Pacos

Paco Sande

Una discriminación a ultranza por el mero hecho de escribir o hablar en castellano.

En mi última entrada en este blog, y en referencia al desaguisado que el nacionalismo más canallesco y vil ha conseguido instaurar en Cataluña, llevándola a un extremismo sin parangón -ver entrada- solo comparable al fanatismo más abyecto de algunas religiones, termino diciendo: Hasta estos extremos han llegado en Cataluña y hasta estos extremos llegaremos en Galicia si dios no lo remedia.
Y digo, si dios no lo remedia, porque lo que es nuestra clase política ni está por la labor ni se le espera.
Los partidos que todavía reflejan un atisbo de esperanza, VOX, UPD o CIUDADANOS no creo que vayan a conseguir, por lo menos de momento, votos suficientes con que poder marcar la diferencia.
Los de podemos, que tampoco creo que lleguen muy lejos, la verdad, van a estar siempre a favor de las fuerzas y tendencias que más daño le puedan hacer a España y a la democracia.
El PSOE, mucho tendría que cambiar para que una de sus preocupaciones fuera la debacle e injusticia que aquellos ciudadanos que hemos tenido “la suerte de nacer en una región con lengua propia” estamos sufriendo.
De momento la sultana de Andalucía se envuelve en la bandera andaluza.
Y en cuanto al PP, je, je, ¡el rey del mambo! Mientras está en campaña promete el oro y el moro. Que la cosa va a cambiar, que los padres podremos elegir la lengua en la educación de nuestros hijos, que los documentos oficiales podremos obtenerlos tanto en la “jerga” regional como en Español de Cervantes, etc, etc. luego llega al poder, cambia el nombre de las escuelas infantiles de “Galescolas” por “A Galiña Azul” y santas pascuas.

Siempre he creído que la difusión de la cultura no tenía fronteras.
Que era universal y no prevalecían lenguas ni banderas.
Esto fue hasta que conocí en carne propia el escarnio que recibe cualquier idea o razonamiento, por parte de esa galleguidad mal entendida, empecinada en discriminar inmerecida y absurdamente cualquier talento literario, o de cualquier otra índole, que no se ajuste a sus ideas.
Una discriminación a ultranza por el mero hecho de escribir o hablar en castellano –español- mientras el Gobierno, de la “Xunta de Galicia”, en este caso el PP del señor Feijoo, mira para otro lado.

En los regímenes dictatoriales o absolutistas, escribe Tocqueville, el despotismo golpea groseramente el cuerpo. Lo encadena, lo tortura, lo suprime con detenciones y torturas, prisiones e Inquisiciones. Con decapitaciones, ahorcamientos, fusilamientos, lapidaciones. Haciendo eso ignora el alma que intacta puede levantarse sobre las carnes martirizadas y transformar a la víctima en héroe.
Por el contrario, en los regímenes inertemente democráticos el despotismo ignora el cuerpo y se ceba con el alma. Porque es al alma a la que quiere suprimir, encadenar, torturar. De hecho no le dice a la víctima: “O piensa como yo o muere”. Le dice: “Elige. Eres libre de pensar o de no pensar como yo. Y si piensas de una forma diferente a la mía, no te castigaré con un auto de fe. No tocaré tu cuerpo, no confiscare tus bienes, no te lesionare tus derechos políticos. Incluso podrás votar.
Pero no podrás ser votado porque yo sostendré que eres un ser impuro, un loco o un delincuente. Te condenaré a la muerte civil.
Más aún, aquellos que piensan como tú también te abandonaran para no sufrir a su vez el mismo castigo.
Más adelante añade: en las democracias inanimadas, en los regímenes inertemente democráticos, se puede decir todo menos la verdad, se puede expresar todo, excepto el pensamiento que denuncia la verdad.

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