El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Idea nebulosa de Pilar

IDEA NEBULOSA DE PILAR

(FÉMINA A LA QUE AMAR HASTA LA MUERTE)

Todos los que hemos escuchado las confidencias que ha tenido a bien hacernos Ángel, todos los que hemos leído las urdiduras (o “urdiblandas”) de “Otramotro”, tenemos una idea nebulosa de Pilar. Un día, extrañado por tan llamativa ausencia, le pregunté por qué no había hecho aún una prosopografía o retrato físico de su amada gallega. Y él me contestó con una sencilla verdad, en la que no hallé un ápice o pizca de rencor, porque ella había rehusado mandarle una foto.

Sé, porque mi autor o hacedor lo ha repetido varias veces, que ella no celebrará su sexagésimo cumpleaños, porque ya lo festejó. De ello he colegido que, para Ángel, Pilar no era coqueta. También sé que no era una belleza, sino un muestrario de ellas. Él no se fijó en Pilar por su talle (mero detalle) o tipo (eso no quiere decir que ella fuera fea); descubrió las plurales prendas que atesoraba cuando la trató.

Me consta que reparó en ella, sentada en un sillón de mimbre del hall, nada más acceder al vestíbulo del hotel, antes de llegar al mostrador de recepción. En ese concreto e imprevisto momento tuvo una corazonada o pálpito. En un pispás, las suspicacias que suelen brotarle a “Otramotro” con un desconocido, sin haber cruzado una sola palabra con la gallega, se disiparon; y el recelo habitual mudó, mágicamente, en admiración.

¿Qué vio el “verbadebelado” en las pocas horas que compartió con ella para que esta fuera tan importante (imprescindible sería tal vez adjetivo que le cuadrara o encajara mejor) para él? Barrunto que la gallega fue un personaje fundamental, crucial, para el letraherido cuando este advirtió que Pilar le suministraba sin parar razones de peso para que él pudiera (y se pusiera cuanto antes a) escribir sobre ella, o sea, para salvarlo a él como autor.

Puede que me equivoque, pero intuyo que Ángel, aunque no lo haya dicho ni escrito jamás, en Pilar vio a una mujer comprometida con el hombre y con el orbe, determinada a no quedarse de brazos cruzados, valiente, esto es, empática, extravertida y solidaria.

Puede que marre morrocotudamente, pero sospecho que, por todo lo que habrá vivido, Pilar es un repleto pozo o vagón de peripecias vitales andante, una sorprendente, por bien surtida, caja de materiales diversos para trenzar con ellos una biografía completa, auténtica. Enmascararla con hechos falsos solo favorecería una rebaja de sus numerosos esfuerzos por superar la precariedad, que la rodeaba, y sin parangón por sus muchas luchas, con superávit de quehaceres y déficit de placeres.

Aunque Pilar, eso nos refirió Ángel, se motejó varias veces de paticorta, era agraciada por el haz y por el envés, de cara y de nalgas. Lejos de sentirse acomplejada, se mostraba orgullosa de su atractivo natural (le petaba ir levemente maquillada y perfumada), que no tenía nada que ver con el prototipo de venustidad al uso, de belleza convencional.

Los duros años vividos le enseñaron que quien vive siente miedo, pero aprendió que lo mejor que se puede hacer con él, ora sólido, ora líquido, es comérselo de un bocado o bebérselo de un trago, para no verse luego mediatizado por él.

Tengo para mí que Ángel sigue trenzando (y animándonos a nosotros, sus heterónimos, a que hagamos otro tanto) sobre su amada Pilar, porque se siente agradecido y en deuda con ella, porque la gallega le salvó a él de carecer de un personaje femenino sobre el que poder urdir y, asimismo, al que amar apasionadamente hasta la muerte.

   Emilio González, “Metomentodo”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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