Opinión
La nueva 'temporada española' de Friends, en redes sociales: Montero, Maduro, Iglesias, Sánchez, Anna Gabriel y Otegi. EP

EL Gobierno socialista vuelve sobre una de sus obsesiones con la enésima ofensiva en el sistema educativo (El oculto motivo por el que Pedro Sánchez y su mujer han conseguido un chollazo de hipoteca).

España no ha conocido otras leyes educativas que las del PSOE, lo que significa dos cosas. La primera, que la responsabilidad política de los lastres que frenan el progreso educativo en España es del PSOE, sobre todo allí donde este partido ostenta el poder desde hace décadas, como Andalucía (Manipulación en TVE: Informe Semanal oculta la hemeroteca de Pedro Sánchez diciendo que hubo rebelión en Cataluña).

La segunda, que el PSOE es incapaz de renovar sus propuestas con autocrítica y de asumir que su fijación ideológica con la educación de los niños y los jóvenes es impropia del tiempo en que vivimos (El 'tirador fake’ que dijo que quería matar a Sánchez: "Lo hice para impresionar a la chica de Vox, fruto del alcohol").

Por su parte, los gobiernos del Partido Popular siempre han retrasado sus modelos educativos hasta el final de sus mandatos, con propuestas muy limitadas.

Una moderación que no tienen los socialistas, secundados por grupos del ámbito educativo muy acomodados en la falta de exigencia que anima las reformas socialistas.

El PSOE va a rematar la liquidación de la Lomce aprobada por el PP para reinstaurar un modelo paternalista que no reacciona ante el fracaso escolar y una herramienta ideológica para asentar un modelo hostil al hecho religioso y complaciente con los nacionalismos.

Precisamente, los nacionalistas catalanes han recibido con agrado el propósito del Gobierno de Sánchez de garantizar a las comunidades autónomas el pleno dominio de la educación lingüística.

Empiezan así los indultos del PSOE al separatismo, porque con este refuerzo de la hegemonía nacionalista en el sistema educativo quedan sin efecto las sentencias -ya incumplidas- que reclamaban respeto al bilingüismo.

El Gobierno da la espalda al Pacto por la Educación y apuesta por la vía unilateral para marginar la asignatura de Religión, sin valor académico alguno, reducida a actividad extraescolar, y poner trabas a la educación concertada.

Sánchez abona con esta reforma las políticas depresivas de la formación de los jóvenes españoles, seducidos con las estrategias del «gratis total» que el socialismo implanta en la educación, pero sacrificados luego en sus aspiraciones laborales y profesionales. La juventud española debe reaccionar ante la disyuntiva diabólica que le ofrece la izquierda entre el fracaso y el subsidio.

En el plano político, esta reforma educativa garantiza la perpetuación de una de las causas más graves de la división en Cataluña, el sectarismo de su red educativa y, particularmente, de la enseñanza monopolística del catalán.

La oferta de Sánchez para la convivencia en Cataluña es que los no nacionalistas vuelvan al silencio, mientras el separatismo insaciable se ríe de la puerilidad del presidente del Gobierno al creer que con estas cesiones abandonarán la senda separatista.

Todo lo contrario, perseverarán en ella porque quien debía oponerse no sólo no lo hace, sino que la allana para repetir el ciclo del 1-O.