Opinión
Censura, represión, silencio, prensa, televisión, propaganda. EP

LOS portavoces del PSOE y de Podemos se presentaron ante los medios de comunicación en la noche electoral con un mensaje coordinado propio de otros tiempos (Ana Rosa se ceba con un esbirro de Susana Díaz por reclamar "constitucionalismo" al PP y a C´s cuando el PSOE se ha aliado con separatistas de toda condición).

Mientras Susana Díaz pedía una alianza de constitucionalistas para frenar el avance de Vox, Pablo Iglesias echó mano de retórica miliciana para convocar a una lucha contra el fascismo (Gracias, Atresmedia: la estrategia de laSexta de linchar a VOX acaba con Susana Díaz y deja temblando a Sánchez).

La desvergüenza es la característica común a estas reacciones, porque proceden de partidos que no han tenido reparo ético alguno en aceptar los votos radicalmente anticonstitucionalistas, como los de Bildu, ERC y demás separatistas catalanes (Vox se cobra el silencio informativo de laSexta dejando al equipo de Ferreras en la calle).

En el caso de Pablo Iglesias, su súbito escrúpulo democrático contrasta con su entusiasmo por la dictadura venezolana de Nicolás Maduro o su infame solidaridad con los matones de Alsasua que agredieron a dos guardias civiles y sus novias mientras tomaban una copa en un bar de esta localidad navarra, por no hablar de su pasión por el Irán de los ayatolas (Hermann Tertsch aplaude el soberano corte de mangas de Abascal a Évole y a los "mamporreros" de laSexta).

Socialistas y populistas no han dudado en dar respaldo a los separatistas catalanes. Los socialistas, criticando continuamente decisiones del Tribunal Supremo (las prisiones provisionales de Junqueras y compañía) y de la Fiscalía (la acusación por rebelión). Podemos, uniendo sus estrategias en Cataluña a los separatistas y aceptando el derecho a la autodeteminación y difamando a la Policía y la Guardia Civil, a jueces y fiscales (laSexta se echa al monte contra todo lo que no es izquierda: Verstrynge llama a Macron "imbécil" y "desequilibrado").

Se llenan la boca de soflamas para frenar a Vox los mismos que pactan con el genuino exponente del neofascismo español, Quim Torra, el presidente de la Generalitat catalana, de quien Sánchez, en un rapto de lucidez, dijo que era «el Le Pen español» (Venezuela: la 'conexión chavista' de Podemos llega por fin al Senado español).

Y es precisamente Le Pen y los que están en su órbita de extrema derecha, como el italiano Salvini, los que apoyan a Torra y a los separatistas catalanes, pero también los que votan con Podemos en el Parlamento Europeo algunas iniciativas contrarias al proyecto europeísta.

La izquierda practica el fariseísmo político, escandalizándose de que otros hagan lo que ella se permite hacer con tal de ganar el poder. Hay un riesgo grave con la retórica guerracivilista que empiezan a utilizar sus portavoces, reincidiendo en el mismo error que ha propiciado el auge de Vox en Andalucía y, con toda seguridad, en España.

Ni PSOE, ni Podemos tienen autoridad moral para reprochar a nadie cualquier pacto con Vox, porque nada superará la indecencia de aceptar pacíficamente los votos proetarras de Bildu o de los golpistas del separatismo catalán, gracias a los cuales Sánchez está en La Moncloa.

El límite a esos pactos es la Constitución, como señaló ayer Pablo Casado, límite que el PSOE rompió con una moción de censura apoyada por golpistas y proetarras.