El método del gratis total

Una vez conseguida la gratuidad de los autobuses y el transporte público en general, lo razonable sería ampliar el principio de gratuidad universal a todos los demás bienes y servicios que tanto esfuerzo les cuesta pagar a los ciudadanos. La vivienda, por ejemplo, que es tanto o más necesaria que el transporte; los alimentos de primera necesidad, los libros, el cine, la tele de pago, el mobiliario del hogar y tantas otras cosas que obligan injustamente a partirse el lomo para poseerlas al noble pueblo trabajador.

Infelizmente, las empresas del transporte, los constructores, los comerciantes y los capitanes de industria en general aducirían quizá torpes razones en contra, tales que la necesidad de invertir en material, pagar a sus trabajadores y amortizar la inversión realizada en sus negocios.

La experiencia sugiere, en fin, que todos los bienes y servicios acaban por pagarse: ya sea individualmente por aquellos que los adquieren, ya a escote entre todos los ciudadanos mediante el abono de impuestos. Ni el político que ofrecía bajar el precio del vino en Betanzos iba a pagar de su bolsillo la regalía, ni el candidato madrileño que ofrece transporte público gratis total hará otra cosa que distribuir entre todos los contribuyentes el coste de un servicio que ahora pagan tan sólo quienes lo usan.
Las leyes de la economía de mercado son implacables, pero no por eso hay que desanimarse. Los más optimistas confiamos en que cualquier gobernante descubra algún día la fórmula del gratis total y nos quite a todos del trabajo y de los madrugones. De momento, en Madrid han conseguido que las promesas salgan gratis. Ya es algo.

Anxel Vence, El método del gratis total, La Opinión – 16 de octubre del 2003

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído