alcaldía en lugar de respetar el acuerdo entre Podemos e IU, que ya habían acordado concurrir a las urnas en coalición.

Todo eso queda ahora en papel mojado por exigencia de Carmena, que en solo tres años y medio ha sido la peor alcaldesa de Madrid en toda la democracia. Resulta incomprensible cómo el PSOE, un partido con 140 años de historia y candidatos respetados en Madrid, ha cometido el error de subordinarse a la alcaldesa hasta el punto de desaparecer del mapa en la capital.

Probablemente esa torpeza política penalizará a los socialistas en las urnas, que pueden partir como cuartos en las encuestas tras el PP, la agrupación que conforme Carmena, y Ciudadanos.

De hecho, es factible que el PSOE, a la espera de que Sánchez haga público quién liderará su lista, comience en Madrid como segunda opción del votante de izquierda.

Carmena rechazó una oferta de Sánchez para traicionar a Podemos y ser su candidata, pero es una alcaldesa sobredimensionada mediáticamente que ni siquiera ganó las elecciones.

Todo lo que es se lo debe al PSOE. Este partido ha contribuido más que Podemos a que Carmena goce de un buen cartel a pesar de su nefasta gestión al frente de los madrileños.

La actitud autoritaria y excluyente de muchos de sus concejales, las divisiones internas, el sectarismo ideológico que ha demostrado con los madrileños, la conversión de la capital en una escombrera de obras eternas y suciedad, la permisividad con prácticas ilegales como la «okupación» o las mafias de los manteros...

De todo es cómplice el PSOE, que ha incurrido en tantas contradicciones y en tanta ceguera, que ni siquiera ha sabido rectificar a tiempo su papel de acólito para retratar el verdadero rostro de Carmena. Para ella y Pablo Iglesias, la indignación de algunas corrientes de Podemos e IU es irrelevante.

Su objetivo es ganar sin que el PSOE se hunda para seguir convirtiendo a Madrid en un desguace.