Opinión
Pedro Sánchez (PSOE) y Anraldo Otegi (BILDU). EP

El tema es serio (El PP trolea a Sánchez con una peculiar agencia de 'viajes gratis' a escasos 100 metros de su sede en Ferraz).

El empeño del okupa Sánchez en recuperar la España frentista, la de los bandos, va a encontrar en la campaña electoral su clímax más insoportable, como ya anunció él mismo en su mitin inaugural al advertir del supuesto peligro de "las tres derechas" y de la necesidad de "teñir de rojo" el país (¡Qué 'dEscario'! La directora de comunicación de RTVE recurre a Pepa Bueno para justificar el plante de Sánchez).

Sorprende la facilidad con que el líder socialista descalifica a tres partidos plenamente constitucionales y los incluye en el mismo saco mientras, a la vez, alimenta y pacta sin ningún problema con las dos derechas que, por razones evidentes, más debieran espantar a un auténtico progresista: la del PNV, conservadora, religiosa y localista como pocas. Y la del PdeCat, supremacista, excluyente y tendente a la xenofobia (La cara de luto de 'El Lechero' Fortes y sus amigos de los 'Viernes Negros' ante el desprecio de Sánchez).

Es un ejemplo de cómo a Sánchez le importan menos las ideologías que los eslóganes y, en consecuencia, menos lo que le ocurra a España que lo que le pueda suceder a él: todo vale, por antagónico que sea con la historia de su propio partido o las necesidades de su su país, si le sirve para acceder o mantenerse en el poder.

La manipulación emocional del ciudadano, típica del populismo, supera en Sánchez todos los límites al resucitar un lenguaje guerracivilista que, mientras rescata a los partidos que de verdad dividen a España para transformarles en sus socios, genera de nuevo una división en bandos felizmente superada en la Transición.

Es una sinvergonzonería, indigna de unas siglas capitales en la construcción de la España moderna, que Sánchez entierre el emocionante acto de conciliación que fue la Transición para resucitar el frentismo, las etiquetas y la fractura mientras, a la vez, blanquea y protege a quienes sí están generando grietas en la convivencia cotidiana.

Hablar a estas alturas de "teñir en rojo" nada, de Franco, de la ultraderecha o de la regresión democrática, con lo que ha costado construir un Estado de Derecho europeo y social; denota una falta de ideas y de escrúpulos sin precedentes. Pero también perfila el tipo de dirigente político que Sánchez es: un peligro público, sin paliativos, convencido de que todo vale si le vale a él.