El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Pronto me veo portando un portátil

PRONTO ME VEO PORTANDO UN PORTÁTIL

Dilecta Pilar:

Lo del portátil cada vez me lo planteo más y lo veo más factible. Me resisto, porque me conozco; y estando así, como estoy, por lo menos, no caigo en la tentación. Un día leí esto en “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, y me lo creí a pies juntillas (porque era lo que me sucedía o su anagrama, lo que me seducía): “La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados”. Recuerda que mi madre, Iluminada, la llamaba “tecla” (fusión de la tecla del ordenador y el final de biblioteca). Tengo dinero para comprarme el susodicho portátil, pero, insisto, es mucha la tentación y… mejor como estoy, sin ella (la tentación) y sin él (el portátil, causa u origen de ella), aunque sin poder escribir a diario estaría peor (me temo).

Así es. Creo que, de este modo, mi cordura (o “corblanda”) no cruzará la frontera o linde de la insania o locura.

Pero convendrás conmigo en que ese trabajo es liviano, no pesa como la roca de Sísifo.

Me viene bien escribirte. Siempre que me contestes, tendrás respuesta mía (creo que nunca he faltado a esa norma o cita).

Así aprendemos ambos (hagamos las veces de alumno o profesor). ¿Tú crees que el buen maestro o profesor no aprende de sus alumnos? Yo sostengo que el bueno, el verdaderamente bueno, aprende de ellos tanto o más que ellos de él. Si haces una encuesta o sondeo entre nuestras/os excolegas, te cerciorarás de cuanto te adelanto.

Te agradezco sobremanera el esfuerzo que haces al formularme los pros, que los considero más que sensatos.

Pues uno de los muchos críticos que acarreo, porto o porteo ya ha advertido dos yerros. Así que, cuando termine de urdirte estos renglones torcidos, le cederé el teclado del ordenador para que proceda a subsanarlos.

Tengo en gran aprecio tus perspectivas o sugerencias porque vienen de quien vienen (por seguir con las redundancias).

22 son los días, 22, los que quedan para que este menda vuele a Tenerife, a la isla donde se yergue imponente el Teide. Cogeré el AVE en Tudela por la tarde, haré noche en el aeropuerto Adolfo Suárez/Barajas y tomaré, a primera hora de la mañana (o a la segunda del día 11 de julio, a las siete), asiento en el avión que me trasladará a la mayor de las islas afortunadas.

Vayáis donde hayáis decidido ir de vacaciones, es mi deseo y mi esperanza que estas os sean propicias, benéficas. Yo voy a la mayor de las canarias, única isla que conozco del archipiélago, todos los veranos desde el año 2000. Fui, al principio, a varios hoteles del Puerto de la Cruz, patria chica de Tomás de Iriarte (transito por la calle del susodicho cuando voy y vengo desde el hotel al cíber “Espacio” —la biblioteca pública, que lleva el nombre y el primer apellido del fabulista, está cerrada durante el mes de julio— donde contesto correos y trenzo alguna urdidura o “urdiblanda”); luego fui once años seguidos al mismo hotel, el Catalonia Punta del Rey, de las Caletillas, un barrio de Candelaria, y este es el segundo que acudo, de nuevo, al Trianflor, del Puerto. Allí elimino las toxinas que he ido acumulando a lo largo y a lo ancho del año y recargo las pilas para el siguiente.

A mí me encanta Tenerife (y lo mismo, colijo, debe ocurrirle a mi semejante, tenga o no tenga fe en quien sea o en lo que sea, la propia isla, tal vez, Tenerife). Es distinta (variable, versátil) a cuanto había visto hasta entonces. El norte de la isla no tiene nada que ver con el sur, verbigracia. Hay un pueblo sureño, Masca, desde cuyo mirador o “belvedere” puedes contemplar una panorámica inigualable.

A ver si puedo verla pronto, que son muchas las películas que me has aconsejado.

Te mando (abajo) las dos últimas epístolas que he trenzado con los correos que te he enviado. Por si adviertes algo que debo corregir.

Ídem.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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