Carmen Rigalt carga contra los periodistas que siguen llevando escolta

Carmen Rigalt carga contra los periodistas que siguen llevando escolta

Miguel Pato (Periodista Digital)-. En El Mundo, periódico del que Carmen Rigalt cobra y opíparamente, el director Pedrojota, Melchor Miralles y unos cuantos directivos, además de colaboradores de postin como Isabel san Sebastian, llevan guardaespaldas, coches y despachos blindados, pagados por el contribuyente, para protegerse de ETA.Carmen Rigalt, en su columna critica con saña y carga contra los periodistas que siguen llevando escolta: «Mayor Oreja regaló escoltas como quien regala peladillas, pero el tiempo se estira y la costumbre ha hecho costra».

Rigalt sacude las conciencias y vilipendia los miedos de muchos con la columna “Un ángel de traje gris”. Así, en las páginas de El Mundo, la escritora pide la retirada de todos los escoltas tras la tregua de ETA. No sin cierto grado de sarcasmo se refiere a las personas que en épocas para «confiar», todavía lucen protección y coche oficial.

Baste un dato. Unas 1100 personas en Euskadi con escolta (muchas de ellas, periodistas) y sólo unas 30 (menos de un 3%) han pedido que se les retire tras el alto el fuego permanente anunciado por ETA.

“Terroristas de la Pluma”, “perros enemigos” o “vascos traidores” son algunos de los calificativos que la banda terrorista ETA profirió contra los periodistas en las épocas más duras para la profesión en el País Vasco. Ahora tal vez el alto el fuego abra nuevas posibilidades.

Pero lo cierto es que la paz aun no es una realidad, y las escoltas son tristemente necesarias todavía, cuyo coste a las arcas del estado no está en proporción con el servicio a la defensa de la vida que protegen. Isabel San Sebastián, una de las compañeras amenazadas dijo tras la noticia de tregua que sentía alivio.

Este domingo me puedo ir a pasear sin escolta. (A pesar de que) ETA alberga muchas esperanzas de cobrar un precio político por la paz.

“Contra ETA se vivía mejor”

En este terrible contexto, la periodista y escritora Carmen Rigalt carga contra los «regalitos» que Mayor Oreja concedió en su día a algunos compañeros que a aparecían en las listas de ETA. Para ella, las más de 1100 personas con escolta se han acostumbrado a este «privilegio» del que algunos no se quieren desprender.

Da la impresión de que las palabras puestas en ristre en la contraportada de un periódico como El Mundo encierran un halo de envidia. Porque al final, todo se podría resumir en que Rigalt hecha de menos un coche oficial.

Mayor Oreja regaló escoltas como quien regala peladillas, pero el tiempo se estira y la costumbre ha hecho costra.
(…)
Es sufrimiento de contención, como si rezaran por dentro la letanía del todo por la patria y ofrecieran su sacrificio al Altísimo. Recogidos en su lustroso coche oficial, leen el periódico, evitan lanzar miradas al exterior y no se dan por aludidos ni cuando un chaval golpea la ventanilla con los nudillos ofreciendo un paquete de kleenex.

Esta rabieta de la Rigalt, podría encontrar algún tipo de justificación en la filosofía que la periodista imprime a sus textos. Y es que en una ocasión afirmó que «escribo lo que me sale del moño». Algo que no está mal del todo pero cuando de las balas y de las bombas apuntan directamente al corazón de algunas personas sería mejor emplear el tacto antes que el moño.

Así a todo, la columna de la escritora continúa sin pelos ni decoro en la pluma y sentencia que con ETA algunos vivirían mejor.

Escuchando el discurso de algunas personas llego a la conclusión de que contra ETA vivían mejor. Se entiende. Frente a los asesinos resulta más fácil. Al menos de boquilla.

“Mis bizarros compañeros”

Con más ironía que mala leche, de eso no cabe duda, se refiere a los compañeros de la profesión por los que parece sentir cierta envidia. La envidia vuelve a aparecer entre líneas en este artículo. Y es a Carmen Rigalt podría ocurrirle lo que padecen algunas personas que es el síndrome del excluido.

Yo sufro por mí, pero también por mis bizarros compañeros. Qué desgracia, la suya, siempre con la sombra del escolta cosida al cuerpo. Me pongo en su lugar y siento un irreprimible acceso de claustrofobia. Ha de ser durísimo ir siempre con un escolta y un chófer pegados al culo.

No obstante, la escritora se recoge el moño y habla de la esperanza. Un punto que todos los demócratas defienden. La esperanza de ser libres, de regresar a una tierra por largo tiempo peligrosa y comenzar un nuevo capítulo de la existencia sin el miedo pegado a la espalda, el miedo recordado cada segundo cuando miras de reojo y ves a un hombre o a una mujer pagados a ti para protegerte.

Todo lleva a sospechar que dentro de poco la cifra empezará a disminuir. Yo me alegro por todos, especialmente por los compañeros periodistas, que ya no pueden con su alma. Lo mínimo que puedo desearles es que sean tan libres como yo.

“Sumos sacerdotes”

Un nonagenario articulista, al menos eso dice este señor poco conocido pero con afilada pluma, escribe un texto reseñado en le web de Los Genoveses en el que alaba este ejercicio de expresividad sin rubor de Carmen Rigalt.

Luis G. del Cañuelo, bajo el título De escoltas, coches oficiales y periodistas, felicita a la periodista por escribir semejante columna en la contraportada de un periódico, cuyo director se enorgullece de ser perseguido por ETA, siempre según la interpretación de las palabras de este articulista. Quien, además, no duda en recordar que los compañeros en la situación de Pedrojota se creen “sumos sacerdotes o sumas sacerdotisas”.

Algunos y algunas van de víctimas-del-terrorismo por las redacciones, estudios de radio y platós de televisión. Se creen sumos sacerdotes o sumas sacerdotisas a la hora de pontificar sobre Euskadi y sobre el alto el fuego permanente decretado por ETA, que les pone de los nervios. Hace años que pontifican sobre el País Vasco y alardean de estar (o haber estado, llevamos tres años sin muertos) amenazados o amenazadas por la banda terrorista.

Felicito a esta periodista, a la que no conozco y nunca he tenido el placer de saludar. Tiene valor escribir de este modo en el diario de Ramírez, otro que va de perseguido por ETA, según ha argumentado públicamente alguna vez en el contencioso de su famosa ya piscina balear. En fin, Rigalt, que te protejan los dioses de las viejas imprentas.

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