Oriana Fallaci o la voz indomable contra el Islam

Oriana Fallaci o la voz indomable contra el Islam

Miguel Pato (Periodista Digital)-. Nació en Florencia en 1930 y desde entonces se ha ido forjando la periodista, la comunicadora, la luchadora por la libertad. La libertad de expresión, que es una metáfora de la libertad misma. Oriana Fallaci, con su carácter y su vehemencia han demostrado ser fuerte incluso en momentos como el actual: la presión fundamentalista cohíbe a occidente.

Oriana Fallaci no tiene pelos en la lengua y dice en cada momento aquello que lleva dentro. Este miércoles el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación y Humanidades debería de recaer en ella. Contestataria e inconformista es políticamente incorrecta, igual que el eterno Nobel Vargas Llosa. Ése puede ser su gran obstáculo ante el jurado, tal vez más preocupada por la Alianza de Civilizaciones.

Profesional curtida en diversos conflictos bélicos como los de Vietnam o el del Golfo. Durante años estuvo en silencio. Pasa largas temporadas en Nueva York donde lucha tenazmente contra el cáncer que atenaza su vida. El destino, que es caprichoso, quiso que allí, en La Gran Manzana sufriera en primera persona el terrible ataque del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas.

A pesar de estar muriéndose, Oriana Fallaci rompió el silencio y demostró que su pluma no se doblega ante ninguna espada fundamentalista. Poco después de los atentados publicó su ensayo La rabia y el orgullo. Fue acusada de incitar al odio contra los musulmanes. Pero ella se limitó a escribir lo que muchos sentíamos pero no nos atrevimos a publicar por una mezcla de falsa moral y miedo.

Ella no tiene miedo. Alguien que lucha contra la muerte que la consume por dentro, no puede ni quiere tener miedo. Juntando fuerzas de flaqueza, Fallaci se erigió a sí misma como faro en medio de cortinas de humo. En 2003 publica La fuerza de la Razón. Una obra en la que

Critica a la Iglesia Católica de ser demasiado débil ante el mundo musulmán, y a Europa de venderse al Islam «como una prostituta».

Su objetivo no es otro que defender la cultura de occidente, no frente a la cultura musulmana, sino frente al fundamentalismo. En su último libro, Oriana Fallaci se entrevista a sí misma, la periodista analiza el “cáncer moral que devora a Occidente”

Tanto el Occidente como Europa e Italia están más enfermos que yo.

Vendió medio millón de ejemplares en 12 horas.

Nueva situación geopolíca

La relación entre el mundo árabe y occidente ha sido blanco del análisis de Oriana Fallaci quien no dudó en hablar del yihadismo que invade Europa. Así se ha convertido en una de las valedoras del término Eurabia. Con él define una nueva situación geopolítica donde la cultura dominante en el viejo continente ya no será occidental, sino islámica.

El término acuñado por Bat Ye’or, una estudiosa británica de origen egipcio, defiende la teoría de que ya en 1970 Europa empezó a doblegarse ante el mundo árabe, obligada por la tiranía del oro negro.

Fallaci defiende el concepto de Eurabia resumido en la siguiente idea:

Pese al respeto hacia las «religiones del libro» que invocan los musulmanes más tolerantes, no hay duda de que el antisemitismo y el antisionismo configura una parte esencial en el quehacer del nuevo Imperio Islamista; un imperio que, en España, pasará ante todo por la recuperación del «legado andalusí» y aquel en buena medida mítico pasado de las «tres culturas».

Sin pelos en la lengua

Después de los atentados fundamentalistas en Nueva York, Oriana Fallaci rompió su silencio con “La rabia y el orgullo”. Mientras el mundo enteró enmudeció, ella supo decir esta boca es mía.

¿Sabes qué es lo que más me impresiona de este triste millonario, de este fallido playboy que, además de cortejar a las princesas rubias y retozar en los night club (como hacía en Beirut, cuando tenía 20 años), se divierte matando a la gente en nombre de Mahoma y de Alá?
(…)
No entendéis o no queréis entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido construir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hipócrita e, incluso, nada hipócrita.
Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres… ¡Por Jesucristo!
(…)
¿No os dais cuenta de que los Osama bin Laden se creen autorizados a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vino o cerveza, porque no lleváis barba larga, porque vais al teatro y al cine, porque escucháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifalda o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece?

¿No os importa nada de esto, estúpidos? Yo soy atea, gracias a Dios. Pero no tengo intención alguna de dejarme matar por serlo.

El enemigo en casa

Occidente demostró que Eurabia es una realidad peligrosamente cercana hace relativamente poco. A raíz de unas inocentes caricaturas en un medio noruego, los fundamentalistas encontraron otra excusa más para incendiar (literalmente) la cultura europea. En aquel momento pocos salieron en defensa de los valores de libertad que tanto nos ha costado construir. Muchos fueron los que apelando a una cuestionable moral o prudencia rozaron la línea que justificó los ataques.

