Opinión
Pedro Sánchez (PSOE) y el avión Falcon. EP

Madia España llevaba meses sosteniendo que la convocatoria de elecciones generales era una emergencia nacional.

Este 13 de febrero de 2019 se convirtió en una obligación moral, incluso jurídica, porque prorrogar artificialmente el mandato de Pedro Sánchez abocaría a España a una parálisis política y a un limbo legislativo imposibles de explicar al ciudadano.

Sánchez llegó al poder por la puerta trasera que le brindó una moción de censura pactada con los odiadores profesionales de España, a los que convirtió en socios.

Y llegó mintiendo a los ciudadanos porque su intención real nunca fue convocar a las urnas, sino negociar de modo opaco e insultante con el separatismo hasta que su propio partido lo ha frenado.

A estas alturas y con los Presupuestos devueltos a La Moncloa, a Sánchez ya ni siquiera le va a resultar posible gobernar a golpe de decreto. Si su tentación fuese permanecer en el cargo a toda costa, someter a España a un bloqueo político en pleno estancamiento de la economía no solo sería irresponsable, sino indecente, por usar el mismo término que él empleó en su día contra Rajoy.

Pocos en el PSOE creen posible que Sánchez opte por atrincherarse en La Moncloa. El propio Gobierno sostiene que anunciará mañana la fecha de disolución de las Cortes y la convocatoria a las urnas. En su propio entorno son conscientes de que no debe seguir más. Y no por falta de voluntad, sino porque sería una afrenta política a los españoles.

Unas hipotéticas elecciones a finales de abril tienen sus pros y sus contras para Sánchez. A favor tiene la descomposición de Podemos, y su estrategia para denunciar que Rivera ha inclinado a Cs hacia la derecha fotografiándose junto a Vox.

En contra, la sensación de que PP, Cs y Vox sumarían una mayoría suficiente para una investidura, sus mentiras sobre Cataluña y la negativa de los barones socialistas a celebrar generales en mayo para no ver contaminadas sus candidaturas en autonomías y ayuntamientos.

Pero hay un factor relevante a tener en cuenta: si hay elecciones en abril o mayo, Sánchez se asegura ser el candidato del PSOE. Si fuesen en otoño, un hipotético trastazo en las autonómicas no le garantizaría seguir siendo secretario general y candidato, porque la convulsión sería absoluta. Sánchez ha demostrado que España le importa poco.

Su irresponsabilidad le está haciendo pasar como el peor presidente de nuestra democracia y como un político sin palabra. Por eso aún no es descartable que, por noqueado que esté, acierte quien crea que se aferrará a La Moncloa y que lo que plantee mañana sea la celebración de una moción de confianza en el Congreso, donde sus socios separatistas y proetarras (entre otros) le den un año más, aun sin Presupuestos, con tal de evitar un futuro Gobierno salido de las urnas sin Sánchez, su gran valedor.