Palpito Digital

José Muñoz Clares

Puchi.doc

La milagrosa curación de 900 – ya redondean a mil – heridos por las legiones castellanas en el aciago 1-O se va a quedar en nada ante la metamorfosis actual, desde que una mañana fría en que hasta al Manneken pis se le había helado el chorro, se hizo el milagro de los milagros: el sr. Puchifrites se despertó convertido en un archivo de imagen y sonido de los que circulan por la web. Al contrario que el señor Samsa, que se transformó en insecto y quedó muy molesto por el cambio, nuestro Puchi.doc se sintió aliviado, ligero de biografía y preparado para expandirse por la web sin miedo a que lo detuviera nada que no sea un virus centralista y maligno. Alberga la muy borde intención de chafarle la guitarra al pretencioso Junqueras, que se conforma con ser un gobernante al estilo rey godo, como un Borbón cualquiera. Y eso en plena república virtual donde Puchi.doc se mueve a velocidad gigahércica.

Puchi.doc no ha muerto. Si muriera lo enterrarían en un pendrive, fíjense qué cosa más económica. De muchas gigas para que viva a sus anchas en el más allá virtual. Pero no. Puchi.doc se ha reencarnado en una pila infinita de unos y ceros que, debidamente interpretados y volcados en pantalla de plasma, componen la imagen de lo que parece un ser real a medio camino entre Calimero y un teleñeco, aunque verdaderamente él vive en la nube – es un precursor, el protohombre virtual -, lugar que comparte con el negro de whatsapp: todos lo conocemos, sabemos detalles de su anatomía que no teníamos por qué, pero nadie lo ha visto en persona. Como a Puchi.doc a partir de su bizarra y corajuda fuga desde la que piensa dirigir Cataluña al modo del Gran Hermano que todo lo ve y a todos nos ve.

Tras la metamorfosis es como si hubiera nacido en Bilbao: el caballo es suyo y se baja por donde quiere. Es el puto amo. Y desde su actual encarnación acabará siendo tan familiar como la carta de ajuste y los históricos pitidos de la nave Sputnik. Protagonizará los neocuentos de Calleja, él solo formará la neofamilia telerín, se harán series sobre su neoexistencia. Su memoria, destinada a atravesar los siglos, llegará más lejos que las naves Voyager después de que los suyos convirtieran en viral una columna del Financial Times que les gustó porque hablaba de Ghandi y de Mandela – ambos catalanes como ustedes bien saben -, y se precipitaron a darle al “me gusta” sin haberla entendido del todo: luego venía el cachondeo, que igualmente se hizo viral, y ahora no hay quien lo borre. Como el negro de whatsapp y su cosa portentosa.

El caso es que faltan poco menos de dos semanas para que se forme el parlamento catalán y no sabemos si el uno habrá bajado de la nube – que será que no – y tampoco si el otro habrá salido de prisión tras implorarlo piadosamente, aunque quizás en el sacarlo esté la jugada maestra: obligar a Puchi.doc a que se manifieste en términos mortales para no dejarse arrebatar lo que es suyo. Que se aparezca, que se persone, que surja de la nada y que no sea en forma de píxeles sino en la forma mortal que adoptamos los humanos desde la más tierna infancia. Todos menos el sr. Samsa y su gemelo Puchi.doc, perdidos el uno en la clasificación de Linneo y el segundo, nuestro Puchi.doc, en una especie de mundo Matrix que sólo los suyos entienden y alientan.

Pero Junqueras no ha renegado de los delitos ya cometidos. Si se le da oportunidad volverá, llevado del dogal por la CUP- ¿les suena? -, a implantar la república que dice él que surge del 1-O. Así que opto por mantenerlo en prisión y no dejar que nos haga otra como la que ya nos tiene hecha, que ya sabemos de qué va.

Pero ya veremos qué dicen los Reyes Magos de la toga.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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