En España, que tenemos más reciente que otros lo que significa conquistar la libertad de prensa, la actitud fue, en general, la de mirar hacia otro lado. Hasta el irreverente semanario El Jueves, tan dado a ridiculizar a la iglesia católica, se ha curado en salud evitando dibujar a Mahoma.

En Londres se inauguró en aquella época e museo de la Caricatura de Londres. Allí se ríen de Dios pero no de Mahoma.

Blanco de las caricaturas occidentales de aquella fiebre fue Oriana Fallaci. Un artista italiano pinto un cuadro con la cabeza cortada de la periodista chorreando sangre. No cabe duda que forma parte de la libertad de expresión. Pero explícitamente es un favor al fundamentalismo islámico que querría hacer eso con personas como Fallaci. Personas que no se callan ante la derrota de los valores occidentales, frente a las presiones fundamentalistas.

Pero una vez más, tras la afrenta de Giuseppe Veneziano (autor del cuadro), Fallaci demostró la madera de la que está hecha. Con las pocas fuerzas que el quedan de su lucha contra el cáncer, la periodista quiere contestar. Empleará el mismo lenguaje y pronto publicará una caricatura que demostrará que no tiene miedo, que demostrará cómo defender la libertad de expresión. Ejerciéndola.

Por cierto. Aquel cuadro, que forma parte de la exposición “American Beaty” fue vendido por 10.000 euros en una feria de Milán.

En el dibujo, en la que Mahoma aparece rodeado de «sus nueve esposas, incluyendo la niña con la que se casó a los 70 años, sus 16 concubinas y un camello llevando una burka».

Las protestas no se hicieron esperar. Desde su propio país. Hamza Roberto Piccardo, de la Unión de Comunidades y Organizaciones Islámicas de Italia, arengaba que

Fallaci es una persona irresponsable que no se da cuenta del daño que puede causar. Este tipo de comportamiento sólo terminará beneficiando la causa de los extremistas.

Apoyo desde la cultura

Que occidente se doblegó a las exigencias de los fundamentalismos islámicos quedó patente a principios del mes de marzo. Entonces, intelectuales de varios países, encabezados por Salman Rushdie, (amenazado de muerte por el régimen de los ayatolás), firmaron un manifiesto en contra de esta presión ateneza nuestro modo de vida.

Los firmantes han querido dejar claro que la crisis que hoy se vive no es un choque de civilizaciones ni un antagonismo de Occidente y Oriente, “lo que estamos presenciando es una lucha mundial que enfrenta a demócratas y a teócratas”.

En España periodistas, escritores, políticos y analistas han atendido a la llamada de PD para sondear en España opiniones sobre la crisis internacional desatada por el radicalismo teocrático musulmán que desde hace meses amenaza de forma directa el modo de vida occidental.

Estas reacciones y opiniones (más vale tarde que nunca) demuestra que al menos personas combativas como Fallaci no están tan solas.

Políticamente incómodo

Este miércoles, en Asturias, Oriana Fallaci puede recibir el reconocimiento a su valor y su tenacidad. A su trabajo por demostrar que nada ni nadie puede hacerla callar. Y eso es, precisamente, el gran defecto de esta periodista a la hora recibir los laureles de un galardón.

Su postura es incómoda. Sus palabras están medidas pero no sometidas. Y eso es algo que atemoriza a propios y ha extraños.

Ahí está el caso del literato Mario Vargas Llosa. Un eterno Premio Nobel que nunca acaba de fraguar. Por qué. Vargas Llosa no se calla. Dice lo que piensa sin temer a quién pueda ofender. Simplemente es, en ocasiones políticamente incorrecto.

Fallaci es así. Y en España donde se decide si premiarla o no, nos encontramos entre dos fuegos (o juegos) ideológicos. Por un lado tenemos todavía muy visibles las cicatrices del 11 de Marzo de 2004. Cicatrices que tan mal están cicatrizando que el conjunto de la sociedad no se pone de acuerdo en quiénes fueron los culpables.

Y por otro lado, desde el Gobierno se trata de poner en pie la llamada Alianza de Civilizaciones. ¿Es polícamente correcto darle un premio a una persona como Fallaci? ¿Se pagaría un precio político que desde Moncloa podrían no estar dispuestos a pagar?
En cualquier caso, el miércoles podremos responder a alguna de estas preguntas.

Premios

El Príncipe de Asturias de la Comunicación y Humanidades es el segundo de los galardones que se falla en esta XXVI edición de los Premios Príncipe de Asturias, después del de Cooperación Internacional, concedido al matrimonio Gates.

Los humoristas Francisco Ibáñez, Albert Uderzo y Joaquín Salvador Lavado ‘Quino’, el filólogo y semiólogo búlgaro Tzvetan Todorov, la BBC y National Geographic, el cineasta y el naturalista Richard y David Attenborough, el periodista polaco Adam Michnik o el historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze, son algunos de los candidatos que acompañan a Fallaci en esta nominación.

Con este premio se pretende resaltar a la persona, grupo o institución cuya labor creadora o de investigación represente una aportación relevante a la cultura universal en el campo de la comunicación y las humanidades.

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