El legado de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien se despide de la presidencia de México con una aprobación del 70%, plantea una reflexión crucial sobre el impacto de su administración y las promesas de cambio que lo llevaron al poder. Durante su última conferencia de prensa, AMLO se mostró satisfecho, resaltando logros y destacando la importancia del relevo a Claudia Sheinbaum, su aliada política, quien será la primera mujer en ocupar la presidencia.
Es innegable que deja el cargo con una base de seguidores leal y con el reconocimiento de avances en algunas áreas. Entre sus últimos actos como presidente, firmó dos reformas constitucionales significativas: una que reconoce los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos, y otra que pone a la Guardia Nacional bajo el control de la Secretaría de Defensa. Mientras que la primera fue recibida con unanimidad y representa un avance en el reconocimiento de derechos históricamente postergados, la segunda despertó preocupación tanto a nivel nacional como internacional.
La militarización de la seguridad pública ha sido duramente criticada por diversos sectores, que temen que esta medida consolide un control militar que, lejos de resolver la violencia, perpetúe un enfoque punitivo que ha fracasado desde su implementación en 2006.
Durante su gobierno se registraron 200 mil homicidios
Este enfoque de militarización, aunque respaldado por el presidente bajo el argumento de que garantizará mayor disciplina y honestidad en la Guardia Nacional, se enfrenta a la cruda realidad: más de 450,000 homicidios en el país desde que la «guerra contra el narcotráfico» comenzó, de los cuales casi 200,000 ocurrieron durante su mandato.
Estas cifras ponen en entredicho la efectividad de las políticas de seguridad y reflejan que, pese a los intentos de AMLO de distanciarse de las estrategias de gobiernos anteriores, la violencia continúa marcando el día a día de México.
Sin embargo, el presidente no pierde oportunidad para mostrar cifras que favorecen su gestión. Asegura que su gobierno ha generado más empleos que algunas naciones europeas y Estados Unidos, un dato que, aunque significativo, no termina de resolver la desigualdad estructural ni la precariedad laboral que persisten en muchos sectores del país.
AMLO se va «muy contento», pero el balance de su gobierno no es tan simple. Su administración ha estado marcada por una lucha constante entre una narrativa que busca representar el cambio y los desafíos de gobernar un país que enfrenta profundas crisis de seguridad, justicia social y derechos humanos.
La entrega del poder a Claudia Sheinbaum marca el inicio de una nueva etapa, pero queda por ver si las promesas y proyectos del «lopezobradorismo» se consolidarán o enfrentarán los mismos obstáculos que otros intentos de transformación en la historia de México.

