Artículo de opinión

Opinión: Nicolás Maduro no puede con el coronavirus

Opinión: Nicolás Maduro no puede con el coronavirus
Nicolás Maduro con mascarilla PD

Otra evidencia de la incompetencia de Nicolás y el socialismo bolivariano.

El gráfico ahora es o puede ser mucho más grave. La salud de nuestros hijos, de nuestras familias está en juego. Estamos perdiendo la libertad. No nos podemos desplazar. No podemos trabajar, en consecuencia la ausencia de ingresos nos presiona.

Es un escenario que trasciende de lo cotidiano a lo anormal.

Necesito creer que el gobierno chavista evalúa con seriedad el problema sanitario.

Para Nicolás esto puede presionar mucho más que las sanciones. Es un bloqueo efectivo y mortal.

Peligroso que el chavismo haga otra evaluación.

Desde que el virus apareció en España y en Italia, Nicolás perdió mucho tiempo.

Mucho más que un simple error. Tendrá el costo de vidas humanas.

Venezuela necesita un Presidente con la autoridad que deviene del respeto popular y de la aceptación de sus palabras sobre la base del conocimiento, de la sapiencia y no como resultado del miedo, del temor.

De hecho, mentir sobre el impacto del virus solo sirve para aumentar las consecuencias del virus.

Maduro prosigue ufanándose sobre el número relativamente bajo de casos diagnosticados. Esa información está corrompida por su incompetencia. No tenemos ni idea de cuántas personas tienen el virus en Venezuela, o cuántas lo tuvieron y se han recuperado, porque ha habido una escasez escandalosa y vergonzosa de pruebas en este país.

Quisiera estar equivocado. En un país donde el número de camas y de recursos para atender pandemias es casi cero, supongan ustedes si de golpe aparecen cincuenta (50) casos.

Llega este virus cuando el aparato económico prácticamente sigue hundido.

El intento constante de culpar y no aceptar responsabilidades es un defecto grave del estilo chavista de gobernar.

Tengo un concepto muy particular de las sanciones en esta circunstancia. Eso sí, nada que ver con exonerar de responsabilidad a Maduro y a todo el liderazgo político.

Es grave que tengamos un Presidente “malo” y más lamentable, la triste oposición, que se muestra completamente desarticulada, incapaz de armar un juego capaz de enfrentar la dictadura. Se ven improvisando. Sin aparataje social.

En el transcurso de esta crisis, hemos visto a un presidente como Guaidó más preocupado por su propia imagen y perspectivas electorales que por la seguridad del pueblo, una María Corina “embistiendo” sin asomar una propuesta para combatir el coronavirus. Plantear que Maduro renuncie es infantil, quizá hasta extemporáneo. Nadie en su sano juicio, renuncia al poder teniéndolo y necesitandolo. El poder se conquista, se arrebata, se gana en batalla.

Insisto en el modelaje. Los presidentes o aspirantes deben liderar con el ejemplo. Deben modelar el comportamiento e inspirar confianza. Me da la impresión que liderazgos como el de María Corina, más lideran un culto y eso no es lo mismo que liderar un país.

Maduro no tiene liderazgo presidencial. El mismo nace del carácter: moralidad, honestidad, coraje, estabilidad, rasgos ajenos a un accidente de Presidente. Maduro es reacio a estos rasgos.

Las dos semanas siguientes son fundamentales. Luego evaluar, para después entrar en otra fase posiblemente menor.

Venezuela saldrá airosa, no por el manejo inepto de Maduro.

El venezolano no olvidará rápidamente las actuaciones de Maduro, de Guaidó y de otros.

El miedo y el pánico lo harán permanecer un largo tiempo en la memoria. Dejarán cicatriz.

Viene una nueva Venezuela, sin Maduro, sin chavismo y sin Guaidó y G4.

Los que creen que Estados Unidos podrá imponer soslayan la situación interna de ese país. Su poder de influencia bajará, como también desaparecerá el poder castrocubano, chino y ruso.

Falta por analizar el comportamiento de los actores cuando los estallidos aparezcan con mucha fuerza.

Explosiones sociales buscaran el reacomodo de los pueblos. Ni los Estados Unidos se salvará y ya es obvio lo que ocurre.

Señores, el mundo no será el mismo después del coronavirus. Empezó a cambiar desde su anuncio. Mutará durante su vigencia y será otro mundo el que nazca después.

Por las buenas o por las malas, la genética política será otra. Desconocemos los costos, las consecuencias y afectaciones aunque ya son observadas a nivel económico.

Unos lloraran. Otros se adaptaran. Como dice el evangelio “los primeros serán postreros y los postreros, primero”.

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