Hoy, 22 de mayo de 2025, Ciudad de México vive sumida en la conmoción tras el brutal asesinato de dos altos funcionarios del gobierno capitalino.
El martes pasado, Ximena Guzmán, secretaria particular de la jefa de Gobierno Clara Brugada, y José Muñoz, asesor cercano, fueron acribillados a plena luz del día en la calzada de Tlalpan, una de las arterias principales de la capital mexicana.
Este ataque, que ha dejado 12 impactos de bala en las víctimas según informó la fiscal general capitalina Bertha Alcalde Luján, ha sacudido los cimientos de la administración local y ha puesto en entredicho la imagen de relativa seguridad que la capital había mantenido frente al resto del país.
El doble homicidio no solo ha generado una profunda consternación en la sociedad mexicana, sino que ha abierto un periodo de incertidumbre para el gobierno de Brugada, quien expresó sentirse «profundamente triste» por el asesinato de sus colaboradores.
La presidenta Claudia Sheinbaum y numerosos responsables políticos han manifestado sus condolencias, en un momento en que la capital mexicana enfrenta un preocupante aumento de la violencia.
Un ataque meticulosamente planeado
Las primeras investigaciones revelan un nivel de sofisticación alarmante en el atentado. Según la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, los responsables son «personas con experiencia» y el ataque contó con «un alto grado de planeación». Un solo individuo, vestido con casco de motociclista y utilizando una pistola corta, fue capaz de descargar 12 disparos contra las víctimas con precisión letal, lo que evidencia un nivel de profesionalidad propio de sicarios experimentados.
Este modus operandi recuerda a otros ataques recientes en la capital, como el intento de asesinato contra la lideresa de comerciantes Diana Sánchez Barrios en octubre pasado, cuando un hombre con el rostro cubierto le disparó por la espalda en pleno centro histórico durante la hora punta. Estos incidentes demuestran que no se requieren operativos complejos para alcanzar a funcionarios de alto nivel, bastando con un solo atacante determinado para generar un impacto devastador.
El fin del espejismo de seguridad
Durante años, Ciudad de México se había presentado como un refugio relativamente seguro frente a la violencia desatada en otros estados del país. Sin embargo, los recientes acontecimientos han hecho añicos esta percepción. Según datos de la organización México Evalúa, la capital registró un alarmante aumento del 153,3% en la «violencia homicida» durante el primer trimestre de 2025 respecto al mismo periodo del año anterior, el segundo mayor incremento a nivel nacional, solo superado por Sinaloa.
Este deterioro de la seguridad coloca a Brugada en una situación similar a la que enfrentó su predecesora, la actual presidenta Sheinbaum, cuando en 2020 sicarios del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) atentaron contra su jefe de policía, Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad federal. En aquella ocasión, el operativo involucró a 28 sicarios armados con un arsenal propio de un ejército profesional, incluyendo fusiles Barrett M82, un lanzagranadas y miles de cartuchos.
La sombra del narco se extiende sobre la capital
El asesinato de los colaboradores de Brugada no es un hecho aislado, sino que se inscribe en una preocupante tendencia de creciente presencia del crimen organizado en la capital mexicana. En julio de 2024, fue asesinado Milton Morales, máximo responsable de las investigaciones del crimen organizado en Ciudad de México y mano derecha de García Harfuch. Aunque el homicidio ocurrió durante sus vacaciones en el Estado de México, las autoridades capitalinas entendieron que ellas eran las destinatarias del mensaje.
La infiltración de los cárteles en la capital representa un desafío mayúsculo para las autoridades mexicanas. El CJNG, liderado por Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho» —por quien la DEA ofrece una recompensa de 15 millones de dólares—, ha demostrado su capacidad para golpear al corazón del poder político mexicano. Mientras tanto, grupos como La Unión Tepito extienden sus tentáculos por el centro histórico, controlando negocios ilícitos y estableciendo vínculos con figuras políticas locales.
Un gobierno bajo asedio
El ataque contra los colaboradores de Brugada marca un punto de inflexión en su administración, apenas iniciada tras las elecciones del año pasado. La jefa de Gobierno capitalino se enfrenta ahora al reto de responder con contundencia a este golpe, en un contexto donde la confianza ciudadana en las instituciones se encuentra severamente erosionada.
Las medidas adoptadas hasta el momento, como la instalación de más cámaras de seguridad y el aumento de efectivos policiales tras el atentado contra Sánchez Barrios, han resultado claramente insuficientes. La ciudadanía exige respuestas y acciones concretas que frenen la espiral de violencia que amenaza con convertir a la capital en un nuevo campo de batalla entre cárteles rivales.
México: ¿un país a merced del narco?
El doble asesinato en Ciudad de México reaviva el debate sobre la capacidad real del Estado mexicano para hacer frente al poder del crimen organizado. A pesar de los esfuerzos de sucesivos gobiernos, los cárteles continúan operando con relativa impunidad en amplias zonas del territorio nacional, desafiando abiertamente a las autoridades.
La estrategia de seguridad de la presidenta Sheinbaum, que ha mantenido en gran medida la política de «abrazos, no balazos» de su predecesor, enfrenta ahora su prueba más difícil. El ataque en la capital, bajo las narices del poder federal, evidencia las limitaciones de un enfoque que ha sido criticado por su aparente ineficacia para contener la violencia.
Mientras tanto, figuras clave del narcotráfico como «El Mencho» siguen prófugas a pesar de los operativos desplegados para su captura. Si bien las autoridades han logrado detener a capos importantes de organizaciones como Los Zetas o el Cártel de Sinaloa, la estructura criminal del país parece regenerarse constantemente, adaptándose a los golpes recibidos y manteniendo su capacidad operativa.
Un futuro incierto
La conmoción por el asesinato de los funcionarios capitalinos se produce en un momento particularmente delicado para México. El país se encuentra atrapado en una espiral de violencia que amenaza con socavar los cimientos de su democracia y su desarrollo económico.
La capacidad de respuesta del gobierno de Brugada y del ejecutivo federal de Sheinbaum ante este desafío determinará en gran medida el rumbo que tomará la seguridad en la capital y en el resto del país. Por el momento, la incertidumbre domina el panorama, mientras los ciudadanos observan con preocupación cómo la violencia, antes confinada principalmente a estados como Sinaloa, Michoacán o Tamaulipas, se instala con fuerza en el corazón político y económico de la nación.
El doble asesinato de los colaboradores de Brugada no solo ha acabado con la vida de dos servidores públicos, sino que ha asestado un golpe devastador a la percepción de seguridad en la capital mexicana. La imagen de Ciudad de México como un oasis de relativa tranquilidad en un país azotado por la violencia ha quedado hecha añicos, dejando tras de sí un panorama sombrío que exige respuestas urgentes y efectivas por parte de las autoridades.
