Opinión
Ciudadanos: Marín con Albert Rivera. EP

DE todas las posibilidades aritméticas que ofrecen los resultados, y tras un análisis cabal de los mensajes que deja lo ocurrido en las elecciones del 2-D, es indudable que los andaluces han apostado por terminar con la hegemonía histórica de la izquierda en la región ofreciendo una mayoría solvente, y sobrada, a las fuerzas del centro-derecha (Pedrojota le pide a Rivera que no pacte con VOX y Losantos se le echa al cuello: "Tú te crees que diriges Ciudadanos").

En la lógica democrática, y entendiendo como necesario un pacto entre los partidos de este grupo para dar cumplimiento a ese mandato de los votantes, la primera opción para formar gobierno en la Junta de Andalucía corresponde al Partido Popular, que entre Ciudadanos y Vox es el que tiene más apoyos y más escaños (¿Sabes cuáles son las 6 condiciones de Abascal para que Vox apoye al PP en Andalucía?).

No sería muy inteligible para su propio electorado que el partido de Albert Rivera ensayara fórmulas alternativas que pasasen por un pacto con la izquierda, como a la desesperada está intentando Susana Díaz tras su estrepitoso fracaso del domingo. No es no, han dicho los andaluces al PSOE de manera clara (Ana Rosa se ceba con un esbirro de Susana Díaz por reclamar "constitucionalismo" al PP y a C´s cuando el PSOE se ha aliado con separatistas de toda condición).

Resulta asimismo inconcebible que la dirigente socialista apoye al candidato de Cs, Juan Marín, toda vez que la operación exigiría la colaboración de la extrema izquierda andaluza, que tampoco está para presumir fortaleza alguna pues ha perdido 300.000 votos respecto a 2015 (Gracias, Atresmedia: la estrategia de laSexta de linchar a VOX acaba con Susana Díaz y deja temblando a Sánchez).

Los tres partidos del centro-derecha están condenados a entenderse, por arduas que sean las negociaciones, pues sería un despropósito no aprovechar la ocasión para dar a los andaluces la oportunidad de salir del marasmo y postergación a los que les han condenado cuarenta años de gestión socialista.

Más allá incluso de la lectura autonómica, y de lo sanísima que suele resultar la alternancia, Rivera debiera tener en cuenta el denso calendario electoral del año próximo y la frustración que supondría entre sus partidarios poner por delante su interés al de los ciudadanos. Las acrobacias sin sentido suelen acabar en costalazo.