Al Qaeda intentó una masacre echando gas letal en el Metro de Nueva York

La red terrorista Al Qaeda estuvo a punto de liberar gas letal en el metro de Nueva York en 2003, poco antes de la invasión de Irak. Al presentir que el FBI estaba en la pista, la operación fue abortada por el ‘número dos’, Ayman al Zawahiri, un mes y medio antes de la fecha prevista para llevarla a cabo.

Esto es lo que revela el nuevo libro del periodista estadounidense Ron Suskind, premio Pulitzer en 1995.

Los extractos del libro, «The One Percent Doctrine» (‘La Doctrina del 1%’), publicados por la revista ‘Time’ señalan que los servicios secretos de EEUU supieron por primera vez del plan gracias a la información obtenida del ordenador de un ‘yihadista’ de Bahrein capturado en Arabia Saudí a comienzos de ese año.

Con estos datos, la CIA construyó un prototipo del artefacto basándose en el diseño encontrado en el ordenador, que incluía un envase para cianuro de sodio y otro para una fuente estable de hidrógeno, como el ácido clorhídrico.

La rotura del cierre hermético entre ambos compartimentos por control remoto daba lugar a la formación y difusión de una mezcla tóxica similar a la utilizada por los nazis en los campos de exterminio.

Suskind apunta que:

«En el mundo del armamento terrorista, éste era el equivalente a la división del átomo».

«Obtén unos pocos compuestos químicos muy fáciles de conseguir y podrás construirlo con una visita a la ferretería… y después matar a todos los que estén allí».

La agencia mostró el prototipo al presidente George W. Bush, que decidió alertar al Gobierno ante la amenaza que suponía.

Al Qaeda
tenía previsto colocar varios de estos dispositivos en vagones de metro y otros lugares. Sin embargo, cuando el hombre de Osama bin Laden en la Península Arábiga, Yusuf al Ayeri, visitó a Al Zawahiri en enero de 2003 para informarle de los planes, éste ordenó suspenderlos por motivos que Washington parece desconocer.

Al Ayeri murió poco después en un enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad saudíes y militantes de la red terrorista. Una fuente de la CIA citada por Suskind en su libro cuestiona que fuera casual que Riad hubiera acabado justo con la vida de una de las personas que más información podían aportar sobre el proyecto para atentar en suelo estadounidense.

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