Opinión
Pedro Sánchez también plagió un artículo publicado por Javier Noya en el Real Instituto Elcano. EP

El Tesisgate demuestra entrega tras entrega que Pedro Sánchez es el presidente más fake de la historia de España (Ni España ni los españoles se merecen a Pedro Sánchez y este Gobierno de mierda).

Mintió antes, durante y después de elaborar ‘su' tesis. El documento que escribieron entre varios negros y que señalaba como falso autor al actual jefe del Ejecutivo no sólo estaba repleto de faltas de ortografía, multitud de párrafos fusilados e innumerable información mal citada (Cobarde y mentiroso: la hemeroteca demuestra que Pedro Sánchez volvió a mentir cuando afirmó que iría al Senado "si el PP quería").

Además, sirvió para que Sánchez consumara un posible engaño económico que la Justicia ha de investigar a fondo, ya que su comportamiento tras ser nombrado doctor vulnera tanto las normas internas de la universidad como la propia legalidad (Los diez segundos del vivales de Sánchez que dan matarile a su tesis para plantar al Senado ).

Como nos descubre este 10 de octubre de 2018 Carlos Cuesta en OKdiario, el secretario general del PSOE fue miembro de un tribunal de examinadores de otras tesis gracias a ‘su' trabajo fraudulento.

La actividad de cualquier examinador de tesis que se precie debe estar aparejada a una trayectoria investigadora acreditada para, así, poder ofrecer plenas garantías tanto a la credibilidad del propio centro docente como a los doctorandos.

Sin embargo, Sánchez ya ejercía esa labor sólo seis meses después de presentar ‘su' trabajo.

Un lapso de tiempo del todo insuficiente para que su labor fuera creíble. Más, si cabe, después de saber cómo se elaboró la celebérrima tesis.

Por lo tanto, se demuestra que Pedro Sánchez no sólo se sirvió de sus influencias políticas para ser un falso doctor cum laude, sino que asentó su posición en la universidad hasta hacerse imprescindible con una engañifa premeditada.

En aquella época, Pedro Sánchez no pensaba tanto en dar lustre a una carrera política que era una incógnita como en cimentar su carrera de docente. Cimentarla, eso sí, sobre la estructura de una gran mentira.

Algo que define y perfila aún más su nula catadura ética y moral. No debe sorprender a nadie, por tanto, que el presidente del Gobierno más fake de la historia de España falte a su palabra -el 20 de septiembre en Salzburgo aseguró que comparecería si se lo pedía el PP- y se niegue a ir al Senado para explicar el Tesisgate descubierto por este periódico.

El argumento de que quiere "prestigiar las instituciones" no es más que una excusa peregrina. Si de verdad quisiera "prestigiarlas" y no tuviera nada que esconder, comparecería sin miedo.

No obstante, su silencio no es más que la evidencia de que el único argumento que le queda es la huida hacia delante. Ahora sabemos que, además de la falsedad de la propia tesis, Sánchez se sirvió de ella para ganar dinero.

Esta sucesión de hechos debería provocar que, de una vez por todas, diera todas las explicaciones necesarias.