El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

En la piscina del hotel «Magec»

EN LA PISCINA DEL HOTEL “MAGEC”

“Para quien ama de veras, demasiado es siempre poco. Para quien se sintió de verdad amado, un rato de amor del bueno deviene, cuando uno lo rememora, en otro de e(vi)terna gloria”.

Emilio González, “Metomentodo”.

Para quienes conocimos a “La Negra” (el abajo firmante tuvo la dicha de rozar con sus labios las mejillas de ella, un pibón, escasos meses antes de que cumpliera servidor las treinta primaveras, cuando se la presentaron sus a la sazón compañeros de piso Kamel y Mohamed, tunecinos, a quienes, entre otros conocimientos que calla, les debe lo poco que aprendió y aún recuerda de árabe clásico) in illo tempore, en el olímpico año 92, en Zaragoza, y nos enamoramos (hubiera sido ilógico e/o incongruente no hacerlo) hasta las trancas de ella o quedamos prendados de su belleza natural y del luengo resto o rosario de diversas cualidades o virtudes (simpatía, generosidad, alegría, solidaridad, tolerancia, etc.), acaso no haya habido otra fémina morena que la haya igualado (ergo, mucho menos superado) en venustidad.

Todo lo que he tecleado y cabe leer en el párrafo anterior es verdad inconcusa, pero un hecho apodíctico, acaecido este verano, en el Puerto de la Cruz (Tenerife), vino a ponerlo en cuarentena, entredicho o tela de juicio, porque en la piscina del hotel “Magec”, donde estaba hospedado, qué magia, conocí a Isis, otro “bellezón”, hermosa mujer morena, que parecía un calco o una copia de “La Negra” (a quien di en llamar así porque, aunque me la imaginé varias veces desnuda, siempre la vi vestida con ropas negras), un sosia/s de la doctora Jessica Adams, personaje amable de la serie televisiva “House”, que interpretó a la perfección la actriz Odette Annable.

Ha pasado más de un mes y medio desde que me despedí de ella, pero, a pesar de la distancia y el silencio, enemigos acérrimos de ese sentimiento que cursa con taquicardia, siento que ese no sé qué, que bulle en mi interior; ese qué sé yo, que viaja con la sangre oxigenada por el torrente arterial, por referirme a ello de alguna manera, que sí sé lo que es, amor del bueno, e itero, siento por ella, ha aumentado o crecido acaso demasiado; lo normal, juzgo y sentencio, pues, en cuestiones de amor, demasiado suele ser siempre poco.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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