Delibes, el periodista de Castilla la Vieja

El fin de semana la información pega un frenazo y a la radio se le ofrece la oportunidad de emitir perlas como la que RNE nos ha regalado este domingo. Miguel Delibes, el escritor en español de la intrahistoria de la segunda mitad del siglo XX. Una joya de la novela y el Periodismo.

«Siluetas«, un programa de documentos en los mediodías del domingo en RNE, ha desempolvado hoy la figura de Miguel Delibes. A parte de caza y libros, han charlado con él del Periodismo de ayer y del de ahora.

Pues tuvo mucho ojo el gerente que le dijo que se quedara en el periódico, eh.

No, no. Lo que pasa es que conocía a mi padre, me conocía a mí, y dijo, bueno, pues daño no nos va a hacer. Puesto que las condiciones eran leoninas, cien pesetas al mes y pases para el cine. Pero claro, para mí que tenía novia los pases para el cine fueron un descubrimiento que no se pagaba en dinero.

Miguel Delibes ha dejado una literatura con pedazos de barro. Desde su Castilla, poblada de jabalís y codornices, nos ha donado para la cultura de todos «La sombra del ciprés es alargada» y «Cinco horas con Mario«, «Mujer de rojo sobre fondo gris» y «Mi idolatrodo hijo Sisí«.

Señor Delibes, fue usted un magnífico director del «Norte de Castilla», pero menudos empleados tenía…

Bueno, yo logré incorporar al Norte gente que no estaba en el Norte, ni tenían carné de periodistas, de manera que fueron colaboradores. Nombres importantes como Umbral, como Manu Leguineche, el cura Martín Descalzo…y todos ellos me ayudaron a crear unas secciones muy cambatibas, tratando de prender la pobre economía castellana.

Tratamos de hacer primero, pues, una espiece de plan, Tierra de Campos, como habían hecho el Plan Badajoz, …nos ayudamos de colaboradores agrarios, aunque no eran precisamente un dichado de escritores, pero sabían de agricultura, que era más importante. Y cuando pareció que todo iba bien, se vino abajo…y entonces ya, para expolearles más al Gobierno, empezamos a hablar de la triste situación de los pueblos de Castilla…Y ahí tuve ya un cisco formidable con Madrid, porque me llamaron el Ministro de Obras Públicas y el Ministro de Agricultura. Le dije crudezas, pues todo lo que se me ocurría…

Cuando me prohibían hablar en el periódico, hablaba en los libros, donde tenía más campo, puesto que la censura del libro era menos rígida que la de los periódicos.Y ahí me lancé y escribí «Las ratas» y «Viejas historias de Castilla la Vieja». Vovieron a llamarme a Madrid, volvieron a amenazarme, y el señor Fraga intervino diciéndome que nombrara el subdirector que yo quisiera entre los redactores del norte. Elegí a un amigo mío de mi edad, que era buen periodista pero no era muy agresivo, y se lo dije a Fraga. Entonces Fraga llamó a este individuo y le dijo: Usted es más director que el director. Si Delibes se desmanda, usted se va a casa. Es decir, que no se iba a casa Delibes, sino su amigo. Era un chantaje. Tan evidente, que yo puse una nota en el periódico diciendo que por causas ajenas a mi voluntad me marchaba y dejaba la dirección del Norte de Castilla.

En 1979 Delibes consigue un sillón en la RAE. Su discurso de ingreso se publicó bajo el título «Un mundo que agoniza«. La labor del escritor por la cultura del pueblo ha sido ingente.

Habrá que decir algo, don Miguel, de sus suplementos culturales y de uno muy especial llamado el Caballo de Troya…

Aquello fue un caballo de troya de verdad. Había dos colaboradores, los más interesentas desde el punto de vista del lector y los menos interesantes en el plano intelectual, porque era un hombre muy formado. Era César Alonso de los Rios. Muy interesante también porque tenía fortuna por su casa y no le importaba mucho también…Pérez Pellón.

Pronto le vendría lo que cualquiera habría considera un premio profesional, una oferta inigualable: lo de ser director in pectore de un periódico que se iba a llamar el diario El País.

Sí. Eso fue una cosa que valió para acalmar mis ánimos…Y es que se se presentaron aquí por separado Marías y Ortega, el hijo de Ortega,…y me ofrecieron el oro y el moro. Pero yo no estaba por la idea. La muerte de mi mujer, además, me había asustado. Me daba miedo marcharme a un sitio desconocido para empezar sin mis hijos y meterme en Madrid…Finalmente dije que no.

Le dió a usted miedo irse a Madrid.

Por lo menos desconfianza. Yo no sabía que redacción me iba a encontrar aquí. No sabía que ambiente me iba a encontrar aquí. No sabía si mi sentido de la moral iba a coincidir con el que había tenido, éste, el primer director que tuvo, Cebrián…

Déjame que le pregunte por el nuevo periodismo, por la televisión, por ese televisor que ha sustituido a la figura del abuelo.

El rey de los pueblos era el abuelo. Y los abuelos contaban un encuentro con el jabalí una mañana de invierno en tal monte, o la nube de perdices que hubo un año en el pueblo…Pero aparecer y retirarse el abuelo por el foro fue todo uno.

RNE nos ha puesto en la oreja las reflexiones y recuerdos de este viejo sabio, directamente en su voz entrañable. El abuelo de la literatura española tiene ya su sitio en las estanterías gloriosas de las bibliotecas de España. De la mía yo elijo para esta tarde «Cinco horas con Mario«.

Por cierto, ¿alguien quiere una tele?

TIENDAS

TODO DE TU TIENDA FAVORITA

Encuentra las mejores ofertas de tu tienda online favorita

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído