El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Era la aclaración innecesaria

ERA LA ACLARACIÓN INNECESARIA

Dilecta Pilar:

En el buen sentido, por supuesto. Era la aclaración innecesaria (pero, ¿quién no ha echado alguna vez mano del pleonasmo?, te y me pregunto, ¿quién?), pues, viniendo de ti, no podía haber ni caber otro sentido que el susodicho, el bueno.

Celebro que te haya gustado la primera versión de mi epístola y, más aún, la definitiva. A mí también me gustó mucho la inicial, pero ahora, si me preguntaran, que no hace falta, por lo obvio de la respuesta, me quedaría con la que verá la luz en mi bitácora, la final.

Supongo que andas enfrascada en (barrunto que ultimando) tu artículo o columna de mañana. Confío, espero y deseo que, si después de desayunar, no hallo un ejemplar del Heraldo de Aragón en la librería/papelería “El Cole”, para poder llevármelo/a a los ojos, lo/a lea por la tarde en tu blog, La lámpara encendida.

Lo hacemos de manera mutua, conocernos, desde hace un montón de años; aunque, asimismo, también nos desconozcamos. Nada nuevo bajo el sol. Lo más normal del mundo entre personas, vaya.

A ambos nos gusta lo que escribimos, porque los dos (si no siempre, casi siempre) intentamos hacerlo desde la sensatez.

Esta mañana he leído tu artículo/columna “Soy testigo” en el Heraldo. Aunque ignoro cuál ha sido tu pretensión, qué fin, objetivo o propósito buscabas con ello, porque no te he escuchado disertar ni he leído sobre ese particular preciso, intuyo qué te espoleó a trenzar sobre el tema y a que viera la luz, que el lector (ella o él) reflexionara sobre el caso concreto de la joven oscense.

He sido testigo de que, a lo largo de mi existencia, he cometido diversos errores de bulto (si hiciera una relación exhaustiva de los mismos, unos dirían que eran muchos y otros opinarían que pocos, según tenga cada quien conciencia y recuerdo de los suyos, supongo). Igualmente, he dado de lleno en el blanco o centro de la diana algunas veces (menos de las que he deseado), o sea, he atinado; que conste también esto en acta.

Me temo que en las líneas que siguen vas a leer más preguntas que respuestas.

Teniendo en cuenta que, en varias ocasiones, he logrado eludir nuevos yerros al recordar las enseñanzas o lecciones que extraje de equivocaciones pretéritas, y como solo se vive una vez, como la vida es el bien más preciado y precioso, te y me interrogo: ¿Se ha de seguir un precepto, ora religioso, ora moral, ora legal, hasta sus últimas consecuencias, aunque este lleve aparejado para el creyente animal de costumbres y abajo firmante su muerte? Vivimos en un Estado de derecho, perfectible, mejorable, sí, pero, ¿el testamento vital que una persona firmó, recién estrenada su mayoridad, fue el resultado de un proceso de maduración verdadero, cuando este supone, de facto, su sentencia de muerte, que es lo más contrario que hay al principio de la vida y al valor de vivir?

Que disfrutes del finde.

Otro (de tu amigo Otramotro).

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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