Un giro radical en la política exterior de EE.UU. sacude a la región

Estados Unidos ‘somete’ a América Latina entre amenazas, aranceles y la sombra del Canal de Panamá

Entre el garrote y las promesas, Trump marca territorio en Latinoamérica con su estrategia de presiones y advertencias

Estados Unidos 'somete' a América Latina entre amenazas, aranceles y la sombra del Canal de Panamá

Desde el primer minuto de su nuevo mandato, Donald Trump ha dejado claro que América Latina no se salvará de su polémica manera de hacer política. Con amenazas de aranceles a México y Colombia, insinuaciones sobre la recuperación del Canal de Panamá y un guiño cálido a Nayib Bukele, el presidente estadounidense ha hecho de la región su nuevo tablero de ajedrez.

Si en su primer mandato Trump parecía mostrar indiferencia por el sur del continente, ahora ha cambiado las reglas del juego: amenazas directas, medidas de presión y una visión que recuerda a la Doctrina Monroe. Su mensaje es claro: Latinoamérica es un terreno de disputa donde Washington quiere retomar el control.

Su secretario de Estado, Marco Rubio, eligió la región para su primer viaje, un gesto inédito en más de un siglo. ¿Coincidencia? Difícil de creer. Mientras tanto, Trump sigue su plan con deportaciones masivas, una guerra declarada contra los cárteles de la droga y el frío mensaje a Panamá de que su soberanía sobre el Canal podría tambalearse.

Las advertencias a México y Colombia no se hicieron esperar: aranceles del 25% a sus exportaciones. Pero tras intensas negociaciones, ambos países lograron una tensa tregua con EE.UU., comprometiéndose a reforzar la seguridad fronteriza y aceptar migrantes deportados. La estrategia de Trump es simple: presión y concesiones a cambio de favores políticos.

Por otro lado, la relación con Venezuela sigue siendo una caja de sorpresas. El enviado especial de Trump, Richard Grenell, viajó a Caracas para negociar deportaciones de migrantes y la liberación de presos estadounidenses. Un «regalo» que, según el propio Grenell, Maduro podría usar con fines propagandísticos. Este tipo de movimientos despiertan interrogantes: ¿un Trump menos agresivo con el chavismo o una estrategia de doble filo?

Mientras tanto, Bukele emerge como un aliado clave. En una conversación con Trump, se ofreció a recibir criminales deportados por EE.UU. a cambio de compensaciones económicas. Washington, que ha criticado a su gobierno por violaciones a los derechos humanos, ahora lo elogia como un modelo a seguir.

Ante este escenario, la región se enfrenta a una encrucijada: ceder ante las presiones de Washington o plantarle cara a un Trump que busca redibujar el mapa de poder en el continente. La incertidumbre es total, pero una cosa está clara: Latinoamérica vuelve a estar en el radar de la Casa Blanca, y esta vez, no como simple observadora, sino como pieza clave en un juego geopolítico donde EE.UU. no quiere perder el control.

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