Opinión
Antonio Robles viaja ahora sin Rivera

La crispación es esa vieja dama venenosa a la que recurren los gobiernos del PSOE para intimidar a la oposición cuando hacen o se proponen hacer cosas inconfesables.

La crispación fue ya la última trinchera de los Gobiernos de Felipe González cuando a mediados de los años 90 José María Aznar empezó a tener posibilidades de gobernar y la suma de escándalos de corrupción, crisis económica y sumarios del GAL consumían el proyecto felipista.

También Rodríguez Zapatero la sacó a pasear en los ominosos días de la negociación con la banda terrorista ETA, el pacto del Tinell y el nuevo Estatuto para Cataluña, que finalmente corrigió el Tribunal Constitucional.

Ahora, José Félix Tezanos, un fósil del guerrismo, pagado como Judas con un puesto en la Ejecutiva y el mandarinato del CIS, tras traicionar a Alfonso Guerra en las recientes guerras civiles entre Pedro y Susana, ha vuelto a recurrir a la tóxica dama para combatir las denuncias de la oposición y encubrir los tratos sombríos del Gobierno con el independentismo catalán.

Además lo hace impúdicamente. Hasta seis preguntas dedicó a la crispación por primera vez el barómetro del CIS del mes de octubre, con cuestiones tan subjetivas y orientadas como la que sugiere: "¿Y cree que en estos momentos debería hacerse algo para intentar reducir la crispación política que existe en España?".

La conclusión del cuestionario es la que buscaba el veterano apparatchik: hay mucha (responde el 62% de los encuestados) y los responsables son el PP y su líder (contesta el 27,3%). Y por si alguien no había captado el titular, el propio Tezanos salió a los medios a reiterarlo: "Casado sale en el CIS como una persona muy crispadora".

Pero esto es solo el principio. La supuesta crispación rescatada por Tezanos de los tiempos del dóberman irá a más si Pedro Sánchez se atreve a concretar el esbozo de cesiones y concesiones que pergeña ante el nacionalismo y que pasan por sacar cuando pueda de la cárcel a Oriol Junqueras y al resto del directorio golpista.

Cuando llegue ese día, que llegará, no habrá telediario, debate parlamentario o tertulia "progresista" donde no se hable de la crispación, identificando a Casado y a Albert Rivera con dos extremistas y peligrosos fachas.

Y es posible que llegado ese momento haya crispación de verdad, la que genera ante el electorado del centro derecha -más o menos la mitad del país- que el sanchismo pueda hacer cosas de momento inconfesables para blanquear y perdonar los delitos del independentismo y legitimar moralmente los sucesivos golpes de los meses de septiembre y octubre del año pasado.

Los daños colaterales de una izquierda enemiga de la ilustración que en lugar de dar explicaciones y mostrar datos, convierte en argumento la intimidación al adversario.

Una forma chabacana de ocultar su vergonzosa complicidad con el romanticismo más reaccionario, el nacionalismo. No sólo porque se alía con los enemigos de España como espacio del bien común, sino porque traiciona el fin por el que nació la filosofía socialista, la de construir un mundo menos elitista y sin fronteras.

Para redondear la impostura, Adriana Lastra saca brillo al argumentario secesionista para mostrar el fruto indeseable de la crispación. La postura firme ante los enemigos de España es una "fábrica de independentistas". Quienes alimentan al monstruo, acusan a los demás de multiplicarlo. No sé si la chica se cree lo que dice o es simple obediencia al aparato, pero su candidez y capacidad de mimetizarse con la atmósfera nacionalista dan vergüenza ajena.

Otra izquierda es posible. En eso está dCIDE.