Venezuela vive días de vértigo político y esperanza contenida tras la aprobación, el jueves, de una ley de amnistía general que promete liberar a buena parte de los presos políticos que han sufrido años de persecución bajo el régimen chavista. La medida, impulsada por la presidenta interina Delcy Rodríguez, llega apenas seis semanas después de la captura de Nicolás Maduro durante una operación militar estadounidense, que puso fin a más de un cuarto de siglo de autoritarismo, colapso económico y represión sistemática.
“Hay que saber pedir perdón y también recibirlo”, declaró Rodríguez desde el Palacio de Miraflores, intentando proyectar una imagen de reconciliación nacional tras décadas de fractura. Sin embargo, la propia letra de la ley deja fuera del perdón a figuras emblemáticas de la lucha democrática venezolana.
Entre ellas destaca María Corina Machado, líder opositora y Premio Nobel de la Paz, quien desde el exilio en Estados Unidos ha prometido regresar a Venezuela “cuando el país vuelva a respirar libertad”. Su exclusión, recogida en el artículo 9 de la norma, refleja las heridas abiertas de un sistema judicial aún condicionado por el legado chavista.
Una sociedad cansada, pero en pie
En las afueras de cárceles y calabozos, familiares de presos políticos han seguido minuto a minuto las votaciones. Algunos llevan más de dos meses acampando, esperando el anuncio que devuelva a sus seres queridos.
“Mientras no los veamos afuera, no dejaremos de luchar”, declaró Petra Vera, cuyo cuñado está detenido en Caracas. Escenas de llanto, oración y abrazos improvisados se repitieron frente al Helicoide, infame símbolo de la represión estatal, que Rodríguez ordenó cerrar de manera definitiva.
Según la ONG Foro Penal, unas 448 personas han sido liberadas condicionalmente desde el 8 de enero, mientras otras 644 continúan tras las rejas, muchas sin juicio ni garantías procesales.
Una amnistía a medias
La ley, aprobada por unanimidad en el Parlamento, pretende abarcar “toda persona procesada o condenada por delitos políticos en los 27 años del chavismo”. No obstante, excluye a quienes hayan sido acusados de colaborar con fuerzas extranjeras o “acciones armadas contra la soberanía”, una definición que el régimen ha usado históricamente para criminalizar cualquier disidencia.
“La persecución ha sido continua; no hay periodos blancos”, advirtió Gonzalo Himiob, director de Foro Penal. Defensores de derechos humanos critican que la amnistía no cubra todos los casos y recuerdan que la represión del chavismo fue sistemática, desde el golpe de 2002 hasta las protestas de 2024, dejando miles de víctimas entre torturados, exiliados y desaparecidos.
El giro en la política venezolana
La amnistía forma parte de una agenda más amplia de transición, que incluye la apertura petrolera, la estabilización económica y la restitución de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde 2019. Washington ya ha declarado estar “acompañando” el proceso de reconstrucción democrática tras la caída de Maduro, y se espera que respalde un nuevo ciclo electoral supervisado internacionalmente antes de 2027.
En paralelo, sectores de la oposición exigen que esta ley sea solo el primer paso hacia una depuración total del aparato chavista, eliminando estructuras de poder que aún controlan el sistema judicial, los medios públicos y parte de las fuerzas armadas.
“El país no puede sanar mientras los cómplices del chavismo sigan impunes”, expresó el diputado de oposición Daniel Heredia, quien llamó a conformar una comisión de verdad y justicia para documentar oficialmente las violaciones de derechos humanos cometidas desde la era de Chávez.
Un país en busca de redención
Aunque la amnistía simboliza una ruptura con el pasado, la reconciliación nacional será un proceso largo y complejo. Venezuela aún carga las cicatrices de un sistema que empobreció al pueblo, desangró su economía y fracturó su tejido social.
Hoy, sin embargo, la esperanza parece volver a tener rostro. Y ese rostro, para muchos venezolanos dentro y fuera del país, ya no es el del chavismo, sino el de una nación que comienza a despertar.

