El empresario fue capturado en Cabo Verde y está solicitado por EEUU

Alex Saab: cómo el testaferro de Nicolás Maduro podría destruir la dictadura chavista

Su extradición a Estados Unidos supone un peligro real para el régimen bolivariano

Alex Saab: cómo el testaferro de Nicolás Maduro podría destruir la dictadura chavista
Nicolás Maduro y Alex Saab PD

Alex Saab está a la espera de ser extraditado a los Estados Unidos.

El testaferro del dictador venezolano Nicolás Maduro podrá ser la pieza que destruya al régimen bolivariano.

Cuando fue detenido en Cabo Verde, el 13 de junio pasado, Venezuela reaccionó señalando que Saab es un ciudadano venezolano y un “agente” del Gobierno, que se encontraba “en tránsito” para volver al país.

Quisieron hacerlo pasar por diplomático, pero ¿por qué? La cúpula chavista teme que su declaración ante un tribunal independiente de los Estados Unidos pueda conducir al fin del actual régimen.

Sin embargo, Saab fue trasladado de manera sorpresiva de la cárcel central de Ribeirinha a la isla de Sal, donde fue capturado el 12 de junio. Rápidamente el gobierno de Maduro reaccionó y exigió un encuentro con Saab en prisión. Los nervios crecen.

Sin embargo, cómo puede Saab acabar con el chavismo

Los CLAP

Maduro creó los CLAP en 2016, cuando Venezuela sufría una severa escasez de alimentos básicos y medicinas que mantenía a los ciudadanos formados en las largas filas durante horas frente a los supermercados.

Es en ese momento cuando entra Saab, que aparecía como uno de los dueños de Group Grand Limited (GGL), la empresa que inició la importación de alimentos para los CLAP, de acuerdo con denuncias de la oposición venezolana y de la exfiscal Luisa Ortega Díaz, quien por años fue considerada cercana al chavismo, pero le dio la espalda a Maduro antes de ser destituida de su cargo en 2017.

Saab ya trabajaba con la Administración de Maduro al menos desde 2013, cuando consiguió un contrato de 60 millones de dólares para levantar gimnasios verticales para promover las prácticas deportivas y culturales, la solución que encontró el mandatario venezolano para atajar la alta criminalidad que atravesaba entonces el país.

Testaferro

Fue la propia Ortega Díaz quien acusó en 2017 a Saab de ser un presunto testaferro de Maduro, un ex chofer de autobús que gobierna Venezuela desde 2013.

La exfiscal dijo entonces que los resultados de una investigación que había adelantado cuando dirigía la acción penal en Venezuela hacían presumir que Maduro era propietario de GGL, aunque en los papeles Saab y el también colombiano Álvaro Pulido figuraban como dueños.

Saab siempre negó, a través de sus abogados, ser parte del negocio de la importación de alimentos en Venezuela.

Pero las denuncias de Ortega Díaz encontraron eco en una investigación del Parlamento, que controlaba la oposición, y que apuntó a Saab y a Maduro como socios en la importación de alimentos para los CLAP.

Corrupción

La cifra no está clara, pero solo con la importación de alimentos para los CLAP, las compañías GGL y Asasi Food FZC, ligadas a Saab y Pulido, recibieron contratos por unos 1.500 millones de dólares entre 2016 y 2018, de acuerdo con un informe del Parlamento y una investigación del medio independiente venezolano armando.info.

Pero Saab, según denuncias de la oposición y las investigaciones de varios medios, también tiene intereses en la industria de la construcción y el petróleo, entre otras.

Así, resulta complicado establecer un monto preciso de las ganancias de sus negocios en Venezuela, aunque la oposición estima este número en varios miles de millones.

Los detalles de las negociaciones entre el Estado y los entes privados no suelen hacerse públicos en Venezuela, donde la opacidad sobre los indicadores de la economía y la cosa pública es, con frecuencia, la norma.

Las mafias

Según la oposición venezolana, este programa de alimentos subsidiados ha generado al país una importante pérdida patrimonial, calculada en varios miles de millones de dólares.

El Parlamento venezolano dijo a finales de 2018 que a través de los CLAP las mafias de la importación habían defraudado al país, al menos, 5.000 millones de dólares, gracias a los sobrecostes y los enormes márgenes de ganancias a los alimentos.

Pero, además, el Parlamento aseguró entonces que los alimentos de los CLAP tenían “escaso valor nutritivo” o eran de baja calidad, usando como ejemplo la leche que se reparte en estas cajas de comida.

El diputado Freddy Superlano, que presidía la comisión de contraloría del Legislativo, señaló que la investigación desveló que, en el caso específico de la leche, el aporte es entre 18 y 42 veces inferior al que ofrecen empresas fuera del sistema CLAP.

Un sistema fallido

Maduro ha dicho que el CLAP atiende a unas seis millones de familias venezolanas, que reciben cajas con alimentos cada 15 días.

Así, siempre de acuerdo con el Gobierno, unos 24 millones de personas se benefician del programa, o, lo que es lo mismo, el 80 % de la población venezolana.

Cada caja de comida, como norma general, contiene dos kilos de harina precocida, varios kilos de arroz y de espagueti, granos, leche, azúcar y, en algunos casos, enlatados de atún o sardinas.

Más allá de las denuncias por sobreprecios o mala calidad, estos cerca de 15 kilos de comida representan una ayuda real para muchas familias en medio de la severa crisis que sufre Venezuela, un país donde más de siete millones de personas, entre empleados públicos y pensionistas, perciben ingresos inferiores a los 10 dólares por mes.

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