Cosas que me dejé en otro país

Progresismo: Simple marketing, no quiere decir nada. Sólo coinciden en algo: en lo que no son. Inoperantes, les costó asumir una imagen hegemónica. Sus dudas internas, su incapacidad para comprender las voluntades populares los hicieron tropezar repetidamente. Son ingenuos. La falta de realismo político los dejó a destiempo. Por un lado, festivales culturales. Por otro, un país parado, desocupado y sin fondos. Falta de proyecto propio los convirtió en víctimas de sus propias denuncias. En síntesis, fueron propuestas demagógicas para ganar las elecciones y no cambiar nada. (“Los progres en crisis”, Noticias 2001, Emilio Fernández Cicco)

Curioso: ¿No es curioso que el mismo número de personas desempleadas que hay en el 2001 sea igual al número de personas que trabaja en sector público: 2 millones?

Posmodernismo: El posmodernismo es no poder soportar esta realidad y saber que imposible cambiarla. Entonces ganar mucho dinero o tomar drogas para hacerla más llevadera. Es el cinismo vestido de fiesta, el sobreviviente de una guerra que anda con los tacos altos y los labios pintados entre los escombros. (Laura Ramos, Noticias, 03/11/1993)

Periodismo: El papel del periodismo es desafiar a la gente, no entretenerla. (Carl Bernstein, Noticias, 10/05/1992)

Radicales: Se sabe que son más vuelteros, menos brutales que los peronistas, pero con los mismos bajos instintos sólo que más acomplejados y culposos que sus hermanos de leche. Máxima justicialista: “Caiga quien caiga, cueste lo que cueste”. Los radicales en su lugar transitan por tortuosos laberintos en los que generalmente se pierden. ¿Qué hace un peronista prototípico frente a una mujer hermosa? Se abalanza sobre ella sin pensarlo dos veces mientras que el resultado puede ser un escándalo o un noviazgo. ¿Qué hace un radical de pura cepa? Forma una comisión para elaborar un anteproyecto que intentará consumar en sucesivas ruedas. Mientras tanto, la chica se casa, envejece y muere. Les encanta pero no se atreven a levantársela. Expertos en tortas mil hojas, los radicales gustan de apilar un nombramiento sobre el anterior. Siempre es mejor perderse en el laberinto acompañado que sólo. (Pablo Sirven, Noticias, 30/06/01)

Radicales II: La economía para ellos es chino básico. Las gestiones presidenciales radicales dan imagen de ser gobierno de abogados o políticos que sólo dedicaron su vida a legislaturas. Esto es un gobierno de quienes preferentemente han vivido cobrando en sus estudios privados, o percibiendo dietas u honorarios de empresas pero solamente acercándose a ellas en la frialdad de los litigios y nunca en sus políticas activas reales de inversión, gestación de negocios o manejo administrativo efectivo. Lo que en lenguaje corriente se denomina “ni saber lo que es pagar una quincena”. (Ambito Financiero – 11-07-00)

Uruguayos: Pocos porteños soportarían vivir en un país que hace gala de su lentitud, su negación a los cambios, su pereza, sus jubilaciones a los 35 años y sus feriados por el Carnaval. Un país donde las mayores empresas o son del Estado o son cooperativas. Un pais donde una oficina de turismo recibe a los visitantes con empleados que preguntan al huesped para qué quiere folletería o mapas y que entre las respuestas preferidas de los nativos figuran: “no sé”, ¿para qué?” o “la Intendencia no lo permite”, u otras respetuosas invocaciones a glorias estatales como la UTE, ANTEL y ANCAP. Si hasta el mísmisimo escritor de izquierda, Mario Benedetti, se ocupó de definir a su país como la “primera oficina pública ascendida a la categoría de Nación”. (Alberto Farina – El Cronista – 11-12-00)

Libre comercio
: Los políticos sólo bendicen la libertad de comercio cuando se mueve en función de sus propios intereses. Los ecnomistas han demostrado que, como son los consumidores los que ganan gracias al intercambio, es mejor que un país reduzca sus barreras comerciales, incluso si los otros gobiernos mantienen las suyas. El libre comercio unilateral produce grandes beneficios económicos, pero conlleva consecuencias políticas desfavorables. La ganancia para los consumidores no se aprecia con claridad en los informes de las negociaciones comerciales, porque se reparte entre millones de personas. En cambio, las pérdidas que ocasiona la apertura del comercio normalmente las sufren un número pequeño de empresas, con unos cuantos miles de accionistas y trabajadores. Estas compañías contratan grupos de presión y dan grandes contribuciones a la campaña de candidatos políticos, según sea la postura del candidato respecto a las barreras comerciales. Por lo tanto, para aprobar la legislación a favor del libre comercio, los políticos tienen que atraer a grupos organizados y poderosos que están a favor. (David Henderson)

