El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Mosaico que tal vez le satisfaga

MOSAICO QUE TAL VEZ LE SATISFAGA

En la presente crónica (habrá quienes la llamen urdidura, para otros será “urdiblanda”) que se dispone a leer, he decidido que no voy a dar nombres ni apellidos, es decir, no voy a poner ejemplos ni a soltar prenda, porque considero (ignoro si acierto en el blanco o centro de la diana o yerro morrocotudamente) que usted, atento y desocupado lector (hembra o varón), ha leído tanto o incluso más que yo; y barrunto o intuyo que el cúmulo de todas esas lecturas le habrán dejado en la memoria un poso plagado de variopintos (desde lo óptimo hasta lo pésimo) dechados o modelos.

Sé de un celebérrimo arquitecto, de un insigne filósofo, de un ilustre pintor (ella o él),…, catalogados, tanto por entendidos en dichas disciplinas como por profanos en las mismas, genios, que solían comportarse en la intimidad de sus hogares y en la de los demás como auténticos depredadores o libidinosos sexuales (ligeras de cascos o mujeriegos). Habrá quienes mezclen sus excelentes obras artísticas con muestras de sus bajas pasiones o instintos y consigan crear monstruos, afeando sus frutos intelectuales o logros estéticos, o atenuando sus comportamientos abominables, deleznables, con otras personas. Aventuro que no faltarán quienes hagan tales cosas, porque me consta que hay cineastas a los que se les denigra y aun ultraja injustamente al poner en tela de juicio la maestría de varias de sus películas, hayan sido absueltos de (o condenados por) los delitos que se les imputaba por los jueces o tribunales que conocieron de sus respectivos casos.

Ciertamente, el autor de todos esos comportamientos (buenos y malos) es el mismo sujeto, con idénticos nombre y apellidos, pero acaso convendría poner limitaciones o formular reparos, o sea, distinguir ámbitos o terrenos, para no verse una/o en la tesitura de tener que combinar genialidades con tropelías.

A mí, verbigracia, que me he cansado de encomiar a varios escritores como las altas copas de sendos pinos enhiestos que son, no me cabe en la cabeza, no entiendo que no se les concediera el Premio Nobel de Literatura (y más, si comparamos sus obras con las de otros, que sí lo recibieron). Tengo para mí que el escueto cuento con el que uno de los hacedores no mentados corona una de sus obras me ha servido de epítome proverbial para apuntalar la tesis que vengo defendiendo y diseminando en varios de mis textos, de que una/o no es lo que piensa, ni tampoco es lo que dice que ha pensado; una/o es, sin hesitación, cuanto hace; su obra (el conjunto de su trabajo, haya visto la luz o permanezca inédito) es su autorretrato (prosopografía y etopeya), una de las diversas caras o facetas de ese poliedro que es cualquier persona (sin, con uno o varios talentos).

Desconozco si a usted, lector, le gusta resolver rompecabezas, completar puzles. Si le agradan, le aseguro que con las teselas que he ido esparciendo a voleo, a lo largo y lo ancho del presente folio, podrá conformar un mosaico que tal vez le satisfaga.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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