Adam Smith: En su Teoría de los sentimientos morales Smith vio que al lado del egoismo natural que nos impulsa a buscar nuestro propio provecho también disponemos de una tendencia que nos lleva a meternos en el corazón del otro y ver las cosas como las está viendo él. A esta facultad inversa al egoísmo, Smith le dio el nombre de simpatía. Etimológicamente, la elección del término no puede ser feliz: pathos, es el sentimiento, la pasión; “sim” es síntesis, estar con. La simpatía nos permite sentir con el otro, como si estuviéramos dentro de él. (Mariano Grondona, La Nación, 13/09/1992)

Estados Unidos: Los EEUU son una democracia republicana porque allí no hay uno solo sino varios poderes. Los votantes americanos obran en consecuencia… La nuestra es una democracia plebiscitaria donde el presidente controla sin ser controlado. Cuando el pueblo deja de votarlo, él y el pueblo sienten que cayeron en desgracia. La democracia plebiscitaria supone la relación privilegiada entre un hombre y el pueblo. Mientras ella subsiste, las demás instituciones palidecen. (Mariano Grondona, La Nación, 10/11/1996)

Instituciones: La palabra institución deriva de una de las fuentes etimológicas más prolíficas de nuestra lengua, la voz india sta que originariamente significa “estar de pie”. De ella proviene la palabra estatua pero también estatuto, sistema, Estado. El Estado es lo que está, la institución es la base de algo, su fundamento, su cimiento. El Estado está cuando posee instituciones, es decir, cimientos. (Mariano Grondona, La Nación, 02/03/1997)

Ausentismo: Entre los empleados de planta permamente del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 36% no va a trabajar, lo que origina un gasto improductivo de 518 millones de pesos anuales, según se desprende de un informe de la Auditoría General de la Ciudad. El sectro educativo es el que más ausentismo injustificado tiene. Del informe se desprende que el gobierno le paga a 32.900 personas que no concurren diaramente a su trabajo. El ausentismo injustificado le cuesta a los porteños 211 millones de pesos anuales. (Ambito Financiero – 14-09-00)

El fracaso de la Tercera Vía: Los progresistas ( y globóficos) destilan el más rancio proteccionismo mercantilista. El sí-pero-no ante el mercado se extiende a través de un renovado intervencionismo: hoy no sería aceptable que el Estado organizara una empresa industrial, pero sí lo es que monte grandes burocracias con el objeto de ordenar las telecomunicaciones, o preservar la competencia, o impedir los accidentes de tránsito, o proteger la ecología, emprendimientos que hacen tan mal como cuando antes dirigía astilleros o siderurgias. Si las burocracias son internacionales, a veces resultan intocables: es curioso como un mismo político, que cuando está cerca nos revela una personalidad mejorable, mendaz o depredadora, cuando se va a París a la Unesco mágicamente se convierte en, como diría el marqués de Mirabeau, un ami des hommes. Y pocos se oponen al brioso caballo de batalla intervencionista del gasto social, que se llama social aunque no es la sociedad el que lo gasta sino sus autoridades. (Carlos Rodríguez Braun – El Cronista – 07-09-00)

Truchos: «En la Argentina hay enormes talleres que truchan desde licores hasta zapatillas; hay laboratorios que plagian específicos medicinales; hay perfumerías que venden suntuosas esencias aromáticas que no fueron destiladas en París, como rezan sus etiquetas, sino ahí nomás, en un galpón arrabalero. A las puertas de Buenos Aires, en un paraje denominado La Salada, sólo una de las ferias consagradas al expendio de mercancía apócrifa, atiende a 20.000 clientes por día, recauda 9 millones de dólares por semana y da trabajo a 6000 personas, según informó el suplemento Comercio Exterior de este diario. ¿Cómo dudar de que el trucherío vernáculo constituye un verdadero exponente de prosperidad industrial y comercial, un rasgo típico de la cultura argentina?» (Norberto Firpo, LN Véase también Félix V. Lonigro y Norberto García Rozada)

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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